martes. 16.08.2022
por manuel cuenya

El augurio de Carlos Fuentes

l. El escritor falleció del mismo mal que su personaje Artemio Cruz. Fue una fatal premonición. El autor mexicano Carlos fuentes tuvo la misma muerte que uno de sus grandes personajes. Su obra es su mejor legado, Pero dejó otra herencia: dos libros inéditos...
josé manuel vidal

Como si se tratara de una novela suya, el escritor Carlos Fuentes nos dijo adiós debido a una hemorragia causada por una úlcera gástrica —qué espeluznante premonición y similitud con la muerte de su Artemio Cruz—, aunque su espíritu pervivirá gracias a su fascinante obra. Escribir —decía él— es una forma de combatir la muerte.

Aparte de Aura, que es una novela breve e intensa, escrita desde un tú desdoblado e impregnada de un erotismo macabro, donde se confunden ficción y realidad, de Fuentes destacaría La muerte de Artemio Cruz, La región más transparente y Gringo Viejo.

La muerte de Artemio Cruz es un ejercicio narrativo arriesgado en el sentido de que emplea diversos narradores y adopta innovadoras técnicas narrativas como la ausencia de capítulos, la utilización constante, casi obsesiva, de puntos suspensivos, que es una forma de hacernos notar la pérdida de conciencia del personaje principal en sus últimas horas de agonía.

Artemio Cruz arranca con un magistral monólogo interior, que nos muestra de forma caótica la percepción de lo que le ocurre al prota, sus recuerdos y opiniones, reflejando así la pérdida de su conciencia a resultas de una gangrena intestinal (Yo despierto... Me despierta el contacto de ese objeto frío con el miembro), que finaliza con el recurso tipográfico del espacio en blanco, a modo de separación del siguiente fragmento narrativo, que introduce con un «Tú» (Tú, ayer, hiciste lo mismo de todos los días). Un recurso, el empleo de un narrador en segunda persona del singular, que puede resultar artificial pero que está justificado porque lo utiliza como si fuera su propia voz de la conciencia. Del «Tú» como narrador (desdoblado) pasa al «Él» (Él pasó en el automóvil rumbo a la oficina). A veces asistimos incluso a la mezcla de la narración en primera y segunda persona, sobre todo a medida que se aproxima la muerte de Artemio Cruz, y su conciencia comienza a desaparecer (Tú ya no sabrás...Tú... mueres.. has muerto... moriré).

Asimismo, me parece extraordinaria La región más transparente, cuyo título hace alusión a un verso de Alfonso Reyes, con un comienzo muy descriptivo de México, D.F. Una ironía, el título, a resultas de la polución que se respira en la actualidad la capital azteca, escenario fundamental de esta novela plagada de citas, albures, reiteraciones obsesivas, etc. Con alternancia de distintos momentos del pasado y el presente. Y aún del futuro. Me entusiasma la terminología empleada, que va desde el habla culta hasta la barriobajera, desde el español castizo hasta un lenguaje impregnado de galicismos, anglicismos, nahuatlismos. Un estupendo manual lingüístico, sobre todo para quienes hemos vivido en México. Cada personaje se define por el empleo de una u otra forma de hablar, lo que me hace recordar Luces de bohemia.

De la mano de Ixca Cienfuegos, cual si se tratara de un Diablo Cojuelo que simbolizara la esencia mexicana, nos adentramos en la ciudad de los tres ombligos… Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. En la región más transparente del aire. Y, para finalizar este brevísimo recorrido por su ingente obra, recomiendo la lectura de Gringo Viejo, que versa sobre la frontera sangrante entre los Estados Unidos y México, y resulta bárbara para quienes intentan cruzarla como espaldas mojadas.

Nunca olvidaré que un día tuve la suerte de verlo y platicar un ratito con él.

Ahora sus cenizas reposan en el parisino cementerio de Montparnasse, donde están sus hijos y su amigo Cortázar.

El augurio de Carlos Fuentes
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