miércoles 25/11/20

El tablero después del divorcio

En el tablero que queda después de la fallida moción de censura de Vox, los peones han movido algunas piezas. Lo ha hecho de entrada Pablo Casado, convertido en el gran protagonista del debate por su ruptura abierta y explícita con la ultraderecha. Un realineamiento que abre una guerra civil en el seno de la derecha, pero que vuelve a situar al PP en la órbita de la responsabilidad como partido de Estado con vocación de alternativa, que lo conecta de nuevo con la tradición democristiana europea, la misma que fundó el proyecto de la Unión en colaboración con los socialdemócratas. Al marcar distancias así, los liberales y conservadores españoles afianzan la autonomía de su proyecto político frente a la deriva populista y estrafalaria que representa Vox.

Casado sale reforzado en su flanco de centro y recupera una notable complicidad con determinados ámbitos de la cúpula empresarial, que reclamaban hace tiempo un giro más posibilista del PP a la hora de buscar determinados entendimientos de Estado. La reorientación del centroderecha hacia las aguas templadas del proyecto de Angela Merkel, frente al discurso estridente y extremo de Donald Trump, representa una clarificación que satisface a la corriente del PP más moderada y periférica, que haberla hayla, a pesar de que muchas veces se vea eclipsada por el relumbrón de los focos en la Villa y Corte y el asfixiante microcosmos que atrapa la política madrileña, tan marcada por la sobreactuación retórica y la excitación tremendista. La contribución de Casado es su recuperación expresa del legado reformista de la Transición frente a las tentaciones rupturistas de quienes, a ambos lados del espectro ideológico, abogan por la demolición del denominado ‘régimen del 78’.

Sin embargo, es prematuro extraer conclusiones sólidas sobre este cambio de rasante. Lo previsible es que el PP mantenga una oposición frontal al Ejecutivo de Sánchez en la medida en la que también tiene que mirar a su flanco más frágil y volátil, anclado en una derecha sociológica muy hiperventilada. Este conflicto de familia tendrá consecuencias, aunque no ponga en peligro a corto plazo la continuidad de los presidentes de Madrid, Murcia y Andalucía. En el día después del debate, Vox cree que puede ser ya la referencia contra el establishment político convencional en una coyuntura de incertidumbre social y de miedo, con una crisis sanitaria sin precedentes y una resaca económica que augura un otoño-invierno de muy elevado voltaje. A pesar de que Santiago Abascal ha salido diezmado del debate, intentará capitalizar su aislamiento con un discurso que presentará a todos los demás como dirigentes de una ‘casta’ política ajena al genuino sentimiento popular. El ‘no nos representan’ de los indignados en 2015, los nietos de la ira, se envuelve esta vez en las banderas del ultranacionalismo español, crítico con Bruselas y que sigue tocando las teclas de la inmigración y de la multicuralidad, y, ahora, de la irritación con las medidas anticovid, para dar una espectacular patada al avispero.

En este contexto de división en el centroderecha, Casado tiene una enorme dificultad para articular una mayoría social y política que le permita volver al poder. Tiene que recuperar una parte de los votos perdidos hacia la extrema derecha, seducidos por la radicalización que sufre en todo el mundo un sector del conservadurismo. Además, Casado puede que tenga que contar en un futuro con los votos de Vox para lograr mayorías parlamentarias viables. Una gran hipoteca.

En este paisaje, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias presentarán en breve los Presupuestos tras cerrar unos últimos ‘flecos’ en una ardua negociación. El objetivo de recomponer las fuerzas de la heterogénea mayoría que hizo posible la investidura en enero gana enteros en las últimas horas. La implicación del PNV y de Esquerra en esta sala de máquinas parece cada vez más cercana, lo que, en parte, ha sido fruto de la presión que ha ejercido Unidas Podemos y de la confianza sellada en estos tiempos de adversidad entre Sánchez e Iglesias. El Gobierno sale más cohesionado que nunca.| ALBERTO SURIO

El tablero después del divorcio