domingo 20/6/21

Sánchez pone a prueba su liderazgo interno en Andalucía tras la debacle contra Ayuso

La dirección del PSOE asume el riesgo de enfrentarse de nuevo a Susana Díaz convencida de que ha perdido su tirón
Los presidentes de Francia y España, Enmanuel Macron y Pedro Sánchez, ayer, en la cumbre europea de Oporto. LUIS VIEIRA

No es, pese a lo que pueda parecer, una batalla a la que Pedro Sánchez se entregue con alegría. El presidente del Gobierno dio el miércoles, tras la debacle del PSOE en Madrid, su visto bueno para que la ejecutiva federal adelantase ‘manu militari’ la celebración de las primarias en Andalucía. Pero tomar la decisión de ir de nuevo a la ‘guerra’ contra Susana Díaz le ha llevado meses, años incluso, de resistirse a las presiones de dirigentes que, en su día, estuvieron dispuestos a arriesgarlo todo para que él fuera secretario general.

Su resurgir de las cenizas, tras haber sido empujado a dimitir en 2016, y su épico triunfo sobre la expresidenta andaluza y el ‘establishment’ socialista, luego plasmado en el libro ‘Manual de resistencia’, han ayudado a construir el mito del ‘Pedro sin miedo’. Y, aunque pueda tener algo de cierto, tras alcanzar una paz orgánica prácticamente absoluta y doblegar a la que fuera su rival interna (y su china en el zapato) durante más de tres años, al jefe del Ejecutivo le costaba ver la necesidad de embarcarse en otra lucha.

En su entorno más próximo aseguran que hasta que no le pusieron delante las encuestas que apuntaban a un dramático declive electoral de Díaz, en torno a noviembre, Sánchez no accedió a ponerse a la cabeza de la ofensiva que, de manera recurrente, venían reclamando algunos ‘sanchistas’ de primera hora y no pocos conversos ‘antisusanistas’ y que a lo más a lo que se mostraba dispuesto era a dejar hacer por su cuenta a críticos como el vicepresidente del Congreso, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis.

Es cierto, aun así, que antes intentó en más de una ocasión que la secretaria general del PSOE-A se hiciera a un lado de manera amigable y en 2019 trascendió que había llegado a ofrecerle la Presidencia del Senado. A mediados del pasado mes de enero, ya con la decisión de forzar su relevo tomada, el secretario de Organización, José Luis Ábalos, se desplazó a Sevilla y se citó con ella con la excusa de discutir, él en su calidad de ministro de Transportes y ella en la de líder de la oposición andaluza, sobre el estado de las infraestructuras.

Nadie dudó entonces de que la cita tenía otro propósito y la propia Díaz terminó de confirmarlo cuando, un día después, compareció ante la prensa para advertir de que nunca daría un paso atrás. «Los compañeros que se manifiestan —dijo en alusión a sus enemigos internos— que digan quién va ser su candidato o candidata y, cuando llegue el congreso, los militantes decidirán en libertad».

Viejo y nuevo ‘antisusanismo’

En aquel momento, Ferraz no terminaba de vislumbrar una alternativa clara capaz de aglutinar a un conjunto muy heterogéneo de eternos opositores a la ‘baronesa’ del sur, nuevos desafectos o simples descreídos. Finalmente, optó por el alcalde de Sevilla, Juan Espadas. Aunque inicialmente existían dudas sobre su capacidad de arrastre en el resto de provincias, ahora en la dirección federal aseguran que las expectativas de victoria son sólidas. Y los ‘antisusanistas’ pata negra se muestran rotundos. «Ganamos por mucho».

Con todo no falta quien admite, con cautela, que «siempre que se abren las urnas hay un riesgo», pero las mismas fuentes insisten en que plantear esta batalla era necesario porque Susana Díaz está «más que amortizada» y sus opciones de volver a ser presidenta son «nulas». Con un Juanma Moreno muy consolidado como presidente de la Junta, las posibilidades de Espadas tampoco parecen ‘a priori’ elevadas.

Aun así, en Ferraz alegan que están en la obligación de intentar ofrecer algo nuevo y que el momento era ahora, antes de que el presidente andaluz convoque elecciones si no ya, a la vuelta del verano.

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