lunes. 27.06.2022
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Pasos en la niebla

DEVASTADA POR EL ALZHEIMER, LA NOVELISTA CONCHA ALÓS (1926-2011) FUE EL ÚNICO AUTOR QUE CONSIGUIÓ DOS VECES EL PREMIO PLANETA, AUNQUE LA PRIMERA TUVO QUE DEJAR PASO AL FINALISTA POR TENER FIRMADO UN CONTRATO CON OTRA EDITORIAL. divergente
La escritora Concha Alós, en una imagen de juventud

Ni siquiera le valió entonces el truco de cambiar el título para el concurso, porque uno de sus colegas (Tomás Salvador, el autor de Historias de Valcanillo, la novela de Grajal) andaba receloso y estuvo sobre aviso. Así que le tocó plegar velas y volver a conseguirlo dos años después. Si Concha Alós no hubiera sido una mujer de rompe y rasga, es posible que ninguna alerta gremial hubiera alcanzado a quitarle el premio. Pero tenía los antecedentes que tenía y el terracampino Tomás Salvador había recalado en la policía después de su paso por la División Azul. Así que una vez que se anunció el premio Planeta para Concha Alós, Salvador, que la había desechado en Plaza por sus «tendencias socialistas», monta el número y hace valer el contrato de opción suscrito con Plaza. En aquella España había detalles imposibles de olvidar. Y el tropiezo de Planeta no fue el más grave de su trayectoria. De hecho, cuando Plaza y Janés publicó de inmediato Los enanos (presentada al Planeta como El sol y las bestias), logró un éxito resonante. De ahí, el afán de Planeta por rescatarla rápidamente para su catálogo. En 1962, el premio recayó en su finalista, el tangerino Ángel Vázquez. Con el intermedio de Luis Romero, le llegó de nuevo el turno de reparación a Concha Alós, en la edición número 13, con Las hogueras. Son los dos primeros títulos de su ciclo Los vencidos, que cierra La madama en 1969, cuando las heridas de la guerra cumplen ya tres décadas.

Sin pelos en la lengua

Concha Alós fue novelista de expresión tardía, cuyas obras sirvieron de puente entre las escritoras de su generación (Matute y Martín Gaite) y las de la transición, como Montserrat Roig, Carme Riera o Nuria Amat. Ella lo tuvo bastante más difícil que unas y otras. Primero, por sus vivencias familiares de la guerra, cuya congoja noveló en El caballo rojo (1966), y después por su aventura particular. Había nacido en Valencia, en el seno de una familia obrera, y pasó su infancia en Castellón. Pero al final de la guerra, para huir de los bombardeos, su familia se refugia en Lorca. Casada en 1943 con el periodista conquense Eliseo Feijoo (1913-2006), se trasladan en los cincuenta a Palma de Mallorca, donde el marido va a dirigir el diario del Movimiento Baleares, que había fundado en 1939 su perpetuo subdirector Juan Bonet, padre de la cantante balear María del Mar Bonet. En Palma, la escritora estudia Magisterio, profesión que ejerce en la isla a partir de 1953, a la vez que empieza a escribir. Colabora en la prensa, escribe relatos y su novela Cuando la luna cambia de color queda finalista del premio Ciudad de Palma 1958. Entonces se enamora de Baltasar Porcel, que trabaja como tipógrafo del periódico y es once años más joven. Con él marcha a Barcelona en 1959, dispuestos a vivir la aventura literaria.

DE ROMPE Y RASGA

Las cinco primeras novelas publicadas por Concha Alós describen aquella España que trata de superar las secuelas de la guerra. Los enanos (1962) refleja el universo mezquino y sombrío de la pensión Eloísa, en la que convive un grupo degradado por la necesidad. La autora utiliza un lenguaje bronco para el doble discurso que reproduce, por una parte, los diálogos y actividades del personaje colectivo, mientras por otra muestra la conciencia del inquilino que en cada momento protagoniza la acción. Además, ofrece la pulsión íntima de María, la inquilina que dirige sus cartas a un amante imaginario, mostrando la devastación de una guerra que liquidó sus formas de vida, para situarlos en la menesterosa soledad que los convierte en ‘enanos’. Los cien pájaros (1963) aborda la desigualdad de la mujer a partir de un episodio típico de la época: la chica trabajadora que aspira a escapar de su destino mediante el estudio, y el señorito perillán que la seduce y abandona, después de dejarla embarazada. Ese contacto con las clases acomodadas enciende su rebeldía frente a la desigualdad. Concha Alós rompe una lanza por la liberación de la mujer en aquellos años oscuros. En Las hogueras (1964) dibuja un mosaico mallorquín compartido por pobres emigrantes peninsulares y extranjeros, en el que adquieren protagonismo dos mujeres de diferente rango igualadas por la insatisfacción sexual. Sibila consigue dinero para huir con su amante, pero este se lo roba y la abandona. La mujer no le traiciona, acusándole del robo, y se recluye en una soledad nostálgica. El caballo rojo es el café lorquino en que se reúnen los refugiados de la guerra, cuyas estrecheces evoca con trazos tremendistas, y La madama, con la historia de la matriarcal familia Espín, clausuran el ciclo de Los vencidos.

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