miércoles 18.09.2019
POESÍA

Aquí está el mundo y aquí yo

EL DESAPERCIBIDO Antonio Cabrera Pepitas de Calabaza, Logroño, 2016. 174 páginas
Aquí está el mundo y aquí yo

Hace pocas fechas reseñábamos aquí Corteza de abedul, el quinto libro de poemas de Antonio Cabrera, en el que destacábamos la unión en su poesía de contemplación y reflexión. Tales aspectos cuajan en su nuevo libro, El desapercibido. Si no puede decirse que lo componen poemas en prosa, sí que son las prosas de un poeta que decide dejar constancia de su presencia en el mundo: no pasar desapercibido en el mundo y, a la vez, que el mundo no pase desapercibido para él: «Que mi presencia sea notada, y la tuya, y la de aquel». El curioso título del libro alude también a aquellos aspectos del mundo que suelen pasar desapercibidos para una mirada poco sutil. El poeta busca nuevos ángulos desde los que mirar e interpretar el mundo: el antes de las cosas, por ejemplo, la deseada soledad, «pero sin dejar de oír las voces del mundo» o la experiencia del tacto y el contacto con las cosas (un sentido, el del tacto, tan cultivado por un poeta nuestro, Gaspar Moisés Gómez).

El tema esencial es la relación del yo con el mundo. Dar significado al mundo es una de las aventuras intelectuales del ser humano. Junto a la mente científica se sitúa la mirada poética, que puede detenerse sobre las cosas corrientes, pero de ordinario inadvertidas. Cabrera lo ha explicado en Antes del horizonte, donde sintetiza: «Ahí está el mundo y aquí yo»; de ese mundo le interesa principalmente lo cercano, lo que se puede mirar, tocar y oler, intentando verlo y pensarlo desde un punto de vista no corriente, como expresa esta greguería, por ejemplo: «La playa no es el mar, sino su escaparate». No es propiamente la cara oculta de las cosas lo que el poeta ofrece, sino lo que no vemos porque no lo miramos: por ejemplo, la acumulación de cosas en el trastero, visto como la memoria de la casa, porque una casa es «lo que no se echa al contenedor» o la constatación de que, contra la lógica generalizada, casi nada se mueve en el mundo, somos nosotros lo que vamos hacia las cosas, o el acto de lavarse las manos como si nos desprendiéramos del mundo, pero «del mundo únicamente nos separamos con el pensamiento». Es lógico, por lo antedicho, que al poeta, autor de un libro de haikus, Tierra en el cielo, le interesara el género japonés en una de las prosas de El desapercibido: frente a la poesía occidental, ahogada por las metáforas, el haiku «asegura que el pájaro es este pájaro y la piedra es esta piedra», identificando artículo y demostrativo, lo abstracto y lo real.

Aquí está el mundo y aquí yo
Más en esta seccion
Comentarios