martes. 31.01.2023

«Cancionero del Bendito Cristo de Santa Marina de Coyanza» y otros poemas

Gilberto Blanco Álvarez. Edición póstuma de Luis Estrada González. Ed. Agustiniana, Madrid, 2011. 392 pp.

El padre agustino leonés Gilberto Blanco Álvarez, natural de Valencia de don Juan, vivió entre 1872 y 1938. Sesenta años después de su muerte, en 1998, se publicó su Cancionero de la Consolación y otras poesías, al cuidado del padre Luis Estrada, que preparaba también la edición del Cancionero del Bendito Cristo de Santa Marina de Coyanza cuando lo alcanzó la muerte en 2009. Al padre Estrada lo recuerdan en las páginas iniciales algunos de los que tuvieron relación especial con él. Por su parte, José Luis Puerto traza un «Ensayo sobre la obra poética del padre Gilberto Blanco», en el que señala que éste, coetáneo de noventayochistas y modernistas, está, sin embargo, «muy alejado, por su temática y su estilo, tanto de los unos como de los otros», pues se instala más bien en formas tradicionales y en técnicas de la poesía realista del XIX. Dos claves de entendimiento inicial de la poesía del padre Blanco ofrece J. L. Puerto: la temática leonesa y la de inspiración mariana (donde hay que situar su himno a la Virgen del Camino, reina y madre, tantas veces cantado por los devotos); hay que añadir la de inspiración cristológica, pues el Cancionero ahora editado va referido al Cristo que –escribe el padre Gilberto- «no ha mucho se veneraba en el ya –desgraciadamente para el arte y la devoción- destruido y raído templo de Santa Marina de Coyanza». Los poemas dedicados al Cristo de Coyanza no otra cosa son que deprecaciones y plegarias: «A tu presencia / vengo, Señor, / vengo a pedirte / gracia y perdón». A otro Cristo va dedicada la siguiente serie del libro: el Cristo de la Pelota, leyenda de Calahorra que el padre Gilberto recitó en la ciudad con motivo de la llegada a la diócesis del obispo leonés Fidel García Martínez, represaliado por Franco en 1952. Otra sección de romances alude a San Agustín, el patrono de una orden en la que militó uno de nuestros grandes clásicos, fray Luis de León. Incluye esta edición el «Romance del Paso Honroso», que en 1934 fue premiado por la Diputación leonesa para celebrar el V centenario del célebre, si extravagante, torneo. Aparecen, además, algunos otros poemas en relación con Coyanza, «con febril inspiración por guía».

Leídos hoy estos versos, se confirma lo señalado por Puerto, respecto a su adscripción en la tradición literaria española, pero hay algo ciertamente apreciable: fervor, sentimiento religioso, sentido poético. Más aún: en la poesía leonesa anterior a la guerra civil, tan precaria en general, tan pobre e insulsa, tan conservadora y pacata en todos los sentidos, la del padre Gilberto destaca por su autenticidad, propia de un padre agustino que mueve la pluma por el amor a Dios y las querencias y de sus paisanos coyantinos.

Gloria y honor de Coyanza
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