domingo 16.02.2020
maruja torres periodista y escritora

«¡Matar es algo tan lleno de posibilidades!»

Filandón
«¡Matar es algo tan lleno de posibilidades!»

La conocida y reconocida periodista, premiada en el campo de la novela con prestigiosos galardones, como el Nadal o el Planeta, acaba de publicar su segunda novela negra, después de Fácil de matar. La nueva obra es una novela de trama neocolonial en la que se mezclan varios ingredientes, con muchos elementos paródicos y en clave de humor, sin que por ello dejen de mostrarse verdades como puños. Sin entrañas en el título.

—Usted ha sido premiada con prestigiosos galardones (Nadal, Planeta…). Ahora llega con una segunda novela negra, después de ‘Fácil de matar’. ¿Por qué este ‘salto’, que parece va a continuar…?

—A mí me gusta divertirme escribiendo. Siempre digo que no tengo género, que mi género soy yo misma. Estaba en Beirut a principios del 2010, al final de una etapa. Terminaba mi relación con una ciudad en la que ya no me reconocía, necesitaba recuperar su recuerdo; necesitaba regresar a mi país, para no perderme esta caída en el horror que ahora estamos viviendo, para sentirme entre los míos, compartiendo. Se me ocurrió que esa vuelta la iba a hacer lentamente, a través de mi alter ego Diana Dial (que nació con «¡Oh, es él!», mi primera novela, en la segunda mitad de los años 80), investigando casos criminales por la cuenca mediterránea. Creo que fue una buena idea, porque para cuando Diana se una a mí en Barcelona, yo ya habré aprendido mucho de mi país y podré matar literariamente con mayor acierto entre mis compatriotas.

—¿Qué ingredientes ha de tener el género policíaco?

—Intriga, una trama férreamente trazada, vueltas de tuerca, pistas -no se puede defraudar a los lectores convirtiendo en asesino a uno que apenas sale- que estén hábilmente camufladas y un pulso narrativo que mantenga la atención permanentemente. El trasfondo social ha de estar también, de forma inevitable.

—La novela negra tiene seguidores fieles, quizá porque hay en ella una cierta oferta de justicia social. ¿Es buen género para las crisis?

—Desde luego que lo es. La gran novela negra, posterior a la edad de oro de las novelas de crímenes, surgió en Estados Unidos a raíz del crac del 29, y narró los años de la depresión y la corrupción que estuvo en su origen tan bien, por lo menos, como los libros de historia. Hoy en día vuelve a estar en auge, por razones obvias.

—¿En qué medida las circunstancias sociales condicionan la literatura?

—No lo sé. Cada escritor es un mundo. Hay gente genial que no necesita al mundo para extraer de sí misma su propio mundo. Y hay gente que no puede despegarse de su circunstancia, y también da grandes obras. A mí me condiciona, como escritora de novelas tanto como reportera, lo que soy y lo que he vivido.

—Su nueva obra se titula ‘Sin entrañas’. ¿Qué es ‘Sin entrañas’?

—Un homenaje a Muerte en el Nilo, de Agatha Christie, que transcurría en un crucero de lujo cargado de sospechosos, y en donde los egipcios sólo salían para recoger el bastón y el sombrero o servir las mesas. Sin entrañas trata del neocolonialismo occidental basado en darse la buena vida a costa de los que sufren en un país más pobre. Y en mi novela los egipcios, tanto los corruptos como los oprimidos, tienen voz. Pero no es un panfleto. Es divertida, con sentido del humor, y muy intrigante. Respetando, eso sí, una trama melodramática que haría las delicias de doña Agatha.

—¿Qué hay de real en toda esta trama?

—Aunque paródicos: en la realidad hay personas que sacan de extranjis antigüedades de Egipto, con la complicidad de los corruptos locales; hay vejestorios que consiguen sexo por muy poco dinero y por un poco de seguridad; y hay personajes cuyo delirio de grandezas y cuyas perversiones leemos todos los días en los periódicos. Gente con animales disecados en casa... o con safaris en África.

—El Nilo, Egipto es telón de fondo, lo que no deja de recordar a Agatha Christie…

—Si toda la novela no recordara a Agatha Christie me habría cortado las venas con un cuchillo de sílex. O de ónix, que es más fino.

—Hay varios personajes de su anterior novela. ¿Es pura coincidencia, o acabarán convirtiéndose en prototipos?

—No son prototipos. Son los personajes que en toda saga criminal deben arropar a la protagonista. En este caso, el inspector libanés Fattush, gran amigo de Diana, que me sirve para demostrar los lazos que pueden establecerse entre personas pertenecientes a diversos mundos; y Joy, su criada filipina, que va a crecer en el futuro, porque tiene sus propios problemas personales. En las dos novelas que he escrito hasta ahora se cita también al ex marido de Diana, quien por fin aparecerá en carne y letra algún día.

—¿Diana Dial es Maruja Torres?

—Es Maruja Torres con 54 años y la misma experiencia e idéntica mala leche que yo poseo a los 69.

—¿Cuál será el próximo destino de Diana Dial?

—En principio, Roma, y más concretamente el Vaticano. Pero no olvide que en litaratura todo es posible, y que una huelga en Fiumicino puede dejar a Diana y Fattush conversando sobre el primer caso que ella resolvió, cinco años atrás. ¡Ah, matar es algo tan lleno de posibilidades!

«¡Matar es algo tan lleno de posibilidades!»
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