lunes. 08.08.2022

Sánchez se rearma con un discurso social para hacer frente a un otoño de sacrificios

Cierra el curso con un plan de ahorro energético y opone «la empatía»de su Gobierno al «catastrofismo» del PP
                      Pedro Sánchez, ayer en La Moncloa, antes de su rueda de prensa. CHEMA MOYA
Pedro Sánchez, ayer en La Moncloa, antes de su rueda de prensa. CHEMA MOYA

Pedro Sánchez se desayunó este viernes con un dato inquietante, aunque no imprevisto. Cuando preparaba su habitual balance de fin de curso en la Moncloa, el presidente del Gobierno ya sabía que su intervención vendría precedida de la cifra preliminar del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre la inflación del mes de julio: ni más ni menos que un 10,8%. Y preparó un discurso ‘ad hoc’. «Nadie me va a escuchar poner paños calientes a la situación. Nunca lo he hecho. No voy a ponerme de perfil y tampoco voy a esperar sentado a que los problemas se resuelvan todos. Es así como entiendo la política y el servicio público: gobernar con diálogo, empatía y sensibilidad social», se reivindicó.

Ese párrafo de su alocución constituye un buen resumen de la estrategia con la que el jefe del Ejecutivo pretende afrontar la recta final antes de un nuevo año electoral, 2023, con comicios autonómicos, municipales y generales. En la Moncloa saben que la cuesta se presenta empinada. El alza continuada de los precios es una trituradora capaz de hacer palidecer otros datos positivos a los que se vienen aferrando, como el crecimiento económico o la disminución de la tasa del paro que, asumen ya, se ralentizará. Y, ante ese escenario, han decidido jugar la que consideran su mejor (o única) baza: la transmisión de que hay alguien a los mandos que, además, está dispuesto a hacer un reparto «justo» de los costes de esta crisis.

Plantar cara a los poderosos

Sánchez lleva ya un mes ensayando ese discurso, desde que tanto el PSOE como Unidas Podemos recibieron un serio aldabonazo en las urnas de Andalucía. Fue el fin de semana siguiente, al aprobar el segundo decreto anticrisis, el que estrenó el mensaje de que el suyo es un Gobierno que planta cara a «los poderosos» para defender a «las mayorías sociales»; un movimiento similar al que realizó en 2017, cuando, convertido en ángel caído, dio un volantazo a la izquierda para recuperar la secretaría general del PSOE cabalgando sobre la furia de los ‘desharrapados’ contra el ‘establishment’ de los barones y la vieja guardia.

Ahora, el presidente ha decidido señalar a las energéticas y las entidades bancarias, seguro de su mala prensa, como chivos expiatorios de los sacrificios que los españoles habrán de asumir. «Siempre he defendido que las dificultades de la mayoría no pueden ser las alegrías de una minoría; arrimar el hombro no es un eslogan, es una obligación, particularmente para aquellas empresas que se están beneficiando de esta situación económica», dijo ayer para justificar los gravámenes de nueva creación que se les va a aplicar. Y se valió de este marco para encuadrar uno de los pocos anuncios impopulares que se ha permitido en las últimas semanas.

Hasta el momento, el Gobierno ha tirado de chequera para intentar paliar la espiral inflacionista, agravada por la guerra en Ucrania, sobre los hogares y la industria.

Ya van 30.000 millones de euros comprometidos en esa empresa entre ayudas directas, rebajas de impuestos y créditos. «El doble de lo hecho por economías más directamente afectadas por el alza de los precios de la energía como consecuencia de su dependencia del gas ruso, como Alemania», presumió el jefe del Ejecutivo). Ayer, sin embargo, Sánchez anunció medidas de ahorro energético, con menos predicamento social.

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