miércoles 21.08.2019
por emilio gancedo

La poesía para niños se llama ‘Charín’

l. El proyecto leonés alcanza su cuarta entrega pleno de entusiasmo . fernando noriega, autor de las primorosas ilustraciones de estos libros, «se supera cada año con creces»
La poesía para niños se llama ‘Charín’

La poesía es necesaria». Así defiende Camino Ochoa, la coordinadora del ‘Proyecto Charín’ el objetivo de esta realmente poco habitual serie editorial que pretende hacer llegar a los más pequeños el gusto y afición por el verso. «Los niños aman la poesía, la reclaman, su musicalidad, sus rimas… —continúa—. Tanto se ha abusado en sistemas educativos anteriores con excesivos y aburridos didactismos que jóvenes y niños han huido de ella; afortunadamente las cosas hoy han cambiado. Y basta con escucharla para que este público se enganche con ella».

La idea de sacar a la luz estos libros ilustrados con primor y que contienen poemas de autores muy diversos —el pasado 10 de mayo se presentaba la cuarta entrega— nació en La Bañeza al amparo del gran éxito que tuvo la primera convocatoria del Premio de Poesía Infantil Charo González, esposa de Conrado Blanco, y que motivó, según recuerda Ochoa, la edición de un libro de poesía para niños que recogiera los poemas ganadores. «Durante la vida de la esposa de don Conrado, siempre le recordaba yo la necesidad de hacer un premio dedicado a ella. Se lo comentaba por la paciencia y admiración con que afrontaba el premio dedicado a su suegro, Conrado Blanco León, y ella se reía con humildad», rememora la coordinadora, explicando a continuación que, cuando ella falleció en el 2008, «Conrado me pidió que le convocara el premio de poesía que tanto se merecía. Vinieron trabajos de toda la geografía española, de Cuba, Israel, Francia, Estados Unidos….».

Así, el primero de los volúmenes de la colección se llama Corazón de luna y está dedicado íntegramente a la obra de José González Torices, poeta ganador de aquel primer premio poético. El segundo se titula Corazón de ángel y es una antología prologada por Carlos Murciano, padre del ganador de la segunda edición del premio. En ella, como indica Camino Ochoa, aparecen nombres como los de Carlos Aganzo, Antonio A. Gómez Yebra, Ignacio Sanz, Luis Caissés, Carmen Gil, Jesús Munárriz, Juan Van-Halen... El tercero es Corazón de cielo, antología de poesía para niños y jóvenes prologada por el escritor leonés Venancio Iglesias y donde podemos encontrar a autores como Isidoro Díez (tercer ganador del premio), Domingo de Prado, Marisa López Soria, Camino Ochoa, Raquel Lanseros, Nicolás del Hierro, Ana Rossetti o Antonio Colinas. Por último, el libro presentado hace unas semanas es Corazón de estrella, nueva antología poética prologada por Máximo Cayón y entre cuyos autores cabe destacar a Jorge Galán (cuarto ganador del premio), Ana Merino, Javier Asiáin, Jorge de Arco, Máximo Cayón… Unos libros que también destacan por las ilustraciones de Fernando Noriega, «un artista fiel al proyecto, en el que cada año se supera con creces», asegura Ochoa, que es maestra de Educación Infantil en el colegio Luis Vives de León, conferenciante y autora de varios libros tanto de creación literaria como de investigación.

En cuanto a los valores que puede aportar la poesía a los niños, esta autora, que lleva 27 años dedicada a la enseñanza, expresa que, «a pesar de que en la literatura infantil y juvenil el género poético sigue siendo considerado como un hermano pequeño, hay que insistir en acercarlo a los niños porque les aporta sensibilidad, les otorga creatividad, les ayuda a soñar y a pensar, y les aproxima a la parte emocional que tanto necesitan en este mundo tan materialista y proclive a un amor desmesurado por las tecnologías».

«Creo que la apuesta de Conrado Blanco por estas antologías —que llegan gratuitamente a particulares, bibliotecas, colegios, centros de formación de profesores y Centros Cervantes, siendo un proyecto sin ningún ánimo de lucro— constituye todo un regalo para la infancia, para los amantes de la buena literatura y un maravilloso homenaje a su esposa. A nivel personal, es una gran satisfacción por el reclamo de la colección y por la fidelidad que sigo conservando hacia esta pareja de enamorados bañezanos; el amor del viudo nos regala la belleza de sus corazones convertidos ahora en belleza poética y visual», concluye la coordinadora.

La poesía para niños se llama ‘Charín’
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