miércoles. 10.08.2022

La Ley de Memoria Democrática aprobada el jueves por el Congreso, en medio de una notable bronca política tanto por su contenido como por el hecho de que el apoyo de EH Bildu haya resultado decisivo para que el Gobierno la sacara adelante, ha derivado en las última horas en otra diatriba, esta vez por un flanco más inesperado: el del PP y Vox, ambos opuestos frontalmente a la normativa promovida por el Ejecutivo de Pedro Sánchez.

La polémica sobrevenida entre las dos familias de la derecha se dirime en torno a la autenticidad de sus planteamientos: los populares se presentan como los únicos adalides que quedan en el espectro partidario del tránsito histórico de la dictadura a la democracia, mientras que Vox ha empezado a presionar a Alberto Núñez Feijóo y los suyos sobre su sinceridad cuando prometen que derogarán la nueva ley de memoria.

El PP pretende encabezar la oposición a la legislación refrendada hace 48 horas con los votos favorables del bipartito en el Ejecutivo y sus socios de izquierda y secesionistas, salvo Esquerra. La formación de Feijóo, quien se reunió además con casi una veintena de organizaciones de víctimas de ETA en los prolegómenos al debate y votación de la nueva ley, se presenta como la única opción política que en este momento respeta, defiende y actúa como heredera de los acuerdos que alumbraron la llegada de la democracia consagrada por la Constitución de 1978.

Los populares tratan de erigirse así en la referencia legitimadora de la Transición frente al revisionismo revanchista que atribuyen a la izquierda y ante un Vox que no existía como tal sigla en ese trance de la historia de España.

Vox presiona ahora al PP con la Ley de Memoria; duda que la derogue
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