jueves 23/9/21

Sánchez nos va a dejar un país destrozado, si hace falta me achicharraré para salvarlo

Pablo Casado ayer, en el congreso del PP gallego. XOÁN REY
Pablo Casado ayer, en el congreso del PP gallego. XOÁN REY

Esta entrevista es la mejor metáfora de la velocidad de vértigo a la que transita la política española. Todo se caduca en un suspiro. El primer encuentro para esta entrevista se produce el jueves, día 8, en El Escorial. Allí, Pablo Casado (Palencia, 1981) se ha rodeado de una guardia pretoriana de exministros, exsecretarios de Estado e independientes de prestigio para diseñar su gobierno en la sombra. «Sánchez nos va a dejar un país absolutamente destrozado. No es una cuestión de recuperar el poder, sino de achicharrarnos para salvar España». 48 horas después, el presidente del Gobierno rompe la baraja y lleva a todo su núcleo duro a la sección de esquelas del periódico. Sánchez vuelve a emular a Sánchez, descoloca a todos y bendice una nueva legislatura. Poco duró la alegría.

Que si la crisis de Cuba, que si el varapalo del Tribunal Constitucional por el estado de alarma... La España política es un polvorín. La conversación se reanuda el viernes a última hora. Mejor apurar, por si acaso.

—Ha criticado duramente al Gobierno tras el varapalo del Tribunal Constitucional por el estado de alarma, pero el PP avaló las tres primeras prórrogas.

—Ya en el primer debate dije que el estado de alarma que propusieron desbordaba el marco constitucional porque era un estado de excepción encubierto. Fui muy criticado y resulta que también lo advirtió Carmen Calvo. Actuamos por responsabilidad y siempre exigimos una ley antipandemias que evitase este caos jurídico.

—La imagen de la justicia está muy tocada. ¿Por qué el PP no se sienta con el PSOE para desbloquear la renovación del Poder Judicial y zanjar estos debates?

—Mañana mismo lo hago. Mi condición sigue siendo la misma que hace tres años: reforzar su independencia. El responsable del bloqueo es Sánchez. Sin duda. Pero es que la Comisión Europea ya ha dicho que tenemos razón y que al menos la mitad de los vocales del Consejo deben ser elegidos por los jueces. El PP no bloquea, el PP está encantado en renovarlo mañana mismo, siempre siguiendo lo que marca la Constitución y la UE.

—¿Pero no le preocupa el desprestigio que está sufriendo la justicia por la clase política, como denuncian las asociaciones?

—No, no, no. Eso es muy injusto. La clase política, no. No todos somos iguales. Que miren a Moncloa. No quiero tener nada que ver con el Consejo del Poder Judicial. Se lo dije a Sánchez. Renunciaba incluso a hablar del nombre que presidiera el Consejo. Que se encierren los veinte vocales, como en un Concilio Vaticano, y que de ahí salga un nombre.

—¿Qué cambia con la llegada de Pilar Llop al Ministerio de Justicia tras la salida de Campo?

—Pues no lo sé, porque los ministros de Justicia le duran menos a Sánchez que sus cumbres con Biden. ¿Aquí quién manda? Sánchez. ¿Y qué quiere hacer con la justicia? Ponerla a su servicio, como hace con todo. Y no lo vamos a tolerar. ¡Basta ya de arrasar con todas las instituciones del Estado! Los partidos no podemos politizar todo. No puede ser que haya ministros que se metan a diario con el Banco de España, la Casa Real, el Tribunal de Cuentas... Ya está bien. Este es un país serio y durante cuarenta años siempre se había hecho todo por consenso. Estoy muy preocupado.

—Sánchez ha vuelto a sorprender con la crisis de gobierno recuperando la iniciativa política. ¿Le ha descolocado?

—A mí no. Lo que descolocó fue la cabeza a siete amigos. Es una persona sin límites ni principios. En lo humano, me dio pena cómo tiró por la ventana a sus más estrechos colaboradores con un desprecio que no merece nadie. Creo que en política hay que ser, sobre todo, buena persona y se ha demostrado que Sánchez no lo es.

—En lo político, el giro es más que evidente. Empieza otro partido.

—Se ha dicho que es un giro a la moderación. Falso, porque tienen a cinco ministros de Podemos que defienden a Cuba y hasta la ‘moderada’ Calviño no se atreve a llamarla dictadura. Y segundo mantra. Es una vuelta al PSOE clásico. Falso. El PSOE clásico echó a Sánchez de secretario general para que no hiciera un pacto Frankenstein y ahora mete en el acuerdo a esa gente haciéndoles ministros. ¿Qué broma es ésta? El PSOE clásico no pactaba con ERC ni con Bildu, sino que iba a los funerales de los 14 concejales socialistas asesinados por los amigos de Bildu. Este Gobierno sigue siendo el más radical de Europa.

—Menciona Cuba. Desde la oposición siempre es sencillo hablar, pero si usted es presidente, ¿diría en público que es una dictadura teniendo en cuenta los intereses empresariales de firmas españolas que operan en la isla?

—Cuba es una dictadura y al empresario que no le guste, que se busque otro destino. No se puede estar al margen de un drama así. A los ministros progres de Podemos y del PSOE, a esos de la izquierda caviar que tanto les gusta Cuba, les recomiendo que se vayan a vivir allí. No van a tener problemas con la carne, porque no tienen para comer. Bueno, menos los castristas, que son millonarios.

—¿Y Marruecos lo es?

—Marruecos es una monarquía, un país estratégico para España. Desde un posicionamiento pragmático, hay que tener buenas relaciones en política antiterrorista, migratoria o para combatir el narcotráfico. Pragmatismo sí, pero con firmeza en el respeto a nuestras fronteras.

—Más cambios. Sánchez relegó a Miquel Iceta, quien no ocultó su malestar. ¿Cree que el presidente se arrepiente de los indultos tras sufrir la reacción hostil de la mayoría de los agraciados?

—Los indultos no son el pago para lo que queda de legislatura, sino que fueron el pago que todavía no había podido cobrarse a cambio de la investidura. Lo que se está negociando es el referéndum para terminar la legislatura. De ahí el desdén de los presos golpistas.

—¿Lo habrá? Sánchez ha dicho que «nunca jamás» lo aceptará.

—No tengo la menor duda. Pedro Sánchez ha activado un ‘procés II’ cuando el independentismo ya estaba derrotado por el Estado.

—¿Cataluña ha roto de forma definitiva todos los puentes entre usted y Pedro Sánchez?

—Los ha roto desde su propia investidura. Antes tenía a Iglesias y podía decir que actuaba así porque se lo exigían, pero con su marcha ha quedado desnudo. Hemos estado dos años ofreciéndole pactos de Estado y hace lo que hace porque le da la gana. Y lo hace porque es un radical.

—Es lo mismo que le achacan a usted, que se ha radicalizado siguiendo la estela de Ayuso.

—La gente se lía un poco con esto de los giros. A ver si es que el que ha girado es el de enfrente. El único cambio de los últimos meses es que Sánchez ha virado al independentismo en contra de su palabra y de su espacio electoral. El PP sigue en el centro.

—Pese a tanta polarización política, ¿las elecciones se siguen ganando en el centro?

—Por eso estamos ganando en las encuestas. No hay secretos. En Madrid, de 35 escaños que ganó el PP, 26 fueron de Cs y 9 del PSOE. La gente quiere soluciones. Cuando defiendes la unidad nacional, la libertad educativa, la calidad sanitaria, pensiones sostenibles, empleo y seguridad en las calles y frente a la okupación, ¿eso es de izquierdas o de derechas? Es de sentido común.

—Pero se ha blindado una holgada mayoría en el Congreso que se ha conjurado para evitar que usted llegue al poder.

—Es un Gobierno inestable, fracturado internamente entre el PSOE y Podemos, con los socios también enfrentados entre ellos: Junts con ERC, el PNV con Bildu... Veremos cómo encaja este puzle. La legislatura está en vía muerta. Le pongo un símil. Es un avión que tiene una avería en un motor. ¿Se va a estrellar? Esperemos que no. Yo mismo haré que no se estrelle porque antes que mi partido está España. Pero lo que está claro es que con un motor averiado debes volver al aeropuerto.

—Vox y Ciudadanos insisten en exigirle que presente una moción de censura en otoño. ¿Lo hará?

—Decía Ortega que los esfuerzos inútiles conducen a la melancolía. Para sumar 176 escaños, necesitaríamos el apoyo de los independentistas o de Bildu, y evidentemente jamás lo aceptaré.

—Hace una semana, en Moncloa, Isabel Díaz Ayuso se erigió en contrapoder del presidente Pedro Sánchez. ¿No le incomoda a usted tanto protagonismo?

—Todo lo contrario. Para mí es un honor que Ayuso, Almeida, Moreno, Mañueco o Feijóo sean un contrapoder a Sánchez.

—Siguen los paseíllos de Bárcenas, Cospedal... ¿Teme que los procesos judiciales en los que está inmerso el PP lastren esta tendencia positiva?

—Para nada. Están absolutamente amortizados. Hace medio año que dije que no iba a hablar de casos del pasado en los que no tiene nada que ver esta dirección. Lo único que puedo decir es que en España la justicia funciona.

Sánchez nos va a dejar un país destrozado, si hace falta me achicharraré para salvarlo
Comentarios