sábado 19/6/21
Miguel Hernández, caso abierto

Almarcha, la sombra tras Miguel Hernández

Se acaba de cumplir el 79 aniversario de la muerte de Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) y todavía hay claroscuros en torno a las circunstancias que rodearon su penoso fallecimiento en prisión. una figura crucial en la vida del ‘poeta del pueblo’ fue el obispo de León Luis Almarcha, que le dejó morir a fuego lento.
Miguel Hernández y su esposa, Josefina Manresa, en su casa de Jaén. La máquina con la que escribe Josefina es la Adler que Almarcha regaló al poeta.

Fue una amistad tóxica. Luis Almarcha jugó el papel de ‘abogado del diablo’ en la vida de Miguel Hernández. El poeta creyó que el canónigo de la catedral de Orihuela y más tarde obispo de León Luis Almarcha era su ‘benefactor’, un amigo que pagó en 1933 la impresión de los primeros ejemplares de Perito en lunas, titulado inicialmente Poliedros. Almarcha también había alentado a Hernández a escribir y le había facilitado el acceso a su espléndida biblioteca. Sin embargo, cuando el escritor, denominado «poeta de la revolución» por los que le condenaron a muerte, agonizaba en condiciones inhumanas en la cárcel de Alicante y pidió a Almarcha que mediara para conseguir su traslado al sanatorio de Porta Coeli en Valencia, único lugar donde cabía una mínima esperanza de salvación, el obispo no movió un dedo.

Como dice uno de sus biógrafos, Ramón Pérez Álvarez: «No creo que nadie en su sano juicio pueda pensar que Luis Almarcha, procurador en Cortes por designación directa de Franco y consiliario nacional de Sindicatos, no tuviera influencia para mandar, no pedir, que simplemente Miguel fuera trasladado a un sanatorio antituberculoso penitenciario. Podía más. No se quiso. Una vez casado y considerada salvada su alma, Miguel podía morir en la cárcel o donde fuera». Lo que no logró el obispo fue que el poeta renunciara a sus ideas y a sus escritos. El clérigo se limitó a casarlo con Josefina Manresa —a la que ya estaba unido por lo civil desde el 9 de marzo de 1937—, pero, como sostienen algunos investigadores, entre ellos el leonés Santos Escarabajal, «fue el autor intelectual de la muerte del poeta», al dejarle morir en la cárcel, para ejemplo y escarmiento de los seguidores de conciencia republicanos. Como dijo el catedrático Eutimio Martín, uno de los mayores expertos en Miguel Hernández, «al poeta de Orihuela lo dejaron morir a fuego lento Almarcha y sus poderosos amigos. Cossío le evitó el fusilamiento, pero Martínez Arenas, diputado a Cortes por Orihuela, o José María Alfaro, jefe de prensa del movimiento, dejaron que se consumiera en las cárceles franquistas».

Josefina Manresa: «Querían que se retractase de sus escritos y que celebrase el matrimonio por la iglesia»

No es un caso cerrado. Los investigadores siguen discutiendo, casi ocho décadas después del fallecimiento de Miguel Hernández, si el obispo de León pudo haber acabado con el sufrimiento del autor de El rayo que no cesa por siete penales abyectos con la condena a muerte a sus espaldas.

Hernández era un personaje ‘molesto’, sobre todo, en su Orihuela natal. Un joven sin estudios que, al mismo tiempo, era un poeta extraordinario. Por eso se dio por sentado que el hijo del cabrero había tenido buenos ‘padrinos’, como el ultraconservador Ramón Sijé y el vicario Almarcha. «Era un hombre poderoso», contaba el poeta leonés Victoriano Crémer. «Llegó a León en un momento en el que me estaban buscando con mucha mala leche. Se enteró de que me perseguían y dijo: ‘De ese hombre respondo yo’. Mano de santo. Después iba todos los domingos a tomar café al Obispado y me fumaba un puro con él. Recuerdo un día que un párroco me acusó de no ir a misa. Almarcha le contestó que tampoco iban los primeros cristianos, y me dijo que fuera cuando me diera la gana. Como tengo permiso del obispo, no he vuelto».

Las declaraciones de Crémer presentan a un Almarcha ‘más conciliador’ al ‘Torquemada’ que poco tiempo antes había dejado a su suerte a Hernández.

El obispo Luis Almarcha bendice las escuelas de Reliegos. BAYÓNBAYÓN

En 2003 la fundación del poeta recibía el expediente penitenciario completo del poeta oriolano, que consta de 60 documentos, entre ellos el acta de esponsales, fechado el 4 de marzo de 1942, con la rúbrica temblorosa del escritor, días antes de su muerte en la cárcel de Alicante. En el expediente constan las revisiones médicas a las que fue sometido, los traslados de prisiones, las rebajas de condena y una carta de Almarcha, del 2 de octubre de 1941, en la que comunica al clérigo Gaspar Blanquer que transmita a Vicente Dimas, cura de El Altet, el encargo de personarse «de su parte» en la cárcel de Alicante para visitar a Miguel Hernández, porque «tengo interés en no abandonar a este joven».

«Dicen que el tiempo lo borra todo y, a veces, lo único que hace es reavivar el fuego de los recuerdos con mucha mayor fuerza, para nuestro pesar». Así se lo cuenta Almarcha en una carta fechada en mayo de 1951 a su amigo y diputado a Cortes José Martínez Arenas, refiriéndose a Miguel Hernández, lo que parece refrendar que el obispo de León no tenía la conciencia tranquila.

La versión de la familia

En 1980 Josefina Manresa contó que Almarcha no ordenó el traslado de Hernández al hospital Porta Caeli, porque todo estuvo condicionado a su casamiento por la iglesia. «Querían que se retractase de sus escritos y que celebrase el matrimonio por la iglesia. Cuando Miguel se vio sin remedio, él mismo pidió el casamiento canónico, ya que entonces eso era lo legal; y, como su preocupación era lo desgraciada que me quedaba, obró de esa manera, con el fin de asegurarnos la legalidad a mi hijo y a mí y, por lo tanto, la seguridad, tras su muerte».

Almarcha, según algunos investigadores, esperaba más. Tenía la pretensión de que Hernández renunciara a sus ideas republicanas y abrazase el nacionalcatolicismo. Pero la terquedad del poeta en no traicionar su defensa de una sociedad mejor y más igualitaria, que le habrían garantizado la libertad, fueron su definitiva sentencia de muerte.

Carta enviada por Miguel Hernández a su hijo desde el penal de Ocaña.

En una carta a Martínez Arenas, Almarcha le cuanta su visita al poeta en la cárcel: «No le faltó mi amistad. Hice cuanto pude por él, y en sus procesos y en sus indultos, afirmé lo que siempre tuve por cierto: que se podía haber desorientado en sus ideas políticas, pero que no había pasado de la región de la poesía a la de los hechos delictivos teñidos de sangre y que ello era causa de conservar mi amistad actual. Sus creencias religiosas, si sufrieron eclipse, lucieron de nuevo cuando, indultado de la pena de muerte, estaba enfermo en el Reformatorio de Alicante. Fui a visitarle a la cárcel. Pretendíamos que se permitiese llevarse a un sanatorio, conforme a sus deseos. ¡Me daba tanta pena el pobre Miguel!».

Vicente, el hermano del poeta, también pidió clemencia a Almarcha, tal como relata en una carta: «Me dijo que no podía hacer ahora nada porque él no le quiso hacer caso cuando le propuso que rectificara de sus ideas y de sus escritos».

Un poeta en la Luna

Los versos de Perito en lunas viajarán este año al satélite de la Tierra en el vuelo espacial Tranquility, que se lanzará desde Cabo Cañaveral en el último cuatrimestre —según la web de la compañía Celestis—. Se cumplirá así el sueño del poeta, que un día anheló que sus poemas viajaran a la Luna.

Almarcha, la sombra tras Miguel Hernández
Comentarios