martes 17.09.2019
poesía

Mis amargos y fugaces días

el diablo listo y otros poemas Nikolai Gumiliov Reino de Cordelia, Madrid, 2011. 288 páginas el tranvía extraviado N. Gumiliov Linteo, Ourense, 2012. 202 páginas
Mis amargos y  fugaces días

Con pocos meses de diferencia se han publicado en España dos traducciones del poeta ruso Gumiliov. ¿A qué se debe este repentino interés por un escritor cuya poesía permaneció censurada en su país hasta los tiempos de la Perestroika? Gumiliov disfrutó de una vida aventurera y breve: fue fusilado en 1921, a sus 36 años; sin embargo, tuvo tiempo para escribir siete poemarios y de convertirse en uno de los miembros principales del movimiento acmeísta ruso, junto a Anna Ajmátova y Osip Mandelshtan.

Nació el acmeísmo a comienzos del siglo XX como reacción contra el simbolismo, propiciando una poesía realista y artesana, clara y precisa. Duró poco, pues la ideología revolucionaria lo acusó de aristocrático y burgués; pero hacia la mitad del siglo pasado empezó a variar la situación y el acmeísmo empezó a ser considerado uno de los movimientos postsimbolistas de mayor relieve. En este contexto hay que situar las sucesivas traducciones de Anna Ajmátova, esposa, en matrimonio breve y turbulento, de Gumiliov, poeta proscrito por el régimen soviético que, si ha sobrevivido, se debe a la resistencia cultural de unos pocos. Las dos amplias antologías publicadas en España se titulan El diablo listo y otros poemas, de finales de 2011, y El tranvía extraviado, de este mismo año. Traduce el primero Gómez de Aranda, que usa el endecasílabo como traducción de los eneasílabos y decasílabos rusos; y el segundo, José Mateo y Xenia Dyakonova, buscando también el ajuste métrico, algo lógico, dado que Gumiliov compone poemas «invariablemente rimados» y en metros regulares.

Unos y otros traductores, si no conservan la rima consonante original, sí procuran asonantar los versos. La traducción de poesía es siempre problemática. Es posible trasladar el fondo espiritual, el alma del poema, a mi parecer; pero no el aspecto formal. Las buenas traducciones son las que siguen respirando poesía, y éstas lo hacen.

Los poemas de Gumiliov arbitran emoción, sobresalto humano y viveza imaginativa. Las pequeñas escenas de sus poemas cobran sentidos de mayor alcance, como El obrero, el cual, mientras los demás descansan, sigue ante el horno encendido moldeando la bala que ha de terminar con «mis amargos y fugaces días».

Mis amargos y fugaces días
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