Diario de León

El robo más estrafalario

El códice que se llevó el electricista

Se cumplen diez años del robo del Calixtinus y el caso se cuenta a peregrinos y turistas en Santiago

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Publicado por
Ana Martínez
León

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El 5 de julio de 2011, el medievalista de la Catedral de Santiago echó en falta el Códice Calixtino. Lo había robado un electricista, que ha fallecido. Hoy, en pleno Xacobeo, turistas y peregrinos se interesan por saber dónde está custodiada esa joya literaria.

«Sí. Fui yo quien robó el libro. Me lo llevé el 4 de julio del año pasado, sobre las doce de la mañana». Esta fue la confesión, doce meses después del robo, de Manuel Fernández Castiñeiras, Manoliño do Rego, como se le conocía en Ortoño, un núcleo de Ames (A Coruña) en el que nacieron sus padres.

El libro, del siglo XII, con hasta cinco partes y cuya autoría se atribuye al papa Calixto, había aparecido en Milladoiro, en un garaje de este operario, envuelto en periódicos. El único móvil de la sustracción fue la venganza contra los responsables eclesiásticos por haberle despedido tras 25 años y no querer abonarle 40.000 euros como indemnización. Manolo empezó a trabajar para el templo en los ochenta. Su madre, lechera, había pedido el favor al entonces administrador, Juan Martínez Betral. Y allí se quedó, hasta 2005, cuando el cabildo decidió reemplazarlo por una empresa. El motivo alegado: las facturas por obras no realizadas o con un presupuesto que no se ajustaba.

Aquello fue un jarro de agua fría para este hombre regordete y parco en palabras, que no dejó de ir a misa ni de visitar la seo.

El único móvil del robo fue la venganza contra los responsables eclesiásticos por haberle despedido

Y, la sustracción del manuscrito, supuso un mazazo para el entonces deán, José María Díaz Fernández, que, al enterarse de la falta, tuvo que ser atendido de urgencia.

Antonio Tenorio, el inspector jefe de la brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, tuvo cafés y conversaciones con Manolo, el tiempo que él le permitía, pues lo despachaba pronto. Había sospechas y quería ganárselo.

Un día el autor de los hechos cometió un fallo. «¿No lo habrán quemado, verdad, Manolo?», preguntó Tenorio, mostrando un agobio impostado. «¡No lo quemé!, ¡quemaron!», respondió el operario. Tenorio, tan curtido él, hizo como que no se había dado cuenta. Cuatro meses después fue el arresto.

Junto con el tesoro del medievo, en casa de Manolo se encontró dinero, mucho, demasiado, casi dos millones de euros, y viviendas caras pagadas en metálico.

Serafín Castro, jefe de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), aclaró que jamás hubo organización alguna detrás, que Fernández Castiñeiras nunca intentó contactos para deshacerse de la obra a cambio de una buena suma, pues su valor es algo incalculable.

Manolo sufrió un ictus mucho antes de entrar en prisión y otro derrame cerebral en el centro penitenciario de A Lama, en Pontevedra, por el que tuvo que ingresar en el hospital Álvaro Cunqueiro, de Vigo. En 2019 el recluso, con una enfermedad incurable, quedó en libertad. No sobrevivió mucho más.

Después de su detención, Fernández Castiñeiras ingresó en el penal coruñés de Teixeiro. La Audiencia Provincial decretó su puesta en libertad provisional en enero de 2013, a la espera de un juicio que se celebró dos años después.

Fue condenado a diez años de prisión, -entró en A Lama-, y a una multa de 268.425,11 por los delitos de hurto, robo continuado y blanqueo de capitales.

No obstante, en el mismo 2015 el Tribunal Supremo rebajó su pena. Al final se quedó en ocho años y dos meses al percatarse de un error material en el fallo, concretamente en el castigo por el delito continuado de robo, en el que se habían excedido.

En el tren turístico que recorre la capital gallega el guía da este verano de 2021 muchas explicaciones, pero la que más seduce a los que pisan suelo gallego y se suben es: «Hace diez años aquí robaron un Códice famosísimo. Seguro que habrán escuchado hablar de él». Es ahí cuando empieza el torrente de preguntas.

Lo mismo intentan, algunos, en el Obradoiro, en el considerado como segundo santuario de la cristiandad, puertas adentro, aunque con menos éxito. Ahí se les habla más del contenido de la primera guía de viajes del Camino de Santiago y menos, o nada, de otras vicisitudes.

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