viernes 23/10/20

«No son tiendas, son espacios de encuentro social»

l La alianza entre libros y tabernas tiene en León al Sputnik y La Buscona como flamantes exponentes. Filandó n La crisis y los nuevos hábitos de lectura están obligando a las librerías a reiventarse. y una de esas vueltas de tuerca pasa por su diversificación, pues los libros no combinan nada mal con los cafés, los discos y hasta con la moda... «Nuestro objetivo es ofrecer productos alternativos al consumo masivo, diferentes y de calidad», dice José Gago «Hemos demostrado que hay gente con interés en la cultura... y eso da miedo a algunos»
secundino pérez
secundino pérez

Los libros suelen hacer buenas migas con los cafés, las copas y otros bebedizos. Algunos de los más grandes títulos de la historia de la literatura fueron ideados, compuestos o ultimados en licorerías y cafetines, y muy posiblemente ni Hemingway, ni Fitzgerald, ni Faulkner, ni Rulfo, ni el mismísimo Poe habrían llegado a nada de no haber pasado largas horas de compadreo, de reflexión o de pura curda en las tabernas. Una alianza antigua y profunda que hoy regresa de otra manera, con locales donde comparten mesa y repisa volúmenes y botellas, y también vasos, tazas y hasta álbumes musicales. La fórmula no ha venido siendo rara en grandes ciudades, pero en las pequeñas la novedad se resiste. En León, la combinación puede encontrarse al menos en dos lugares: el Sputnik, que acaba de abrir en la calle Legión VII; y La Buscona del bar Belmondo, en Serranos.

«Desde el principio creímos que el concepto de una tienda de ropa-librería-café podría funcionar precisamente por eso, porque las tres tienen la filosofía de ofrecer productos alternativos al consumo masivo, diferentes y de gran calidad. Pensábamos que era posible funcionar al margen y de manera independiente a la tendencia dominante en esos sectores». Lo comentan las tres ‘cabezas’ de Sputnik León, Beatriz Fernández Pascual, Rafael González Rivas y José Gago Jáñez, éste bien conocido por su labor al frente de La Mona se Viste de Seda y por constituir un activo agente cultural en la ciudad. De aquella tienda de ropa ubicada en San Pedro dice Gago que, después de ocho años, «ya le tocaba renovarse». «Teníamos la intención de ampliar el formato y de crear un espacio en el que pudiéramos dar cabida a diferentes actividades. Y es cuando aparecen Bea y Rafa en escena, con un proyecto que encajaba perfectamente», recuerda. Dos personas que se declaran «fanáticos de la lectura» y que comentan cómo la idea de montar una librería les venía rondando por la cabeza desde hacía más de un año. «Durante nuestros últimos viajes íbamos buscando modelos a seguir para que el proyecto resultara viable, y ahí surgió la posibilidad de montar una librería-café. El empujón definitivo llegó cuando José le quiso dar una vuelta de tuerca a La Mona se Viste de Seda», añaden Fernández Pascual y González Rivas.

Y pregunta obligada para ellos es cómo entienden el oficio en unos tiempos en los que regentar una librería es una especie de ‘deporte de riesgo: «Es más que eso, más que hacer puenting o escalar el K2 —acuerdan—. En lugar de competir por grandes volúmenes de ejemplares, nuestra intención es buscar nuestro propio hueco haciendo una selección muy cuidada de títulos y teniendo muy presente a las editoriales independientes. También buscando ediciones especiales, de tal manera que, además de la calidad literaria intrínseca, los libros que es posible encontrar en Sputnik ofrezcan algo más». «También estamos tratando de introducir temáticas más concretas en los campos del ensayo y la filosofía, la música, el cine, la política, los feminismos, la poesía y la poesía joven, y una selección de infantil que aborda también el tema social», prosiguen.

«Para nosotros, dentro del oficio de librero se incluye esa parte de ‘consejero de lectura’ que tratamos de hacer tanto desde la selección de los títulos como en el propio local, hablando con la gente que nos visita», especifican. Y José Gago resume la filosofía de este nuevo y céntrico local sugiriendo que lo más importante para ellos «es ofrecer a nuestros clientes un espacio en el que se sientan cómodos a la hora de poder tomar un café, comprar un libro, un disco, etcétera; más bien crear un punto de encuentro para la gente que busca algo diferente en moda, literatura y música».

lugares inquietos

Y es que Gago sabe bien de lo que habla, curtido como está en las lides de sacar adelante propuestas innovadoras y atractivas en una ciudad no siempre fácil para ello. «Siempre quisimos ser más que una tienda de ropa, y este ha sido nuestro lema desde que abrimos —recuerda—. Empezamos programando conciertos y fiestas como La noche hámster; el Festival de Cortometrajes 48 horas con José Ángel Torrijos, que ya va camino de la octava edición; desfiles de moda, presentaciones de libros o, en los últimos años junto a Bea y Cristina, el Come y Calle que tan buena aceptación ha tenido en León. Ahora estamos de lleno con la programación de este nuevo espacio y preparando lo que será el octavo aniversario de La Mona para el próximo 22 de diciembre».

Los ‘cosmonautas’ del Sputnik reflexionan sobre sus objetivos y comentan que, «además de poder sobrevivir en un entorno tan complicado como el de la venta de libros o vinilos, incluso del llamado slow coffee (café reposado), pretendemos ofrecer una amplia gama de actividades culturales motivadoras, capaces de estimular a tanto a los clientes como a nosotros mismos. Esta es, de hecho, una de las principales ideas que nos llevaron a apostar por este tipo de negocio. Queremos convertirnos en un espacio de referencia en lo que a exposiciones temporales de arte, conciertos, presentaciones de libros o recitales de poesía, como ejemplos más significativos, se refiere».

Pero si de establecimientos inquietos hablamos, no puede faltar el bar Belmondo, auténtica ‘factoría cultural’ que toca los palos de la música, la poesía, la fiesta, la reivindicación social... y que desde antes del verano dispone de un singular espacio literario. Lo explican Yago Ferreiro y Anna Farré: «La Buscona es una pequeña librería de lance que decidimos crear para apoyar las actividades de la feria del libro de León del año pasado y, sobre todo, las del magnífico ciclo de editores emergentes que coordinó Alejandro Díez Garín. Nosotros colaboramos en el off y quisimos recrear el espíritu de una librería antigua mientras durase la feria. Programamos muchas actividades y la acogida de la gente fue tan bonita que decidimos dejar que la librería y su nombre entrasen a formar parte de la ya asentada dinámica de nuestro local. Es importante destacar que nuestra librería se basa en La Libre, una cafetería-librería en la calle Argumosa de Lavapies. Allí venden los libros de sus propios clientes, muchos de ellos personas en riesgo de exclusión, sin sacar beneficio económico de ello. Todo el dinero recaudado va para sus clientes y para sus consumiciones en el local. Aunque tenemos libros que valen mucho más, nosotros establecimos un precio de venta máximo de 10 euros, independientemente de lo que marque el mercado, para ponerlos al alcance de todos los bolsillos».

En cuanto al tipo de libros que encontrarán quienes se acerquen a La Buscona, señalan sus responsables que el catálogo no es excesivamente grande «porque se alimenta del fondo de las bibliotecas de nuestro clientes y son ellos los que traen sus ejemplares para que hablemos de ellos e intentemos venderlos. Como nosotros no ganamos nada en la transacción, nuestra única aspiración es aprender del criterio de nuestros clientes y que esa rueda mágica de compra y venta no se detenga». Pero la relación del Belmondo con los libros no arranca aquí, ni mucho menos: «Tener libros a la venta forma parte del ADN del local desde hace cinco años. Desde que empezamos con el bar siempre hemos tenido a los libros tan cerca como a sus autores —recuerda Ferreiro—. Empezamos vendiendo ejemplares de los escritores que nos habían visitado y con un pequeño catálogo de novedades con los títulos de nuestras pequeñas editoriales favoritas. En cuanto a la convivencia con nuestros clientes, es cierto que existe un respeto reverencial al libro como objeto. Supongo que la gente ya no dedica tiempo a leer en espacios como el nuestro y prefiere echar un ojo al diario o a su móvil, pero a nosotros nos emociona cuando alguien coge un libro y lo comienza a leer mientras se toma un café».

La Buscona, ese sitio en el que siempre se puede decidir entre comprar un libro o volver a dejarlo en el estante, forma parte de un bar que ha impulsado, organizado o alentado numerosas actividades en la ciudad, desde El Día del Watusi a #Plataforma, un espacio de ayuda a autores jóvenes. «Nuestro único motor es la curiosidad tanto por lo que pasa en nuestra ciudad como por lo que pasa fuera —dicen—. El catálogo de la librería cumple en ese sentido a la perfección. Hay poesía, hay ensayo, hay narrativa moderna mezclándose con los clásicos y con pequeñas joyas ignoradas por el mercado pero que a nosotros nos vuelven locos. Y lo más divertido de todo es que este catálogo lo estamos construyendo entre todos y no se basa en nada más que en el compromiso por ofrecer libros con los que hemos disfrutado, de los que hemos aprendido y que ahora buscan un nuevo lector».

Tanto Ferreiro como Farré son muy conscientes de que su modelo de negocio «vive en continua amenaza». Pero también que llevan cinco años «apostando por eventos que hablan por sí mismos», y que han demostrado «que se pueden traer propuestas muy interesantes a León con un presupuesto privado y exiguo, y con asistencia masiva de público. Hemos demostrado que hay gente interesada en la cultura y eso da mucho miedo a las personas que están acostumbradas a dilapidar recursos públicos sin mucho esfuerzo. Es evidente que para que esto siga ocurriendo la asistencia del público sigue siendo el factor esencial, así que esperamos seguir atrayendo su interés».

«No son tiendas, son espacios de encuentro social»
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