martes 15/6/21

Si crees todo lo que lees, mejor no leer

Trasmundo

Manuel Cuenya, Instituto de Estudios Bercianos, Ponferrada, 2009, 100 pp.

Porque a veces la vida resulta demasiado azarosa y sin tiempo para reflexionar y porque, tal vez, sea la literatura un medio para expresar lo que queremos escudar y no reconocer con nuestras propias palabras, surge el escape de que sean otros los que hablen por nosotros, los que cuenten con sus palabras lo que pensamos y los que vivan nuestra propia experiencia vital dentro de un universo ficcional. Esto es lo que nos transmite Trasmundo de Manuel Cuenya, un libro con siete pequeños cuentos -” Un mexicano en El Bierzo, Entre ánimas en pena, La fiesta de las Chanas, Duende leonés, Gertrudis Fabero, Aventuras y desventuras de Gerardín del Bierzo y, finalmente, Aventuras,

desaguisados y correrías que el hidalgo Gerardín del Bierzo vivió en campo azteca -” a los que casi podríamos llamar microrrelatos centrados o ambientados en la comarca del Bierzo y, por extensión, en la provincia de León vistas como mundos fantásticos o imaginarios.

Todos los relatos tienen un deje de nostalgia -”no en vano, ya en el primer cuento se afirma que «el Bierzo, una comarca de cuyo nombre sí me estoy acordando, un nombre que con el paso del tiempo terminará vibrando en los corazones universales» o «un Bierzo subterráneo y entrañable, un Bierzo que mueve y conmueve-” y hasta de crítica un tanto arriesgada e indeterminada o incoherente, pues en el cuento Duende leonés , el protagonista, Chano Cabarcos de Lancia, asevera rotundo: «León es una capital provinciana, extremadamente pueblerina a mi modo de ver [-¦]. Es una ciudad hecha a base de piedra arquitectónica, romanismo y frío. Una ciudad vetusta, un ciudad museo, una ciudad relicario», para aclarar a continuación que, «por fortuna, en la provincia de León no se observa este fenómeno regionalista, al menos llevado al extremo» o «cuando León se desperece y se quite de encima el frío invernal, entonces sí, se convertirá en un paraíso artificial». Consciente de sus contradicciones, Chano (¿trasunto del autor?) se justifica admitiendo: «Espero sepan disculpar mi osadía, queridos lectores». Si se excusa es porque entiende que, a pesar de promocionar la ciudad de León y manifestar el encanto del Bierzo con sus historias de leyenda, míticas e increíbles, atesoradas, aceptadas y transmitidas de generación en generación, hay momentos en que se distancia de todo lo que huela a rancio o ancestral, viejo o tradicional, atraso o patrimonial y de ahí que los personajes que sí se rebelan contra ese sistema sean seres que han viajado por diversos países, sobre todo, por México pero también por Francia, ya que «sólo viajando y leyendo se espabila el entendimiento y se orea el espíritu».

En definitiva, tomando la cita de Julio Llamazares, «hay veces en que los sueños, a fuerza de repetirse, nos poseen con tal fuerza que terminan convirtiéndose en recuerdos», pues debemos soñar -”parafraseando a James Dean-” como si fuéramos a vivir para siempre y vivir como si fuéramos a morir hoy mismo, con la esperanza y la certeza de que nuestros recuerdos de ayer durarán toda una vida y acaso más allá de la muerte, conservando sólo los mejores y olvidando los demás. Como leoneses nacidos y criados en esta tierra -”mejor o peor pero, al fin y al cabo, nuestra-” León será por siempre nuestro vergel al que regresar cuando todo esté perdido y el lugar al que veneraremos por donde quiera que vayamos aunque, como Chano, tengamos fastidiosamente que aclarar que «León es una provincia entre el verde gallego, el carbón del valle de Laciana y las anchas y cereales tierras castellanas», pues la ignorancia es infinita y el saber escasea en todas partes.

Si crees todo lo que lees, mejor no leer
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