sábado 15/5/21
roberto gonzález-quevedoescritor y filólogo

«¿Una novela negra rural? ¿Por qué no?»

Filandón
jesús f. salvadores

Cambia de tercio Roberto González-Quevedo (Palacios del Sil, 1953), profesor, lingüista, poeta y narrador, y de sus últimos relatos y poesías plenos de un lirismo en ocasiones casi doloroso, donde el recuerdo del pasado se hace materia prima literaria de primer orden, salta ahora a un género insólito y de lo más actual: Sangre na braña (ed. Ámbitu) constituye, además de la primera novela negra escrita en leonés, una visión singular de cómo nuestros paisajes rurales pueden servir de escenario para todo tipo de historias, también aquellas llenas de acción, crimen... y hasta de conspiraciones políticas.

—Siempre escuchamos que en los campos y las brañas se cometió alguna vez algún asesinato, algún extraño y brutal crimen. ¿Cómo surgió, pues, esta ‘Sangre na braña’? ¿Parte de algún hecho real?

—No, no parte de ningún acontecimiento real, aunque es cierto que el nombre de las brañas está a veces asociado a leyendas de crímenes. Pero en esta novela ya no estamos en la braña tradicional, sino en la de ahora, la que se está convirtiendo en un sitio de descanso y de vacaciones. La acción, totalmente ficticia, está situada en la actualidad y entonces la braña no es otra cosa que una terminal, una réplica de esta nuestra sociedad postindustrial, aunque guarda la forma maravillosa de los poblados tradicionales de alta montaña.

—El lirismo, la sugerencia, siempre han sido claves repetidas en sus obras, ¿estamos ante una especie de cambio de tercio en su producción literaria?

—Sí, es un cambio buscado conscientemente. Sigue habiendo lirismo y sugerencias, pero la mayor parte de la obra describe acción y misterio. Quería usar nuestra lengua para relatar una trama de este tipo, extendiendo su uso literario a un género más alejado de la nostalgia y del recuerdo, que siempre van asociados a las lenguas minoritarias. Esto no significa que vaya a ser un giro permanente: es una nueva experiencia expresiva y la constatación de que quienes cultivamos nuestra lengua no estamos anclados en determinados moldes.

—Aparte del propio argumento, ¿incluye algún elemento típico de este género en cuanto a lenguaje, ambientación, personajes...? ¿Cómo ha construido el ambiente, a partir de qué materiales? 

—He querido convertir esta pequeña obra en un homenaje, humilde y sencillo, a los personajes de la novela negra y de misterio y por eso pasan por las páginas, como consejeros del investigador principal, personajes famosos de la literatura de este tipo. La propia obra quiere ser un continuo guiño a estos elementos genéricos. En el argumento aparecen entidades como una agencia madrileña de los bajos fondos, hay conexiones con una conspiración política en Bélgica y pueden verse otros muchos aspectos propios del género.

—¿Qué mueve, en el fondo, a los protagonistas de esta novela, cuáles son sus motivaciones?

—Son las ambiciones de siempre, empezando por el dinero y siguiendo por el poder. La acción se plantea al intentar descubrir a los autores de unos terribles asesinatos en una cabaña. Y los móviles que aparecen tienen que ver con lo que es la vida en nuestro tiempo. Todo es fantasía, pero en el fondo late la realidad actual del Alto Sil, una tierra que hasta hace no mucho tiempo fue rica gracias al carbón, pero que ahora está en una crisis terrible. Y las crisis siempre pueden deteriorar la sociedad que las padece.

—La novela negra parece fundamentalmente urbana, ¿hay, pues, espacio para una novela negra rural? ¿Darían los montes de Palacios, Laciana... para muchas historias como estas?

—Claro, el lector encontrará aspectos distintos de los clásicos, porque la obra está enraizada en el Alto Sil. Pero no hay que olvidar que toda esta zona vivió su apogeo económico con la industria extractiva del carbón. Cuando yo nací, las brañas vivían aún en su esplendor, pero tanto en Palacios como en Laciana, junto al mundo tradicional, se desplegaba ya una economía industrial, con un poblamiento obrero importante y con pautas también de conducta urbana. Ese contraste entre los dos mundos es un eje de la novela: cazadores y mineros, las pautas tradicionales y la vida asalariada. Por supuesto, esta misma situación la encontramos en otros muchos valles leoneses que hasta hace poco fueron pujantes y ahora los agobia el paro y la despoblación. Así pues, ¿por qué no una novela negra en el medio rural?

«¿Una novela negra rural? ¿Por qué no?»
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