domingo 20/6/21
POESÍA

Me oscurezco para que me entiendas

VIGÍA DE TU PASO Pilar Blanco Díaz Chamán Ediciones, Albacete, 2018. 112 páginas

Poeta constante, Pilar Blanco ha ido delineado un espacio poético cada vez más tupido en libros como Alas los labios (2013) y el que ahora reseño, Vigía de tu paso. Citaba en mi recensión de aquel libro el parentesco con poetas como Celan y Hugo Mújica. No andaba desacertado, puesto que el poemario último se coloca bajo la advocación del poeta argentino que con desnudez de alma y de palabra expresa con extrema parquedad un pensamiento compendioso, como lo hace, con más pensamiento que emoción, otro argentino, Roberto Juarroz, cuyos versos aprovecha Pilar Blanco como lema en varios poemas. Antes de los mismos traza en un prefacio su idea de la poesía con la bella imagen de la gacela que huye hacia el bosque y tras la que sale la poeta llena de riesgos e incertidumbres y sin lograr atraparla. «La poesía es un ejercicio de anhelo y desengaño», escribe, añadiendo: «La poeta que me sé intenta apresar la realidad con palabras siempre insuficientes». ¿Cuál es la es la realidad, esa gacela huidiza?: «La tiranía del tiempo, el misterio de lo que somos, el horizonte de lo por venir. Los ojos que miran, la piel ajena que nos inventa, la emoción tan alta que justifica el dolor»; en suma, preocupaciones hondamente existenciales.

El poemario se organiza en tres secciones, con poemas breves en los que priman la economía verbal y la densidad significativa. Como consecuencia, la poesía resulta compleja y dificultosa. Lo importantes es, como ha escrito Caballero Bonald, que las palabras que describen una idea se sientan como veraces, aunque «en puridad, se ignora lo que significan». La propia Pilar Blanco afirma: «Me oscurezco para que me entiendas». Y sin embargo, intentamos indagar en los motivos que nos salen al paso: la soledad existencial, el abismo desde el que el hombre interroga sobre «el peso de la nada», la visión de los humanos como «aves de alas cortadas» en la jaula del mundo, el anhelo de «ascender sin medida ni conciencia de aire», etc.

Intimidad y diálogo pueden definir esta poesía. Desde la intimidad más honda brotan deseos y pesares, vuelo y caída. Desde la intimidad se observa el mundo, acaso como una proyección de la mirada interior. Por otro lado, la poeta se dirige a un tú que es, a la vez, un yo desdoblado y el otro en el que el yo se reconoce y con el que departe, lo que explica la sección tercera, un diálogo entre el yo y el tú o entre el yo y el otro yo: «Yo crea Tú», como la poeta escribe.

Me oscurezco para que me entiendas
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