miércoles. 08.02.2023
                      Pedro Sánchez, en la capilla ardiente del líder sindicalista Nicolás Redondo. BORJA SÁNCHEZ TRILLO
Pedro Sánchez, en la capilla ardiente del líder sindicalista Nicolás Redondo. BORJA SÁNCHEZ TRILLO

El superdomingo electoral del próximo 28 de mayo se percibe ya como la primera vuelta de las generales, aún sin fecha pero previstas para final de este 2023. Los principales partidos se juegan su cuota de poder en doce comunidades autónomas —todas menos Andalucía, Cataluña, Galicia, País Vasco y Castilla y León—, en Ceuta y Melilla y en 8.112 municipios. Un botín que ha puesto las espadas en alto y que marcará el futuro tablero político del país, con un PSOE que tratará de mantener su dominio territorial, un PP que quiere asestar un golpe decisivo al Gobierno de Pedro Sánchez, y con Podemos y Vox jugándose el futuro de sus respectivas formaciones.

Los socialistas lamentan que en esta legislatura, marcada por la pandemia y las consecuencias de la guerra en Ucrania, no hayan tenido «el viento a favor». Por eso llevan meses conjurándose para intentar trasladar a la ciudadanía «los logros sociales cosechados», el apoyo a «las clases medias y trabajadoras» que creen que deben inocular mejor a la opinión pública y, con ello, al electorado. Pero, además de lo económico, el puzle territorial se ha convertido en un desafío clave.

Los barones del PSOE miran con recelo las consecuencias electorales de las recientes modificaciones de los delitos de malversación y sedición y otras medidas que consideran «concesiones al independentismo». Especialmente en el caso de los presidentes de Aragón, Javier Lambán y de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. Ambos representan al sector más crítico del partido y se juegan sus cargos , como el extremeño Guillermo Fernández Vara y el valenciano Ximo Puig, este 28-M.

Los dirigentes más desafectos hacia la estrategia de Sánchez temen que el PP aproveche los pactos de investidura para pintar de azul (ya sea en solitario o junto a Vox) sus gobiernos y, por ello, han endurecido su discurso en los últimos meses.

Ese descontento, sumado al de las consecuencias económicas derivadas de la invasión rusa de Ucrania, es el que espera explotar la formación presidida por Alberto Núñez Feijóo, que quiere confirmar los deseos expresados tras su llegada a la planta noble de Génova en sustitución de Pablo Casado: los de revertir el declive electoral del partido y alcanzar la Moncloa por la vía de la reunificación del espacio del centroderecha. Un objetivo que pasa por fagocitar los restos de Ciudadanos y evitar la dependencia de Vox en la formación de futuros gobiernos.

Una de las principales batallas se librará en la Comunidad de Madrid, cuyo Ejecutivo, el de la baronesa popular Isabel Díaz Ayuso, ha ejercido de punta de lanza contra Sánchez durante toda la legislatura. El PP aspira a reeditar la amplia mayoría cosechada en 2021 y que dejó a los socialistas en tercer puesto, por detrás de Más Madrid. Otra pugna a tener en cuenta se producirá en la Comunidad Valenciana, hoy en manos del PSOE y que resulta decisivo para los de Feijóo. «Ganar Valencia es ganar España», es uno de los mantras que se escuchan en Génova ante el reto de las urnas.

Para Unidas Podemos, en cambio, la cita estará marcada por la ausencia de Sumar, el proyecto político de Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda, ungida por Pablo Iglesias, ha dejado huérfanos de liderazgo a Podemos e Izquierda Unida, que negocian contra el reloj para cerrar coaliciones territorio por territorio. Los antecedentes no son buenos. Desde 2016, la formación que dirige Ione Belarra y sus confluencias han perdido 101 diputados autonómicos y el desafío es ahora mantener lo ganado hasta que se concrete -o no- ese «frente de izquierdas» comandado por Díaz.

Para Vox, en cambio, el combate pasa por fortalecer su presencia en ayuntamientos y parlamentos para decidir futuros gobiernos. Los de Santiago Abascal ejercen mayor tirón en las generales, pero han sufrido un desgaste en los últimos comicios autonómicos, especialmente en Madrid y Andalucía, donde se quedaron sin la llave de la investidura.

Además del resultado en las comunidades en juego, el global de las municipales ofrecerá una idea precisa de las posiciones de salida que cada partido ocupa en la recta final de la legislatura. En los anteriores comicios locales, celebrados en mayo de 2019 —un mes después de las generales del 28-A—, se impuso el PSOE con claridad (6.657.119 de votos), seguido por el PP (5.058.542) y Ciudadanos (1.876.906). Sin embargo, en las capitales, los populares cosecharon un balance positivo.

Gracias a los pactos con Cs y Vox, el PP se alzó con las alcaldías de cuatro de las ocho grandes ciudades españolas: Madrid, Zaragoza, Málaga y Murcia. El resto se tiñeron de diferentes colores. Barcelona permaneció en manos de los comunes, aunque el partido más votado fue ERC; Compromís conservó Valencia; el PSOE Sevilla; y el PNV Bilbao.

PSOE: Mantener el poder territorial y asaltar las grandes capitales

El PSOE concurre al 28-M con una estrategia defensiva: mantener los resultados que le dieron la victoria en las municipales de 2019 y retener los gobiernos autonómicos de Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, Navarra, Asturias, Baleares, Canarias, la Comunidad Valenciana y La Rioja. Ese, creen en Ferraz, será un buen indicador de la fortaleza del partido de cara a las generales. Aunque deseada, la Comunidad de Madrid no parece a priori un objetivo factible para la candidatura que encabezará la actual ministra de Industria, Reyes Maroto. Los socialistas aspiran, en todo caso, a formar parte de un Gobierno de coalición junto a Más Madrid y Podemos que logre arrebatar el poder a la popular Isabel Díaz Ayuso. Lo mismo ocurre con el Ayuntamiento de la capital. El otro objetivo se centra en las grandes ciudades, como Sevilla -atesoran hoy la Alcaldía-, Barcelona, Valencia o Zaragoza.

Además de estas metas, la dirección socialista aguardará con especial atención los resultados de las formaciones que componen Unidas Podemos. «No solo vale ganar», reconocen. Porque también es clave que su actual socio de Gobierno mantenga el tipo.

PP: Convertir los comicios en un plebiscito para agotar a Sánchez

Con la elección del coordinador general del partido, Elías Bendodo, como director de la campaña electoral y el rescate de Íñigo de la Serna como muñidor del programa, Alberto Núñez Feijóo ha hecho una apuesta decidida por la estrategia que consagró la histórica mayoría absoluta en Andalucía y arrasó al PSOE en su otrora feudo histórico. El PP trata de seguir creciendo por el centro, a base de atraer a votantes socialistas desencantados con Pedro Sánchez. Por ello, los populares se lanzan a convertir los comicios autonómicos y municipales en un plebiscito contra el Gobierno de coalición. La táctica es convencer al electorado de que votar a los socialistas en cualquier territorio es lo mismo que votar al conglomerado de socios del Gobierno.

En clave autonómica, el PP busca explotar esta idea para dar un golpe de mano en Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón o la Comunidad Valenciana. Al tiempo que mantienen —o amplían— la cuota de poder lograda en la comunidad madrileña o en la Región de Murcia. En el plano municipal, el objetivo es mantener grandes capitales como Madrid, Málaga, Murcia y Zaragoza e intentar cambiar el color de Valencia o Sevilla, objeto de deseo para Génova.

Podemos: Con la supervivencia en juego y huérfanos del liderazgo de Díaz

Podemos concurre al 28-M con más dudas que certezas. Sin la presencia de una marca que agrupe a todas las confluencias del espacio morado, debido a la ausencia de Sumar, el proyecto de Yolanda Díaz, la clave pasa por tejer pactos con IU y Más País en territorios donde fueron fuerza decisiva. En la Comunidad de Madrid y la capital, su cuna, ya han recibido el no del partido de Íñigo Errejón y Rita Maestre, llamado a disputar la victoria al PP.

VOX: Volver a ser decisivos para la gobernabilidad local y autonómica

Los resultados en las elecciones andaluzas y madrileñas relegaron a Vox a un segundo plano. El 28-M, la formación de Santiago Abascal buscará volver a ser determinante para la gobernabilidad autonómica y local, sobre todo en Murcia, su principal granero de votos. También debe despejar las dudas que dejaron los últimos enfrentamientos internos, como el provocado por la salida de Macarena Olona, mientras trata de renovar candidatos.

El superdomingo electoral del próximo 28 de mayo se percibe ya como la primera vuelta de las generales, aún sin fecha pero previstas para final de este 2023. Los principales partidos se juegan su cuota de poder en doce comunidades autónomas —todas menos Andalucía, Cataluña, Galicia, País Vasco y Castilla y León—, en Ceuta y Melilla y en 8.112 municipios. Un botín que ha puesto las espadas en alto y que marcará el futuro tablero político del país, con un PSOE que tratará de mantener su dominio territorial, un PP que quiere asestar un golpe decisivo al Gobierno de Pedro Sánchez, y con Podemos y Vox jugándose el futuro de sus respectivas formaciones.

Los socialistas lamentan que en esta legislatura, marcada por la pandemia y las consecuencias de la guerra en Ucrania, no hayan tenido «el viento a favor». Por eso llevan meses conjurándose para intentar trasladar a la ciudadanía «los logros sociales cosechados», el apoyo a «las clases medias y trabajadoras» que creen que deben inocular mejor a la opinión pública y, con ello, al electorado. Pero, además de lo económico, el puzle territorial se ha convertido en un desafío clave.

Los barones del PSOE miran con recelo las consecuencias electorales de las recientes modificaciones de los delitos de malversación y sedición y otras medidas que consideran «concesiones al independentismo». Especialmente en el caso de los presidentes de Aragón, Javier Lambán y de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page. Ambos representan al sector más crítico del partido y se juegan sus cargos , como el extremeño Guillermo Fernández Vara y el valenciano Ximo Puig, este 28-M.

Los dirigentes más desafectos hacia la estrategia de Sánchez temen que el PP aproveche los pactos de investidura para pintar de azul (ya sea en solitario o junto a Vox) sus gobiernos y, por ello, han endurecido su discurso en los últimos meses.

Ese descontento, sumado al de las consecuencias económicas derivadas de la invasión rusa de Ucrania, es el que espera explotar la formación presidida por Alberto Núñez Feijóo, que quiere confirmar los deseos expresados tras su llegada a la planta noble de Génova en sustitución de Pablo Casado: los de revertir el declive electoral del partido y alcanzar la Moncloa por la vía de la reunificación del espacio del centroderecha. Un objetivo que pasa por fagocitar los restos de Ciudadanos y evitar la dependencia de Vox en la formación de futuros gobiernos.

Una de las principales batallas se librará en la Comunidad de Madrid, cuyo Ejecutivo, el de la baronesa popular Isabel Díaz Ayuso, ha ejercido de punta de lanza contra Sánchez durante toda la legislatura. El PP aspira a reeditar la amplia mayoría cosechada en 2021 y que dejó a los socialistas en tercer puesto, por detrás de Más Madrid. Otra pugna a tener en cuenta se producirá en la Comunidad Valenciana, hoy en manos del PSOE y que resulta decisivo para los de Feijóo. «Ganar Valencia es ganar España», es uno de los mantras que se escuchan en Génova ante el reto de las urnas.

Para Unidas Podemos, en cambio, la cita estará marcada por la ausencia de Sumar, el proyecto político de Yolanda Díaz. La vicepresidenta segunda, ungida por Pablo Iglesias, ha dejado huérfanos de liderazgo a Podemos e Izquierda Unida, que negocian contra el reloj para cerrar coaliciones territorio por territorio. Los antecedentes no son buenos. Desde 2016, la formación que dirige Ione Belarra y sus confluencias han perdido 101 diputados autonómicos y el desafío es ahora mantener lo ganado hasta que se concrete -o no- ese «frente de izquierdas» comandado por Díaz.

Para Vox, en cambio, el combate pasa por fortalecer su presencia en ayuntamientos y parlamentos para decidir futuros gobiernos. Los de Santiago Abascal ejercen mayor tirón en las generales, pero han sufrido un desgaste en los últimos comicios autonómicos, especialmente en Madrid y Andalucía, donde se quedaron sin la llave de la investidura.

Además del resultado en las comunidades en juego, el global de las municipales ofrecerá una idea precisa de las posiciones de salida que cada partido ocupa en la recta final de la legislatura. En los anteriores comicios locales, celebrados en mayo de 2019 —un mes después de las generales del 28-A—, se impuso el PSOE con claridad (6.657.119 de votos), seguido por el PP (5.058.542) y Ciudadanos (1.876.906). Sin embargo, en las capitales, los populares cosecharon un balance positivo.

Gracias a los pactos con Cs y Vox, el PP se alzó con las alcaldías de cuatro de las ocho grandes ciudades españolas: Madrid, Zaragoza, Málaga y Murcia. El resto se tiñeron de diferentes colores. Barcelona permaneció en manos de los comunes, aunque el partido más votado fue ERC; Compromís conservó Valencia; el PSOE Sevilla; y el PNV Bilbao.

Todos se juegan todo este año electoral