sábado 22/1/22
                      Una mujer abraza a su hija mientras contemplan el volcán en La Palma. ÁNGEL MEDINA
Una mujer abraza a su hija mientras contemplan el volcán en La Palma. ÁNGEL MEDINA

Una nueva lengua de lava muy fluida y que avanza con rapidez en dirección al mar cobró ayer protagonismo en la isla de La Palma. Después del descanso en la actividad que se registró el lunes, el volcán de Cumbre Vieja se recargó ayer. Desde las tres de la madrugada, una colada de características hawaianas, más líquida y veloz que los lentos bloques de piedra ardiente propios de las erupciones anteriores, discurre por la pendiente cabalgando las primera corrientes, cuya superficie blanda favorece la acometida.

El nuevo cinturón de fuego distaba ayer entre 800 y 1.000 metros del mar y se encaminaba hacia Tazacorte, cuatros de cuyos barrios se hallan confinados como medida precautoria. «El surtidor echa un chorro impresionante de lava», advirtió David López, portavoz del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan). Las explosiones se espacian en el tiempo y son menos estruendosas. López resaltó que en algunos de sus tramos, la colada alcanza 1.300 grados.

Por la mañana se apreciaban dos bocas activas: una en el cono principal del volcán y otra por debajo de él. En las primeras erupción las fisuras arrojaban una lava empastada de cenizas, a la que se unían piroclastos que la hacían más compacta. Sin embargo, ahora los canales de salida del magma se han limpiado y el material que mana de ellos está exento de escorias e impurezas, de modo que la lava presenta un aspecto más licuado.

Además, la lava diluida no forma «murallones» ni diques, circunstancia que favorece su desembocadura en el Atlántico. El director técnico del Plan de Prevención de Riesgo Volcánico de Canarias (Pevolca), Miguel Ángel Morcuende, aseguró que la lava se desplaza a 300 metros por hora y tiende a ensanchar su base a medida que desciende.

Nadie se atreve a confirmar si la lava se adentrará en el mar y, si finalmente lo hace, cuándo ocurrirá. En el movimiento de la colada intervienen muchos factores, desde la orografía a la fuerza del magma que bulle en el interior del volcán. Eso sí, no hay acción humana que resulte eficaz para contener el torrente ígneo.

«No tenemos en este momento la posibilidad ni científica ni técnica de marcarles una fecha u hora de llegada al mar», destacó Morcuende. «Somos vulcanólogos, no astrólogos», dicen machaconamente los científicos.

La colada comenzó a deslizarse desde un surtidor del flanco norte y contaba con una tasa de emisión más elevada. La lava alcanzó al muy castigado municipio de Todoque, asentado en plena trayectoria del río incandescente y que hace unos días vio cómo el frente hacía añicos la iglesia y el centro de salud. Al desplazarse por el trazado de anteriores coladas, el magma corría con mayor rapidez, según dijo María José Blanco, directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias. No obstante, la montaña de Todoque actuó de muro de contención, aunque el brazo ígneo pugnaba por circundar la elevación.

ARRASAR LAS PLATANERAS

Conforme se aleja del cono principal la lava pierde fluidez y al desplegarse en terreno llano, en vez de transcurrir en forma de reguero, se extiende como si fuera una manta, lo que ralentiza su avance. Si se introduce en vaguadas, su avance se hará aún más premioso.

En su camino hacia el mar, el cinturón encendido fue arrasando plataneras, edificios y fertilizantes con capacidad de explotar. Al mediodía, el material volcánico llegó al Pampillo, una zona salpicada de invernaderos cubiertos con plásticos que al quemarse desprendieron una nube tóxica que pronto se esfumó. Aunque no tuvo mayores consecuencias, el humo venenoso obligó a evacuar a algunas personas.

A vista de dron, del cráter salían dos columnas de humo: un penacho blanco, producto del vapor de agua que contiene, y otra gris y de textura más espesa que amalgama las cenizas minerales. Los técnicos que analizan continuamente el suministro de agua por si se hubiera contaminado con las cenizas y emanaciones toxicas no han hallado por fortuna ninguna alteración.

Al final, la casa que permanecía cercada por la lava y milagrosamente intacta ha acabado consumida por la voracidad del volcán. Era propiedad de la pareja danesa de ancianos Inge y Rainer Cocq, que no han vuelto a la isla desde que comenzó la pandemia. Rodeada por todos lados de rocas humeantes, resistó días incólume en medio del cataclismo.

El satélite europeo Copernicus sigue proporcionando valiosa información. Ayer se supo que algunas partículas de dióxido de azufre despedidas por el volcán viajaron tan lejos que llegaron ayer a Svalbard (Noruega), en el océano Glacial Ártico.

Un volcán recargado empieza a lanzar lava fluida que corre con gran rapidez