viernes 10.07.2020
Literatura

Guerra Fría por ‘Doctor Zhivago’

Lara Prescott novela el fuego cruzado entre la CIA y la KGB
La escritora de la novela, Lara Prescott. LUCA PIERGIOVANNI
La escritora de la novela, Lara Prescott. LUCA PIERGIOVANNI

Sabe bien Lara Prescott que «la literatura es tan poderosa o más que las balas o los tanques». Lo fue especialmente en la Guerra Fría, cuando el KGB y la CIA utilizaron como una «bomba literaria» Doctor Zhivago, la gran novela de Borís Pasternak (1890-1960). Prescott recrea la batalla de «dos perversos sistemas» en torno al universal relato en Los secretos que guardamos (Seix Barral). Es la primera novela de la autora estadounidense (Greensburg, Pensilvania, 1981), se ha vendido en más de treinta países y no tardaremos en verla en el cine.

«Es un libro sobre el libro que condenó y censuró la KGB y que la CIA usó como un arma política y propagandística en plena Guerra Fría, cuando aún pensaban que la literatura podía cambiar el mundo», dice la autora. Los amores imposibles de Lara Antípova y Yuri Zhivago en la Rusia postbolchevique que narró Pasternak dieron pie al peliculón de David Lean en 1965, pero irritaron al régimen soviético, que consideró la novela subversiva y herética.

Fueron mujeres las que salvaron al libro y a Pasternak, y son ellas las verdaderas protagonistas de esta apasionante historia. De un lado Olga Vsévolodovna Ivinskaya, amante, secretaria y agente de Pasternack, «que sin ella jamás hubiera terminado el libro». Fue Olga quien inspiró el personaje de Lara y sufrió las represalias que Moscú no pudo ejercer contra el poeta y escritor, quien le alentó a concluir y publicar un libro que le costaría un aborto, años de torturas, el destierro en el gulag y la vida. Del lado occidental, las protagonistas son dos espías, Irina Dorozdova y Sally Forrester, creadas por Prescott para representar a las mujeres de CIA que, con su labor callada y oscura, fueron determinantes para la difusión de la novela en Occidente.

«Invitados a mi ejecución»

El original salió de la URSS clandestinamente en 1956 y se publicó en Italia en 1957 gracias al empeño de Feltrinelli. «Están invitados a mi ejecución», dijo Pasternak al entregar al emisario del editor italiano un original que tardó más de una década en escribir y que devendría en una bomba política. Zhivago quiere decir vida, pero paradójicamente, generó una estela de tortura y muerte al ser utilizado por los servicios secretos de Moscú y Washington. Tras su edición en Europa y la distribución en la Exposición Universal de Bruselas de 355 ejemplares impresos en los Países Bajos, circuló clandestinamente por la URSS hasta su publicación legal en 1988, ya con Gorbachov en el poder. «Su aparición fue determinante para el impulso de la Perestroika», dice Prescott.

«La KGB y la CIA han sido igual de perversos. Han causado mucho mal en el mundo y son responsables de muchas muertes y mucha destrucción», lamenta Prescott. «Al principio la CIA tenía más que ver con la promoción de libertades y utilizaba los libros como armas, pero su deriva fue terrible, convertida en un medio de control e injerencia en otros países», agrega.

«El propio Jruschov se preguntó cuando leyó Doctor Zhivago por qué se prohibió un novela ‘sin nada antisoviético’, y los rusos se cuestionaban en 1988 por qué no habían podido leer una obra maestra», dice Prescott, que lamenta que con Putin en el poder «las cosas no hayan cambiado demasiado». «Perviven la censura y los tics totalitarios del estalinismo qué condenó a Pasternak y mató a Olga. Se censura a los escritores y se controla la cultura», lamenta la escritora. «Vivimos un auge de las la figuras totalitarias en todo el mundo, incluidos los Estados Unidos», denuncia Prescott, que verá su novela publicará en Rusia «pero me temo que no en China».

Borís Pasternak era el poeta más famoso de Rusia. La gente recitaba sus versos de memoria, pero se criticó como una muestra de cobardía que no aceptara el Nobel que se le concedió en 1958 «que él quería y deseaba».

«Pensaba que afianzaría su posición, pero la campaña en su contra del Kremlin fue tan intensa que la disyuntiva era rechazarlo o dejar la Unión Soviética, lo que nunca quiso hacer». «No fue muy valiente como persona, pero era a su manera de proteger a quienes quería», dice Prescott. «Desde que mis padres decidieron llamarme Lara, como la protagonista de ‘Doctor Zhivago’, el libro me ha acompañado. Crecí viendo la película de David Lean y leí la novela muchas veces, hasta que en 2014 se liberaron los documentos que revelaba que el libro se había usado como un arma política para debilitar a la URSS» explica Prescott el origen de su novela.

Guerra Fría por ‘Doctor Zhivago’
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