martes 20/10/20
Novela

«La historia de la Legión Cóndor tiene mucho que contar todavía»

‘Stuka’ (editorial algaida) no es solo la historia de un avión de aspecto siniestro y de un piloto nazi. en la nueva novela del periodista Carlos Fidalgo late la identidad sexual y la violencia que se ejerce contra las mujeres en tiempos de guerra

El escritor y periodista del Diario de León Carlos Fidalgo. ANA F. BARREDO

Ha combatido en Afganistán y en las trincheras de la I Guerra Mundial en sus dos anteriores novelas —El agujero de Helmand y La sombra blanca—. En su nueva aventura literaria el escritor y periodista del Diario de León Carlos Fidalgo pilota un Stuka, uno de los temibles cazas alemanes conocidos como ‘Las trompetas de Jericó’, cuyo primer campo de entrenamiento fue la Guerra Civil española.

—¿De qué va ‘Stuka’?

—En apariencia es la historia de un avión siniestro. Una máquina de matar que sembró el terror en la Segunda Guerra Mundial, sobre todo durante la invasión nazi de Polonia, y los días en los que se fogueó en España y bombardeó los pueblos del Alto Maestrazgo en Castellón con la Legión Cóndor. Pero detrás de la sombra que deja el avión hay una historia sobre la identidad sexual y la violencia que sufren las mujeres en tiempo de guerra. Las violaciones como arma de castigo, también por parte de quienes vencieron al nazismo, algo de lo que solo se ha empezado a hablar en los últimos años, porque durante mucho tiempo fue un tema tabú.

—En  ‘El agujero de Helmand’  retrataste el infierno de Afganistán, en  ‘La sombra blanca’  te colaste en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, y ahora ‘ Stuka’, sobre un piloto nazi. ¿De dónde te viene la afición por los temas bélicos?

—Stuka comienza con un episodio real; el día en que la reportera inglesa Clare Hollingworth descubrió los tanques alemanes agazapados al otro lado de la frontera con Polonia, listos para la invasión. De joven, había viajado con su padre por los lugares de Inglaterra donde se había producido combates históricos, incluso en unas vacaciones se habían desplazado a Francia para conocer las trincheras de la Primera Guerra Mundial. En Stuka, Hollingworth está fascinada con la guerra porque le horroriza. A mí me pasa lo mismo.

—Supongo que ya eres un experto en armamento militar....

—He procurado introducir en la novela la documentación sobre el avión que es necesaria para la trama. Sobre todo, a la hora de contar cómo el Stuka invertía el vuelo y se lanzaba en picado, que era aterrador si además hacía sonar la sirena. Pero la buena documentación es la que no se nota y está solo al servicio de la historia.


Portada de la novela. DL

—‘Stuka’ también habla sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres... ¿Es una novela feminista?

—No me atrevería a ponerle etiquetas. Si alguien la quiere ver así, me parece bien. Pero creo que sería simplificar la historia. En El agujero de Helmand no aparecía ninguna mujer porque la trama en torno a un grupo de marines norteamericanos aislados en un promontorio rocoso no requería ningún personaje femenino. En Stuka me apetecía explorar otros personajes más complejos y otras situaciones. En esta historia tenemos a un piloto nazi, un verdugo, al fin y al cabo, que no se acepta a sí mismo, y dos mujeres que en distinta medida sufren la violencia de la guerra y reaccionan de forma diferente. Pero quizá el verdadero corazón de la novela está en un personaje de la historia de Castellón, futuro guerrillero antifranquista en la agrupación de Levante, Florencio Pla Messeguer, que nació con el nombre de Teresa y no sabe si es hombre o es mujer, o las dos cosas a la vez.

—¿Los mejores argumentos siempre están en las páginas de los periódicos?

—Son una fuente inagotable. En el origen de Stuka está la polémica, que leí en la prensa y fue el tema de un documental seleccionado a los Goya, Experimento Stuka, sobre la verdadera dimensión de los bombardeos de los primeros Junkers 87 (ese es el nombre de fábrica del avión) en los pueblos del Alto Maestrazgo. Y el experimento existió, claro que existió, pero no fue bombardear cuatro pueblos más o menos alejados del frente en el Alto Maestrazgo. Fue traer el Stuka a España para foguearlo en la Guerra Civil.

—¿Berlín es más que un escenario en la novela, no?

—Es el otro gran escenario de la novela, junto a Benassal, en el Alto Maestrazgo. El Berlín del que hablo es el del esplendor del régimen nazi en los Juegos Olímpicos de 1936, el de los últimos cabarets canallas, porque al nazismo no le gustaban esos espacios de ‘libertinaje’. Y como contrapunto, el Berlín del hundimiento del Tercer Reich, con el deambular de una trabajadora extranjera, mano de obra semiesclava en una fábrica, por una ciudad en descomposición, asediada por el Ejército Rojo. Tenía ganas de volver a Berlín después de situarlo como escenario de algunos cuentos de Septiembre Negro.

«No podía terminar una novela en la que apareciera la Legión Cóndor sin hablar de su paso por León»

—Jesse Owens, un atleta de color ganó la medalla de oro en las Olimpiadas de 1936, en una Alemania con un creciente racismo. El rival de Owens, el alemán Luz Long, medalla de plata, le ayudó todo lo que pudo. ¿Esta historia equilibra la barbarie que se relata en el libro?

—Owens y Luz Long son dos de los personajes de Septiembre Negro que han saltado a Stuka. Que un atleta negro ganara cuatro medallas de oro en unos Juegos Olímpicos organizados por un régimen racista y en una de las pruebas le ayudara un atleta ario que quedaría señalado por los nazis es una historia tan poderosa que no se podía agotar en un cuento. La paradoja es que los atletas afroamericanos no sufrieron la segregación racial en Berlín porque no les convenía a los nazis y se encontraron a su vuelta a los Estados Unidos con los mismos prejuicios.

—En la novela incluyes un episodio inquietante ambientado en León durante la despedida de la Legión Cóndor.

—No podía terminar una novela en la que apareciera la Legión Cóndor sin hablar de su paso por León. Y el momento en que Franco y Wolfram Von Richthofen, el primo del célebre Barón Rojo, despiden con honores a los aviadores alemanes en La Virgen del Camino es un aviso inquietante de lo que en pocos meses va a ocurrir en Polonia. El Stuka ha demostrado que está listo para matar…

«El ‘Experimento Stuka’ existió. El objetivo era traer el bombardero a España para foguearlo en la Guerra Civil»

—La Guerra Civil española fue el escenario perfecto para que la Alemania de Hitler probara su maquinaria bélica. ¿La historia de la Legión Cóndor fue más sanguinaria de lo que nos han contado?

—La historia de la Legión Cóndor todavía tiene mucho que contar. Lo estamos descubriendo ahora con nuevas publicaciones. Los primeros bombardeos serios de civiles ocurrieron en la Guerra Civil, como aviso de lo que después pasaría en Londres, en Conventry, en Dresde o en Berlín. También en Hiroshima, no lo olvidemos.

—‘Stuka’ arranca con la invasión nazi de Polonia, exclusiva adelantada por la corresponsal británica Clare Hollingworth. Hubo más mujeres, pero los periodistas recordados son hombres...

—Las mujeres que cuentan la guerra nunca han tenido la misma visibilidad que los hombres. Hasta ahora nos acordábamos antes de Robert Cappa que de Gerda Taro. O de Ernest Hemingway antes que de Martha Gellhorn. A Clare Hollingworth, el general Montgomery no la quería en sus ruedas de prensa durante la campaña de África contra Rommel. No quería mujeres en el frente. Por lo demás, creo que si hubiera más mujeres en los lugares donde se toman esas decisiones habría menos guerras.

—¿Qué te da la literatura que no te da el periodismo?

—La libertad de la ficción.

—¿La próxima novela también será en un campo de batalla?

—Me gustaría que fuera en un barco y en una ciudad vertical.

—En una novela con tantos acontecimientos históricos, ¿lo más difícil es la labor de documentación?

—Es muy entretenido. Busco la información que me pide la historia. Y en la medida de lo posible, y en esto se parece al periodismo, si puedo entrevistar a testigos o pisar escenarios reales, como hice con Benassal, mejor.

—El Premio Tristana, el Tiflos y el Premio Letras del Mediterráneo, has ganado un premio por libro. ¿En qué medida los premios afianzan la carrera de un escritor?

—Esos premios me han ayudado a publicar en buenas editoriales desde hace diez años. Y siempre las historias que quería contar. Sin esos premios yo no habría llegado a las librerías.

«La historia de la Legión Cóndor tiene mucho que contar todavía»
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