miércoles 11.12.2019

El ‘pícaro’ que levantó la Hispanic Society

En 2020 se cumplen cien años de la publicación del Peralvillo de Omaña, la novela del sacerdote leonés David Rubio, que creó el índice hispano de la Biblioteca del Congreso de los Diputados
El escritor leonés David Rubio. DL
El escritor leonés David Rubio. DL

Se preguntaba Rubyn de la Calzada, en su novela picaresca Peralvillo de Omaña: «¿Por qué han de ser sólo interesantes las Memorias de los grandes capitanes, que, si mucho deslumbran nuestra imaginación, muy poco edifican nuestra voluntad? ¿O las de los profundos filósofos, que, si bien se examinan, no encierran más que un sartal de palabras que sólo ellos entienden, o, mejor dicho, que con ellas cubren su estupenda ignorancia?». Y continuaba diciendo: «Desengáñate, amigo lector: en la contemplación de la vida y hechos de los humildes labriegos o pobres artesanos o pícaros de León, como el presente de estas Memorias, aprenderás la vida real, democrática, sin refinamientos, cosméticos ni enjuagues, tal como la soñó, la vio y la palpó el inmortal Sancho Panza, verdadero ideal de todo espíritu selecto en los presentes tiempos que corren». En estas líneas se resume el espíritu de la novela Peralviño de Omaña, de David Rubio Calzada, una obra que celebra el próximo año su centenario. La novela nos permite inmiscuirnos en la vida de un pícaro, ingenuo y bonachón, poeta aficionado, algo tramposo y ladrón de castañas cuyo mayor éxito es, sin duda, el ingenio y la maestría con que utiliza la palabra.


Rubio Calzada quiso con este libro revivir a través de su personaje los paisajes de Omaña, las tradiciones y el espíritu de un mundo decimonónico que calentó su espíritu durante su vida en Estados Unidos.

 

El escritor Rogelio Blanco considera que la figura de David Rubio se ha ensombrecido a pesar de la importancia que tuvo en la promoción de la cultura española en Estados Unidos a través de la Hispanic Society. Explica que fruto de su prestigio como profesor en Filadelfia, fue nombrado profesor en la Universidad de la tierra de los cuáqueros, Pennsylvania, donde ejerció su docencia desde 1922 a 1926, año en el que ingresó como docente en la Universidad Católica de Washington como profesor de Literatura española. Dos años más tarde, Rubio accede a la dirección del Departamento de Lengua y Literatura románicas. «Su nombre alcanza prestigio y sobre este omañés posa la mirada el humanista e hispanista Archer Milton Huntington, que en 1927 había creado la Fundación Hispánica y a la que dona su importante archivo y fondo bibliográfico especializado en temática hispana», resalta.

 

A partir de ese momento, el sacerdote leonés se convierte en el «guardián» de la sección correspondiente de la reconocida Biblioteca del Congreso, tarea que desempeñarádurante doce años. «Fruto de su labor queda un retrato del agustino en la Sala Hispánica con la siguiente leyenda: En recuerdo y permanente reconocimiento a los servicios prestados por el doctor Rubio a la Biblioteca del Congreso», recuerda el que fuera director general del Libro, Archivos y Bibliotecas.

 

A fin de enriquecer el citado fondo, la dirección del centro, en 1933, envía al padre Rubio en misión a España a fin de adquirir fondos biográficos y establecer contactos con las autoridades educativas españolas. David Rubio se entrevista entonces con el ministro de Educación español, Fernando de los Ríos, y establece acuerdos de colaboración e intercambio de las publicaciones oficiales.

 

Rogelio Blanco subraya que esta relación que se interrumpe en la Guerra Civil, si bien se retoma con el mismo interés a partir de 1941 durante una nueva visita a España del hispanista omañés. «En su regreso a los Estados Unidos publica varios artículos entusiastas ponderando la nueva situación cultural española y destacando la vitalidad de los jóvenes de Acción católica y del futuro prometedor del recién creado Consejo Superior de Investigaciones Científicas», revela el pensador, que añade que durante los años de la contienda se dedicó a visitar todas las repúblicas de habla hispana y portuguesa con el mismo fin colaborativo y de intercambio hasta que en el año 1939 abrió las puertas de la Fundación Hispánica a los investigadores y fue nombrado director, cargo que ocupaba hasta 1943. «Durante los años que el padre Rubio se responsabiliza del fondo Huntington, este logra un salto cuantitativo y cualitativo en su riqueza documental y bibliográfica convirtiéndose en un polo de atracción para los investigadores iberoamericanos afincados en los Estados Unidos», recalca Blanco.

 

Especialmente notorio fue el incremento del fondo de materiales especiales, como el archivo musical folk americano, y se pusieron las bases para que llegara a ser uno de los centros de cultura en español más importantes del mundo. Cuando en 1943 renunció al cargo para seguir dedicándose a la enseñanza universitaria, la dirección de la Biblioteca del Congreso colocó su retrato al óleo en los muros de la Sala Hispánica con esta leyenda: «En recuerdo y permanente reconocimiento a los servicios prestados por el Dr. Rubio a la Biblioteca del Congreso» En 1950 regresa a España y fija su residencia en el colegio San Agustín de Zaragoza tras haber sido reconocido como miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua en Estados Unidos así como miembro de la Hspanic Society of America, del Instituto de España en Washington y también del Mediaeval Academy of America. Fallece en Madrid el 28 de diciembre de 1962, un día antes de su ochenta cumpleaños.

 

SU OBRA LITERARIA

 

Manifiesta Rogelio Blanco que entre la aparente dispersión queda una obra literaria y de investigación relevante que Rubio abordó desde todos los géneros porque «quizá la fuerza creadora del omañés no se podía canalizar en uno solo». En 1911 publica el poemario Cantos de juventud que reedita aumentado en 1915 en Chile con prólogo del profesor Rogerio Sánchez; prólogo en el que se destacan las influencias de Fray Luis de León y de San Juan de la Cruz.

 

El prologuista puntualiza en la proximidad del poeta más a La noche oscura que al Beatus ille de fray Luis y al mismo tiempo señala los ecos provenientes de las Pastorales de Lope y de Ricardo León así como la candidez próxima a Meléndez Valdés. «En este poemario; además de la mística, llama la atención el poema Flor de espino dedicado a una campesina que bien pudiera ser cualquiera que vertiera su esfuerzo en las riberas del río Omaña». revela Rogelio Blanco. Dentro del género poético, en 1923 pública Elegías de otoño, obra que respeta las formalidades del verso clásico; asimismo, en 1930 ,pero como antólogo pública una Antología española. Del mismo año es la colección de Fábulas españolas. Y en este orden creativo destaca la novela picaresca ya citada, la obra más renombrada de Rubio, Peralvillo de Omaña; pero la obra más extensa es la de divulgación e investigación así como la filosófica.

 

De este modo, en la Habana y en 1918 publica un conjunto de máximas y de pensamientos, obra epigramática, titulada Lo que me enseñó la vida, ciertamente ambiciosa dada la juventud aún del fraile. En Nueva York, en 1924, edita ¿Hay una filosofía en el Quijote?, obra sorprendente en la que se adentra en la tragedia del caballero y responde a un erudito alemán que cuestionaba cómo era posible que en el país de Don Quijote no se formularan más ensayos reflexivos y utópicos. En Nueva York pública Spanish wit and humor y The mistic soul of Spain. Fruto, también de la tarea investigadora es su tesis doctoral, realizada en Lima en 1912: Los agustinos en el Perú y Documentos inéditos de la Universidad San Marcos de Lima, en la Biblioteca del Congreso de Washington y publicados en Madrid en 1933. Al año siguiente publica La cultura clásica española, obra en la que trata de incorporar contenidos de la cultura española que valora necesarios y se hallan ausentes en los programas curriculares de la Universidad Católica citada.

El ‘pícaro’ que levantó la Hispanic Society
Comentarios