domingo 25/7/21

La infancia literaria que corroe la desidia

Concepción Arenal, Concha Espina, Josefina Rodríguez Aldecoa, Enrique Gil y Carrasco... la infancia de las letras de la provincia no tienen quien les recuerde.
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La residencia veraniega de Josefina Aldecoa. PLANILLO

Nada, como la novela con la que Carmen Laforet inauguró un género en el que por primera vez, como dijo  Carmen Martín Gaite, la mujer se atrevía a desafinar. Nada es precisamente lo que se ha hecho después de una década durante la que las promesas ni siquiera se recuerdan. Las voces aseguraron entonces que la ruina se despejaría y las casas en las que una vez moraron los escritores leoneses volverían a levantarse. Sin embargo, de nuevo, nada, un nada absoluto porque ya no hay qué restaurar, qué conservar, nada que pueda perdurar como huella de que un día la provincia les brindó los paisajes y la atmósfera en la que se desenvolvió su infancia.
Es el caso de Josefina Aldecoa, cuya infancia transcurrió entre La Robla, donde estaba la casa de sus abuelos maternos, Sabero y León. La razón fue la profesión de su madre, que era maestra rural. Entre 1935 y 1936, la escritora se trasladó a León a casa de unas tías y allí estudió la preparatoria en el instituto. Aquí también pasó la Guerra Civil —«mi toma de conciencia política surgió a raíz del fusilamiento de mi profesor en León», recordaba la propia autora—. Hace cuatro años, la casa de sus abuelos donde ella pasaba los veranos fue cedida al Ayutamiento por los herederos de la escritora y éste se comprometió a rehabilitarlo sin que, por el momento, nada se sepa del proyecto de rehabilitación, de la consignación presupuestaria ni, por su puesto, de las obras. 

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La casa de Villafranca donde nació Gil y Carrasco. L. DE LA MATA


Peor suerte corrió Villa Odila. Situada en medio del encinar de Castrillo de las Piedras, la residencia de verano de la familia Panero — tenía varios edificios, una alberca y un palomar— fue derribado por la mano del hombre a mediados los años noventa. Hace siete años, el ayuntamiento puso en marcha un proyecto para levantar la antigua panera y convertirla en un centro cultural. Los fondos con los que se pretendía realizar el proyecto se solicitaron con cargo al Plan Leader, que al final la subvención se perdió. 
Y, sin embargo, fue pecisamente allí donde falleció el patriarca de una saga que acabó sumida en el desencanto y fue precisamente en ese lugar en el que se rodó parte de  la película con la que se desveló la historia de una de las familias más admiradas durante el franquismo. 
Villa Odila era la finca de veraneo de la familia Panero y fue punto de encuentro de escritores e intelectuales durante los años oscuros del primer franquismo. De hecho, un sobrino segundo del poeta, Manuel Pastor Martínez, cuenta que su abuela le contaba anécdotas del poeta durante los años de la guerra civil o en la posguerra: «Una vez regresó a la Casa del Monte, a altas horas, en compañía de sus amigos procedentes del baile en el Casino de Astorga, y comenzaron a romper con sus puños, pronto ensangrentados, los cristales del mirador en la residencia, rimando enloquecidos entre carcajadas: «¡Que pague Moisés, que es burgués!». En otras ocasiones, más tranquilo y cercano, se sentaba junto a ella, ayudándola a desplumar pichones en el palomar».
Hoy, de esa Casa del Monte ni siquiera quedan las huellas de lo que una vez cimentó el espíritu de las letras cepedanas.
La Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores (Acamfe) pretende a través de su web (museosdeescritores.com) poner en valor inmuebles que, lejos de una visión fosilizada y erudita, «salen al encuentro de la sociedad a través de rutas literarias». De Castilla y León sólo figuran la de José Zorrilla, en Valladolid, y la de Unamuno, en Salamanca; mientras, Galicia preserva las viviendas de nueve escritores —las tres de Valle-Inclán y la de Emilia Pardo Bazán—. En León, la ruina se ha apoderado de una gran parte de las casas natales de escritores y artistas, como las de Gordón Ordás, González de Lama, o Martín Sarmiento.
Es el caso de la casa en la que Concha Espina alumbró su novela más brillante, La esfinge maragata. Este inmueble, situada en pleno centro de Astorga Y es que, como hace dos años destacaba Lola Gallardo en El Diario Montañés, la belleza de la casa que habitó la escritora cántabra en Mazcuerras, choca con su vivienda en Astorga, en ruina y a la venta. Y eso a pesar de que una iniciativa ciudadana planteó al Ayuntamiento astorgano habilitar un museo dedicado a la escritora. La casa de Astorga es propiedad de unos particulares que compraron el edificio cuando ya estaba en ruina y ahora sólo esperan una oferta razonable para poder venderla. En 2015 el precio ascendía a 162.000 euros por un caserón de estilo maragato de 230 metros cuadrados y patio trasero. 
Peor ha sido el destino del molino de Villamartín de Don Sancho, donde buscó refugio Concepción Arenal. Sufre tal grado de destrucción que Hispania Nostra lo incluyó en su Lista Roja. La construcción apenas tiene una pared en pie. El edificio lo recibió en herencia la intelectual gallega, importante jurista y escritora realista vinculada al pionero movimiento feminista de finales del siglo XIX. Hispania Nostra denunció «la pérdida total del molino, cuyo valor arquitectónico y, sobre todo, histórico y simbólico, bien merecería su consolidación. Al menos, como señal de respeto a su antigua propietaria, una mujer extraordinaria y destacada intelectual». El molino fue propiedad del padre de Concepción Arenal, que lo heredó a su muerte. Aunque la escritora buscó la inspiración en esta construcción —de un solo piso con cocina, dormitorio, panera, cuadra y oficinas, con una superficie de 234 metros cuadrados—, su hijo acabó vendiéndolo en su nombre en el año 1879 por 7.500 pesetas.
Y, aunque parezca increible, incluso la residencia de Enrique Gil y Carrasco está a la venta. Situada en la calle del Agua de Villafranca del Bierzo y sus cuatrocientos metros cuadrados a través de dos plantas de altura está a la venta por 130.000 euros. Allí nacía el 15 de julio de 1815 el autor de El Señor de Bembibre. ningún comprador se haya interesado por ella en los últimos cuatro años. En novie,bre de 2019 el alcalde declaraba a Diario de León que el ayuntamiento carecía de dinero para comprarla y sobre todo, para afrontar la inversión posterior en restaurarla. «Sin un plan de explotación y con las posibilidades económicas del Ayuntamiento no podemos comprarla», explicaba. Donde el Ayuntamiento no renunciaba a actuar, sin embargo, es en el solar de la antigua casa natal del Padre Martín Sarmiento, adquirido hace tres décadas por la Xunta de Galicia a través de la sociedad Xacobeo 92. 

La infancia literaria que corroe la desidia
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