miércoles 25/11/20
Roberto González-Quevedo ESCRITOR Y FILÓLOGO, hijo de Eva González

«Las mujeres, entonces, no tenían derecho a la cultura»

Con su familia, cruzó el propio frente de guerra atravesando montes, brañas y ríos, entre disparos de ambos lados En un cuaderno del que su familia había oído hablar pero que no leyó hasta hace unas décadas, Eva González fue relatando, en su lengua natal, una vida a caballo entre dos mundos y con una guerra de por medio. Ahora esas notas se convierten en libro
Junto a su hijo Roberto González- Quevedo, hoy lingüista, escritor, profesor y acádemico de la ALLA, con quien editó la mayor parte de sus obras, en una foto de 1970. Y la derech
Junto a su hijo Roberto González- Quevedo, hoy lingüista, escritor, profesor y acádemico de la ALLA, con quien editó la mayor parte de sus obras, en una foto de 1970. Y la derech

Duelme dicítelo, Tiadosu: ía outra nena». Era otra niña, y aquello se vivió en la casa como auténtica desgracia o maldición. Esa es una de las frases más elocuentes del primer capítulo de Hestoria de la mia vida, libro que acaba de editar el Club Xeitu con apoyo del ILC y que plasma la vida de Eva González tal y como ella misma la escribiera, con apretada caligrafía, en un cuaderno repleto de asombrosos apuntes vitales, históricos, etnográficos y lingüísticos. La realidad social del Alto Sil, la guerra, una épica huida a través de los montes, los odios y revanchas posteriores, los grandes y pequeños momentos de la vida... todo ello editado y presentado por su hijo, el escritor y filólogo Roberto González-Quevedo, y prologado por su nieta Irma. Porque aquella casa labradora esperaba un varón, sí, pero en su lugar nació la que acabaría por ser la gran matriarca de la literatura en asturleonés.

—¿Cómo y cuándo aparecieron estas notas biográficas? ¿Las fue escribiendo Eva a partir de un momento concreto, las recopiló cuando ya era mayor...?

—Mi madre, Eva González, generalmente me iba enviando sus textos literarios a medida que los iba escribiendo, para así ir preparando los diversos libros que se fueron publicando. Estas creaciones aparecieron tanto en obras conjuntas (de ella y mías) como en libros individuales de poemas o cuentos. También aparecieron sus escritos filológicos y etnográficos en Pequena enciclopedia de nós. Sin embargo, esta Hestoria de la mia vida no me la mostró ni cuando la escribía ni cuando la terminó. Yo sabía que estaba haciendo algo así, pero no conocí el texto hasta que, cuando ya la enfermedad la agobiaba, me lo entregó un día con dos condiciones: que los publicase yo según mi criterio y que lo hiciese después de su muerte. Terminó de escribir el texto en 1988 y calculo que lo empezó a escribir unos cuatro años antes.

—Entonces, este libro que tenemos en las manos, ¿ha necesitado de un cierto proceso de reelaboración por su parte, o responde casi exactamente al contenido de ese cuaderno?

—El cuaderno que me dio Eva estaba muy bien escrito al principio, pero las últimas hojas tenían demasiados tachones y algunas palabras eran difíciles de entender. Sin embargo, pude recoger todo lo que escribió. La verdad es que he empleado mucho tiempo en preparar esta edición. Como me parece que es una obra trascendental para nuestra literatura, decidí que en el libro se publicasen tres textos. Por un lado está el texto del manuscrito tal como ella lo redactó, porque estoy seguro de que hay un público que quiere leer lo que salió directamente de sus manos. Además, hay una versión con adaptaciones a la ortografía más generalizada hoy día, lo que permite una mayor difusión de la obra, aunque en realidad es un texto muy parecido al anterior. Por último, incluye una versión en castellano que yo mismo realicé. Además de las notas aclaratorias, segmenté la obra en capítulos para hacerla más accesible y redacté los títulos de esos capítulos.

—¿Cómo es la lengua que emplea Eva en estos textos?

—Es la misma que encontramos en sus relatos, aunque en esta ocasión no hay concesiones a las imágenes poéticas, tan encantadoras y dulces, a las que estamos acostumbrados en sus versos y cuentos. Pero sorprende la habilidad con que ella va hilando la historia desde el día de su nacimiento, no querido por el padre, que deseaba un varón, hasta los tiempos de la posguerra. Eva maneja la lengua con gran habilidad para reconstruir plásticamente esos momentos decisivos de su infancia y juventud y consigue atraparnos con su relato.

—En esencia, ¿qué cuenta al lector en esta ‘Hestoria’?

—La obra tiene muchas dimensiones y seguramente cada lector encuentra sus propias interpretaciones y prioridades. Yo, que leí muchísimas veces el manuscrito, me he quedado con estas tres ideas básicas. En primer lugar es la vida contada por una mujer que nació en una sociedad campesina y ganadera y que por ser mujer no pudo estudiar ni desarrollar su capacidad intelectual. Su padre había estudiado en Sierra-Pambley, pero no dejó que su hija hiciese una carrera y esto no era un capricho individual, era la consecuencia de unos valores que marginaban a la mujer. Lo más que consintió mi abuelo fue que aprendiese a coser.

En segundo lugar nos cuenta Eva lo cruel que fue la guerra civil para todo el mundo, pero especialmente para su familia. Fueron expulsados de su casa, incautaron sus tierras y tuvieron que huir para que no los mataran. A duras penas pudieron recuperar parte de lo robado, y eso con amenazas constantes de muerte. Sin embargo, no hay en Eva ni rencor ni espíritu de revancha: siempre afirmó que no hay peor cosa que una guerra civil, que siempre debía evitarse y nunca repetirse.

Y, en tercer lugar, estos momentos tristes, aunque con algunos destellos de alegría, nos los cuenta Eva en la lengua de sus padres, abuelos y bisabuelos. Este creo que es su tercer importante mensaje. Un gran mensaje en una obra de gran calidad literaria.

—A nivel histórico, de testimonio vital, es interesante el momento de la huida a Asturias durante la guerra... ¿Qué otros capítulos destacaría?

—Sí, es impresionante cómo relata la huida a Asturias para evitar la muerte, una huida terrible, con muchas penalidades a través de brañas, montes y ríos. Cruzaron el propio frente de guerra entre disparos de ambos lados. Destacaría también el testimonio de su infancia en una época difícil, aunque ella envolvía aquellas carencias con el bálsamo de los mejores recuerdos en una cultura tradicional que siempre recordó con emoción y gratitud. También destaca su relato del estallido de la guerra y la división en el pueblo, así como las penurias y el peligro cuando estuvo refugiada en Asturias y Santander. Incluso cuenta cómo, mientras caían las bombas en el puerto, se subió a un barco para ir al extranjero, aunque finalmente volvió a tierra porque no toda la familia había podido subir a bordo. Otro apartado muy triste es la vuelta al pueblo para tratar de recuperar las propiedades y el tener que soportar la cruel represión y las amenazas, que continuaron especialmente hasta la caída de Hitler y Mussolini. Leyendo estos pasajes es donde más orgulloso me sentí de mi madre: aparentemente frágil, demostró una enorme fortaleza para enfrentarse a la realidad. A las provocaciones y las canciones agresivas, respondía, cuenta, con la cabeza alta y, a veces, hasta con la risa. Las últimas líneas de la obra las dedica Eva a su visita al padre preso en una isla y al regreso del propio padre a casa, ya muy enfermo después de más años de los que decía la condena, en campos de concentración. Fue por culpa de quien manipulaba los expedientes. Y ahí termina la historia de Eva. Es como si, después evocar aquellos años, no tuviese fuerza para más.

—¿Por qué publicar el texto en edición bilingüe?

—Porque creo que es una obra que merece la pena que conozcan también las personas que de otro modo no podrían acceder a esta experiencia vital de Eva. Fue, por cierto, una sugerencia del editor.

—¿Por qué cree que Eva empezó a escribir (y a publicar) en su lengua natal? ¿Qué le movió a ello? En su familia, ¿había cierta tradición lectora, ‘ilustrada’?

—Quería vivir de nuevo en aquella maravillosa cultura de su Palacios natal, tan hermosa y profunda, y no dejar en el olvido aquella lengua tan armoniosa y sonora, sin la cual las cosas no serían nunca lo mismo. Nos cuenta Eva que su madre Felicidad era una lectora empedernida, tenía un arca llena de libros. Pero Felicidad no pudo aprender a escribir en la escuela, aprendió estando ya casada: tuvo que enseñarle mi abuelo. Las mujeres no tenían derecho a la cultura.

—¿A Eva le interesaba los procesos de recuperación de la lengua en otros lugares de León y Asturias? ¿Se sentía parte de un proceso más amplio?

—Sí le interesaban y era muy consciente del movimiento literario en el que también estaba inscrita su propia obra. Participó en diversos actos, pero siempre al margen de toda consideración política. A ella le bastaba con escribir y recrearse en las palabras que tenía tan grabadas en su interior.

Eva con su esposo Enrique González-Quevedo, en Palacios del Sil. 

«Las mujeres, entonces, no tenían derecho a la cultura»
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