jueves 23/9/21
FELIPE J. PIÑEIRO poeta

«En León, la poesía está a pie de barra»

«La poesía se parece a la música. ¿Cuántos cantan temas de Rammstein sin saber nada de alemán?» «‘Crisálida’ nace porque en un momento dado sentí la necesidad de realizar una catarsis, un lavado de vida»
Felipe J. Piñeiro es el autor de ‘Crisálida de luna’, poemario con prólogo de Rafael Saravia y epílogo de Azarías DLeyre

Dice Piñeiro en su poema XIII del capítulo Tránsito, uno de los tres que componen su último libro, Crisálida de luna: «Los poetas ya no lloran lágrimas/ lloran letras de aceptación/ mientras caminan en grupos como manadas/ que han de defender un territorio/ lleno de trampas y traiciones». Denuncia de pesebres y de conveniencias que resulta buen ejemplo de la única bandera blanca que este autor ferrolano afincado en León desde los siete años ha decidido enarbolar con todas las consecuencias: la de la libertad creativa. Una actitud independiente, la de este poeta y activista cultural, defendida a golpe de estrofas y tertulias, cuya último título ya está en la calle.

—¿Cómo y en qué contexto engendró esta ‘Crisálida’? ¿Qué circunstancias, emociones o hechos ayudaron al nacimiento de estos versos?

—Esta Crisálida se engendró, creo recordar, a partir del otoño de 2010, y las circunstancias fueron una mudanza más de las ya bastantes que llevo realizadas... El cambio fue tan radical en todos los sentidos que sentí la necesidad de realizar una nueva catarsis, un lavado de vida, así surgió la Crisálida, y de luna, porque es cierto que la noche me hipnotiza (a veces).

—¿Qué ha cambiado en Felipe J. Piñeiro después de experimentar esta ‘metamorfosis’?

—Algunos cambios se producen poco a poco, muchas veces sin ser conscientes de ello hasta que un buen día te autoanalizas y están ahí. Por eso creo que más que debidos a esa ‘metamorfosis’, los cambios se deben sobre todo a la edad y a lo que vivimos, pues todo eso y más nos condiciona también en nuestros comportamientos y, cómo no, en los cambios.

—La muerte, el viaje, la pasión, el cambio, las presencias y las ausencias... Son temas con los que el lector se topa al recorrer sus versos; pero, ¿qué dice usted cuando algún conocido le pregunta: «Así que has escrito un libro, ¿eh? ¿y de qué va?»

—Lo primero que uso es la palabra «pensamientos» en un intento de que la o las personas no salgan corriendo o pierdan el interés. Y después, si te dan la oportunidad, el mejor y más conciso ejemplo sería el siguiente: «Es el desarrollo de una crisálida en sus tres formas... adaptada a tu forma humana».

—¿La poesía le sirve más al que la escribe que al que la lee?

—Depende, es muy subjetivo, pero como lector y escritor a un tiempo, me aporta más escribir a nivel personal que leer, aunque esto último, claro, es indispensable.

—¿Recuerdas en qué momento de su vida sintió el flechazo (o el arponazo) de la poesía? ¿Cuáles son los autores que no pueden dejar de formar parte de su memoria lectora? ¿Y en prosa?

—Sé que comencé a los 15 o los 16 años, pero verdaderamente se convirtió en auténtica terapia a partir de los 19, una vez licenciado del servicio militar. Y entre los autores que nunca quiero que se alejen de mí están, por ejemplo, Allen Ginsberg, Jack Kerouac, William S. Burroughs, Walt Whitman, Charles Bukowski... pero no me olvido de otros muchos españoles, latinoamericanos o mexicanos (todos ellos clásicos). Y en prosa o prosa poética creo que por encima de muchos destacaría a Federico García Lorca, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Antón Chéjov, José Saramago o Edgar Allan Poe.

—¿Para qué sirve la poesía? (esta pregunta va dirigida a todos aquellos que abren un poemario y dicen no entender nada).

—La poesía es como la música. Por poner un ejemplo, ¿cuántos no habrán bailado como locos un tema de Rammsteim y no saben alemán ni lo que significa la letra? La poesía es como todo lo demás en la vida, solo te gusta si el primer contacto te despierta curiosidad o remueve tus entrañas (para bien o para mal).

—Imagine por un momento que le nombraran consejero de Educación. ¿Qué haría para que la poesía estuviera más presente en los planes de enseñanza?

—Imaginar eso es masoquismo pero, haciendo un gran esfuerzo, lo primero que haría sería conseguir que la poesía fuera una asignatura que no puntuase; lo segundo, buscar la poesía más adecuada a la edad del alumno; y lo tercero, enseñar a los jóvenes a aprender, valorar y divertirse con ella, pero no solo la poesía, sino la literatura y el arte en general.

—Parece que se ha conseguido sacar la poesía y las tertulias a la calle y a los bares en León, ¿no es esto un pequeño gran triunfo?

—Se ha conseguido sacar a la calle, a los bares... a pie de barra está más presente que nunca, y sí, puede tomarse como un pequeño gran triunfo a costa de horas de trabajo y muchas veces de financiarse uno mismo, pero ¿hasta cuándo podremos aguantar este ritmo sin ayudas y que éstas sean justas y no para los cuatro de siempre? Sí, un pequeño gran triunfo que prefiero observar desde la realidad y con los pies muy en el suelo.

«En León, la poesía está a pie de barra»
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