domingo 15.09.2019
ROBERTO GONZÁLEZ-QUEVEDO FILÓLOGO, ANTROPÓLOGO Y ESCRITOR

«Las palabras son también tesoros»

«Veo que la gente de la zona quiere respirar un poco, que no la ahoguen del todo al arrebatarles la memoria»
«Las palabras son también tesoros»

¿Cómo se escribe, tsobu o l.lobu, o sea, cuál es la mejor forma de transcribir el sonido más típico, esa chasqueante palatalización, del leonés occidental? ¿Y cuál es la diferencia entre estos tres términos, tan parecidos, ía, ya y yá? A esas y otras muchas dudas responde Gramática de nós, obra editada por la asociación Amigos de Sierra Pambley y que firma el filólogo, antropólogo y colaborador de Diario de León Roberto González-Quevedo (Palacios del Sil, 1953) con el objeto de aclarar un sinfín de cuestiones relacionadas con la escritura de esta singular lengua romance.

—¿Por qué escribir y publicar esta ‘Gramática’, a qué necesidad concreta responde?

—Esta Gramática de nós es posible por el gran interés que en los últimos años está despertando en el público nuestra lengua, especialmente por parte de los escritores. Responde, por tanto, a la demanda de los autores de Palacios, Laciana, Babia, Luna, Omaña y zonas limítrofes. A medida que crecía la producción literaria, los escritores me comunicaban continuamente que les era necesaria una referencia rigurosa por la que orientarse a la hora de fijar por escrito la lengua.

—¿Qué estilo y estructura ha elegido para alcanzar esos fines?

—Esta era una cuestión importante. Por un lado he usado, como es lógico, la terminología que últimamente se usa en los estudios gramaticales, pero al mismo tiempo he procurado no distanciarme demasiado de las gramáticas clásicas, porque gran parte del público fue alfabetizado en ese tipo de libros y se sienten desconcertados cuando se encuentran con términos nuevos.

—¿Cómo ha solucionado problemas ya antiguos como la dualidad ‘ts’/‘l.l’?

—Como es sabido, cuando comenzamos a escribir usábamos el dígrafo ‘ts’ para referirnos a nuestro fonema más característico. Este dígrafo triunfó entre nuestros lectores porque se identificaban plenamente con él. Pero a medida que se consolidaba la institucionalización de la lengua en el conjunto del dominio lingüístico, nos vimos obligados a sustituir esa grafía por ‘l.l’. Fue un momento difícil y doloroso. Supuso un parón de varios años en la producción literaria, pues la mayor parte de nuestros escritores se sintieron traicionados y humillados de tal manera que abandonaron su compromiso y su labor en la escritura. Para mí fue un dilema muy triste y me vi obligado a seguir lo que mandaba mi cabeza, no mi corazón. De hecho, es una herida que tengo dentro y lo mismo les ocurre a otros autores de aquella época. Pasados los años, no faltan quienes piensan que algunas personas lo hicieron para perjudicarnos, porque le molestaba la pujanza de nuestra literatura.

—¿Qué razones aduce para esta elección?

—Emocionalmente yo me hubiera quedado con ‘ts’, pero me daba cuenta de que eso nos conduciría a la marginación de nuestra lengua y literatura, excluidas de toda protección. Sopesando las cosas y buscando la supervivencia ante el principio de realidad, asumimos la nueva grafía y, aunque con dificultades y con el desconcierto del público, hemos conseguido resistir y dar continuidad a nuestro proyecto. Ahora, pasados los años, reconozco que la nueva grafía nos ha traído también beneficios: mejor comunicación con el resto de lectores del idioma y coherencia con la justificación etimológica.

—¿Cuáles son las dudas y confusiones más comunes entre la gente a la hora de escribir en esta variante del asturleonés?

—Las más comunes son las que tienen que ver con el tema de las grafías y de seguir una norma de escritura porque, al ser una lengua exclusivamente oral hasta hace muy poco, a la gente le resulta a veces extraña cualquier expresión escrita. Por otro lado, los paradigmas verbales, las formas de los personales o las distintas estructuras gramaticales en general también plantean titubeos a los interesados en escribir. Por eso reclaman una referencia para salir de las dudas y escoger las formas propias, auténticas y, además, fijadas en consonancia con el conjunto del dominio lingüístico.

—¿Percibe interés, curiosidad, preocupación... en la comarca, para con su habla propia?

—Sí, lo percibo con claridad. Cada vez hay más interés por recuperar este patrimonio cultural y lingüístico. Aumenta de día en día la curiosidad por conocer el léxico, la fraseología, la relación entre palabras y cosas y, por supuesto, las normas gramaticales de esta lengua milenaria y maltratada. Y también hay preocupación porque el mundo en que vivimos tiende a una unificación cultural que puede tener algún efecto positivo pero que también, evidentemente, tiene consecuencias negativas, como lo es perder dimensiones de la diversidad humana. Y cada lengua es una manifestación de esa diversidad de la cultura. Refiriéndome muy específicamente a esta zona, incluiría otra variable sociológica, porque la lengua es una realidad social. Aquí sólo conocemos en los últimos años destrucción, olvido, envejecimiento y aislamiento físico: la gente quiere respirar un poco, que no la ahoguen definitivamente arrebatando hasta la memoria. Y las palabras de nuestros padres y madres son un tesoro, pequeño y humilde, pero un tesoro cultural. Se pide un reconocimiento y ayuda en el plano cultural, fuera de todo tipo de politización.

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