viernes 06.12.2019
EMILIA ARIAS PERIODISTA

«Sí, se puede unir rentabilidad y derechos humanos»

Filandó n «Su sentido de comunidad es maravilloso. Se puede aprender muchísimo de estas barriadas pobres» «el mundo se puede cambiar de muchas maneras», dice la periodista leonesa emilia arias, quien encontró uno de esos modos en la india, en la cooperativa Creative Handicrafts. Sobre este grupo de audaces emprendedoras escribió el libro ‘la revolución de las agujas’ «Cada persona puede hallar su modo de cambiar las cosas desde las elecciones más pequeñas del día a día»
creative handicrafts
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Dice que este libro no es suyo. «Es de Sunnita, Sara, Priya, Marianna...». O sea, de todas esas mujeres indias que encontraron en la unión y el trabajo una manera de salir de la pobreza y la inseguridad, de la violencia y la marginación. Un modo de hallar, ante todo, dignidad. La periodista Emilia Arias (Ponferrada, 1982), que ha trabajado para La 2 Noticias, La Sexta y La 1, así como para Amnistía Internacional y Ayuda en Acción, viajó al subcontinente indio con objeto de sumergirse en la historia de la cooperativa textil Creative Handicrafts y escribir La revolución de las agujas, libro que ahora busca mecenas para ver la luz.

—¿Cómo comenzó esta aventura revolucionaria y textil?

—Un voluntario de la cooperativa Creative Handicrafts pasó un año viviendo en el slum (barriada) con estas mujeres y está muy comprometido. Se puso en contacto conmigo porque leyó uno de mis artículos y me propuso escribir sobre ellas y conocerlas. Yo estaba embarazada de seis meses y le dije lo más sensato: «Por supuesto». Después de dar a luz, y cuando mi hija ya tenía unos meses, me planté en Bombay con mi pareja y la niña.

—¿Qué fue lo primero que experimentó en cuanto puso un pie en la India?

—El calor y la humedad de Bombay te dejan sin aliento, y la desigualdad es tan evidente y visual que no puedes mirar para otro lado.

—El mundo (también nuestro país) está lleno de situaciones injustas, de gente que sufre abuso y explotación. ¿Por qué acudir a la India, qué tiene de especial o de más significativo?

—Efectivamente, hay millones de injusticias sobre las que escribir pero resulta que la imagen que tenemos sobre la India suele estar edulcorada: el Ganges, los yoguis, la falacia de una supuesta pobreza que se acepta sonriente... Y es mucho más. La India es un subcontinente inabarcable en un libro. Esta es una historia sobre mujeres que han conquistado su libertad a través de un trabajo en condiciones justas. Y también es la historia de Isabel, una monja salmantina que se atrevió a irse en los años cincuenta a la India. Ella es la que ideó la cooperativa tras diez años conviviendo con las personas más pobres de los slums más pobres de Bombay.

—¿Qué relata, en esencia, ‘La revolución de las agujas’?

—Después de años viviendo con ellas y como ellas, Isabel entendió que era importante conseguir que estas mujeres conquistaran su libertad a través de la independencia económica, que pudieran alimentar a sus familias, hijas e hijos, y dejar atrás la violencia machista que muchas sufrían... Su idea fue aprender a coser y enseñarles a estas mujeres cómo vender lo que cosían y tener un sustento. La mancha de aceite fue creciendo y hoy esta cooperativa, Creative Handicrafts, vende prendas y artesanía hechas con justicia por todo el mundo. Pequeña, vestida con sari y con un bindi en la frente, Isabel peleó durante toda su vida para lograr el empoderamiento de las mujeres de los slums de Bombay.

—¿Es una sociedad machista?

—Sí, tremendamente machista. Las mujeres lo sufren desde su nacimiento y es absolutamente asfixiante ese ambiente. Pasan del padre al marido, no se les permite estudiar, las viudas son repudiadas... Este libro cuenta historias de mujeres que han roto esas cadenas, que han conquistado su libertad y superado situaciones muy duras gracias a la independencia económica y al apoyo de otras mujeres.

—¿Y ese ‘qué’, cómo está contado, qué lenguaje escogió?

—He tratado de respetar sus voces. He intentado que se escuchen las carcajadas de aquellas que ríen sin parar y la timidez de las que hablaban con mirada escurridiza. Bombay esta lleno de colores, olores... y por eso mi intención era que fuera bastante plástico en las descripciones. Espero haberlo conseguido.

—Cuéntenos algunas de esas historias humanas...

—Pushpa recuerda un día en el que ella estaba cocinando y se quemó una pierna porque se le cayó agua hirviendo. Desde la ingle hasta el tobillo su piel estaba en carne viva, deshecha. Mientras ella estaba convaleciente, su marido la violaba sistemáticamente, aún sabiendo que el roce de sus piernas le causaba muchísimo dolor y volvía a abrir las heridas de sus piernas abrasadas. Pushpa decidió hablar con la familia pero solo le consolaron con caras de pena y alguna caricia, pero nada más. «Él es así», le dijo su suegra. Su historia me dejó helada.

También recuerdo la voz tímida de otra mujer que explicaba como fue su boda: con 12 años ataron un extremo de su sari al de su marido y ella dio 7 vueltas a su alrededor como marca la tradición. Estaba aterrorizada y no quería quedarse a solas con él. Contaba como parió meses después sin saber que estaba embarazada. A ella nadie le había contado todo aquello. También hay una historia que me encanta: varias mujeres supieron que el marido de su compañera de cooperativa la estaba maltratando. Fueron a buscarle y le dijeron que si se sentía tan fuerte se enfrentara a todas a la vez. Aquella mujer se sintió arropada y abandonó a aquel tipo. Ya tenía un trabajo en la cooperativa y había conseguido lo más importante: sentirse fuerte, capaz, rodeada y acompañada. Esa potencia del grupo y ese amor me hacen creer que casi todo es posible.

—¿Se considera una persona diferente tras haber regresado?

—Absolutamente no. Supongo que no he hecho nada tan grande ni importante... Mi labor y mi compromiso es contar historias y es lo único que he hecho. Al volver sentía que tenía mucho que aprender de mujeres tan poderosas, valientes, fuertes y alegres... Aprendí mucho, eso sí.

—¿Qué nos pueden enseñar las gentes de los países en vías de desarrollo que aquí hemos abandonado hace tiempo?

—El sentido de comunidad que se respira allí es maravilloso. Creo que podemos aprender de estas barriadas, en este caso, ese sentido de comunidad, esa vuelta al pueblo, al barrio y a la vecindad. La capacidad de luchar de forma colectiva es bastante más potente que la que vemos diluirse en las sociedades occidentales, cada vez más individuales donde apenas sabemos quién es nuestra vecina de al lado. Ojo, creo que hay muchas cosas positivas en nuestras sociedades. No soy hiperpesimista ni creo que todo esté perdido pero sí me apena ver cierta desmovilización de la sociedad civil con respecto a las cosas que importan desde mi punto de vista, como los derechos al trabajo, la vivienda, la salud, la educación y la igualdad.

—Encontró allí la humanidad que nos falta aquí...

—Bueno, hay humanidad en todas partes solo que aquí estamos tan ocupadas en obtener todas esas necesidades creadas por la sociedad de consumo que se nos olvida que también en nuestro entorno hay personas que necesitan de nuestro compromiso. Supongo que es un mal global aquello del pensamiento individualista y cortoplacista. Aquí, con toda la información que tenemos, no entiendo que no estemos llenando las calles exigiendo a nuestros gobiernos que pongan freno al cambio climático (nos va el planeta en ello), exigiendo el fin del hambre (que es posible y urgente), que se escuche a las personas refugiadas, que la salud y la educación estén garantizadas... Quiero decir, contamos con la información y las herramientas para exigir a nuestros gobiernos un cambio de rumbo y, sin embargo, no lo hacemos o no lo hacemos todo lo que deberíamos. En la India hay gente con humanidad y también hay gente que explota a personas para producir ingentes cantidades de prendas que se venden en tiendas low cost aquí... Exactamente igual que sucede en España pero a otros niveles y con otros excesos. Lo peor y lo mejor de las personas no tiene demasiadas fronteras y está, por suerte y por desgracia, en todas partes. En La revolución de las agujas lo que cuento es cómo es posible ser ‘rentable’ teniendo en cuenta los derechos humanos y poniendo a las personas en el centro del paradigma. Creative Handicrafts es una cooperativa que vende en muchos países y es de ellas, de las mujeres que cosen.

—En su monumental ‘El Hambre’, Martín Caparrós nos muestra las diversas y complejas facetas de este problema universal... ¿Qué cree que puede hacer el ciudadano de a pie para cambiar un poco el estado de cosas? ¿O en realidad no puede hacer nada o casi nada?

—Se puede hacer mucho. Como personas consumidoras tenemos una gran fuerza porque elegimos un producto, pero también elegimos lo que hay detrás (derechos, condiciones laborales, condiciones de igualdad de la empresa, huella ecológica...). Supongo que hay quien piensa que todo está perdido pero... ¿qué sería de la humanidad si las personas que han hecho posible la jornada de ocho horas, la abolición de la esclavitud, el voto para las mujeres o los derechos de la comunidad LGTB hubieran pensado que todo estaba perdido? No tengo certezas pero sospecho que el mundo se puede cambiar de muchas maneras y una es alzando la voz, otra votando, otra protestando, otra creando, otra viviendo de una manera diversa, otra desobedeciendo... Cada persona que encuentre la suya, desde lo local, desde las elecciones más pequeñas del día a día.

—¿Vamos hacia adelante... o hemos retrocedido en ciertos aspectos, en ciertas actitudes?

—No creo que se puedan hacer valoraciones generales o globales sobre esto porque las realidades son demasiado complejas. Si hablamos, por ejemplo, de los derechos de las mujeres, diría que hemos avanzado en relación a los años treinta pero tenemos mucho trabajo por delante para evitar que nuestras conquistas se vayan por el retrete. Hay una generación muy joven que replica comportamientos que parecen del siglo pasado: control, violencia, sometimiento... Hemos conseguido a base de lucha y de esfuerzo muchas cosas pero hay que seguir trabajando. Prueba de ello es que cada año hay decenas de tipos en España que matan a sus parejas. Sucede que ha calado entre muchas personas el falso discurso de que todo está conseguido, y si la gente cree que eso es cierto, estamos jodidas.

—¿Qué ha de hacer quien desee apoyar la edición de la obra?

—Solo hay que entrar en Libros.com y hacerse mecenas. El libro les llegará a casa y estarán apoyando a mujeres que se lo merecen. Además, la mitad del importe de cada libro irá directo a la cooperativa.

«Sí, se puede unir rentabilidad y derechos humanos»
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