miércoles 22/9/21
Tony Martínez

«Nuestra guerra es saber vivir contra nosotros mismos»

Aquiles, Ulises Perseo, Helena, Menelao, Circe, Héctor ... Tony Martínez demuestra con 'Islotes0 (Editorial Equilibrista) que nuestra historia particular sigue centrándose en la cuna de la civilización

El tercer poemario de Tony Martínez se titula Islotes, una obra que el autor define como un viaje por el Mediterráneo «bajo el mismo cielo azul de la épica homérica» y la música de Eleni Karandrou (Ulysses Gaze) sonando siempre. Pero Islotes es mucho más que eso: es el mismo viaje de Odiseo si el héroe hubiera decidido sentarse a escribir tras alcanzar Ítaca. El poeta habla de amor con la nostalgia del que sabe que al final siempre es un recuerdo, aunque no sabemos si se refiere a Circe o a Penélope, y de la eternidad que avistamos cuando sabemos que el mar también nos devolverá a tierra firme. Islotes es una joya que la editorial, La equilibrista, presenta casi desnuda, para no pervertir al lector con falsos prejuicios de naderías publicitarias, una palabra que parece surgida del demiurgo del Egeo, el mar en el que comenzó este viaje.

—Realmente existen los infiernos? Y existió Ulises?

—Desde el mito del eterno retorno podemos imaginar que la figura de Odiseo es un constructo literario,una creación a medio camino entre la realidad y la necesidad. Odiseo es una representación del ser humano,el dolor,la esperanza,el olvido,el regreso, la fortaleza son algunas de las señas de su viaje. Si no hubiera existido nos lo habríamos inventado. Si no lo hubiéramos inventado, habría existido. Por otra parte, el infierno está dentro de nosotros.

—Y ¿Existió realmente?

—Italo Calvino nos habló en ‘Las ciudades invisibles’ de esos lugares que de tan cerca que están no los vemos. Troya es el origen de nuestra épica, de nuestro alfabeto, de nuestra cultura, etc, de modo que necesitamos que exista Troya, y alimentamos ese sueño para forjar un edad de oro, trágica en cierta forma pero necesaria.

—Ni siquiera el amor de Leonard Cohen y Marianne es como lo contaron.

—Leonard Cohen y Marianne vivieron una historia de amor que se terminó pero no del todo. Nunca se terminan las historias de amor,quedan en algún lugar del corazón, dormidas. Lo bonito de esa historia es la isla de Hidra,lo jóvenes que eran,con esas insolencia maravillosa de querer comerse el mundo y luego vino la ruptura,la canción de Cohen,el recuerdo mutuo en sus lechos de muerte. Esa imagen de imaginarlos, jóvenes y bellos,bañándose en las calas del Sardónico es muy impactante. Y luego deteriorados y envejecidos recordándose,aun mas.

—¿Es amor el amor que no se acaba nunca?

—Escuchando ‘So long, Marianne’, de Cohen y conociendo su historia en Hidra, recreamos ese amor para que no se acabe nunca.

—A todos nos llega la guerra ¿Cuál es la nuestra?

—Nuestra sociedad no concibe ya las guerras como antiguamente. Nuestros abuelos conocieron enfrentamientos armados y si seguimos mirando atrás, hasta las Termópilas o Salamina todas las sociedades pretéritas vivieron con el yugo de morir en combate. Sin embargo las guerras trajeron paradójicamente la paz, crearon héroes,epopeyas,alfabetos.. Nuestra guerra es saber vivir contra nosotros mismos.

—Cada vez somos más islas y menos continentes. ¿Hacia dónde vamos?

—Ni idea de hacia dónde avanzamos. Parecemos personajes de una distopía irreal que han cambiado muy rápido sus modelos válidos desde hace mucho. Se ha avanzado muy deprisa en muy poco tiempo y es como si no estuviéramos preparados,como si hubiésemos saltado una casilla. Ahora hay que sobrevivir y ser isla te blinda, te guarece, te aísla. El concepto de isla es tremendamente interesante para escribir, es un símbolo que nos posiciona ante muchos enigmas humanos. Me atrae mucho, como las islas griegas. Sabes que el gran Lawrence Durrell acuñó el término de islomaníaco para referirse a las personas que sólo sabían vivir en una isla?

—¿Sólo somos nosotros después de la derrota?

— Parece una coincidencia etimológica entre derrota y derrotero, que es el rumbo de un barco. La derrota es consustancial a nosotros, es como el amor, está por ahí fuera, buscándonos.

—¿Cuánto hay desde que dejaste León hasta que llegaste a Grecia?

— Un viaje al azul y un brazo que te atrapa al cruzar el Egeo.

—Pescadores de esponjas; ¿Nuestras vidas se aúpan sobre el sufrimiento del mundo?

—Sobre el sufrimiento o sobre la dominación. Las esponjas, que son unos animales maravillosos,y no plantas como se consideraron durante mucho tiempo,son un símbolo polisémico en Islotes.

—Veo ‘Islotes’ como una leyenda poética que nos llega del confín de los siglos a través de una caracola. ¿Cómo lo proyectaste?

—En una excavación arqueológica en Akrotiri,en la isla de Thera (Santorini) me encontré unos huesos de aceitunas que estaban junto a unos restos. Podían ser de la civilización cicládica que ocupó la isla durante la época micénica. Me pareció una llamada en el tiempo, con la simbología añadida del olivo y del aceite a través del tiempo y del cielo azul.

—¿Circe o Penélope?

—Circe y Penélope. Ambas. Cada una es una representación mítica de la realidad y una proyección de la fantasía con la que nos confabulamos.

—¿El Egeo es solo un mar o es el subconsciente de Occidente?

—Esas aguas han bautizado a nuestro idioma, nuestra identidad. Nos han reflejado el cielo y el curso de los astros, nos han enseñado a mirar el horizonte e ir más allá. Cuando viras cabo Sounión ya eres suyo, ya sientes ese imán.

—¿Ha cumplido su viaje la cultura europea como Ulises?

—Es que Ulises no llega nunca a Ítaca, llega su sueño, su sueño de regresar. Nuestro viaje parte de la edad de oro y continúa en esos sueños que nos mantienen despiertos y albergando la idea de que llegaremos a algún sitio. La filosofía es eso un viaje, ya nos lo recordaron Hume o Descartes.

—¿Qué ocurre cuando matamos a los pretendientes?

—Los pretendientes somos nosotros,como en el poema de Donne. Por nosotros doblan las campanas. Nuestro laberinto interior nos dará la mano de Ariadna pero el Minotauro se reconstruye, y volverá otro Teseo a hacerle frente.

Regreso a Casa

Si me esperas aquí no te prometo/

contarte las penurias de mi viaje/

No te hablaré de la muerte/

de gigantes y ninfas turbadoras/

ni de islas de sirenas/

o del sabor amargo/

de la planta del loto/

No/

Te contarés solamente/

qque este camino a ti/

se lo debo al dolor/

y a la sangre/

de mis compañeros/

Su determinación/

está en mis ojos/

debes saber que todos ellos/

miran por mi en esta hora/

Solo soy/

el último relevo de la muerte/

Si me esperas

los amaré en ti

«Nuestra guerra es saber vivir contra nosotros mismos»
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