sábado 24.08.2019
Le Big Mac

Trama

Una lavandería ocupa los bajos del edificio donde está mi pensión: ocho lavadoras y cuatro secadoras colocadas contra una sola pared frente a la cual hay un fila de asientos de plástico rojo. Desde la calle apenas se ve el interior porque los cristales están siempre empañados con un vaho amarillo. Entro allí con una bolsa llena de ropa sucia y me encuentro con un hombre que duerme sentado en uno de los asientos. Tiene el rostro cubierto por una mascarilla de papel, de las que usan aquí cuando han enfermado o cuando evitan enfermar. Su colada da vueltas en el tambor de una máquina a la que le faltan aún doce minutos para terminar, según dice el display. Vuelvo a mirar a aquel hombre y veo que tiene en el bolsillo de su camisa una pequeña libreta y un bolígrafo. Puede que sea escritor. Siempre he fantaseado con que alguna de esas personas con las que me he cruzado una vez en la vida —y no más— escribirá un libro sobre mí que reemplazará mi propia historia, la eclipsará. Cualquier ficción sobre nosotros, por morosa y fabulosa que sea, será más real que nuestra propia existencia cuando ya no estemos aquí. Meto mi colada mientras registro cada bolsillo de cada chaqueta y cada pantalón para que no se cuele ningún pañuelo desechable. Entonces doy con un papel doblado y arrugado en uno de los vaqueros. Tiene escrito un número de teléfono. Termino de cargar la lavadora y me siento junto al hombre dormido, que ha comenzado a emitir unos ronquidos finos como alambres. Marco el número en mi móvil, y veo que corresponde con el de uno de mis contactos, el de un viejo amigo al que hace tiempo que no veo. Dejo sonar un tono y luego otro, y así hasta que salta el contestador. Hablo con la máquina como si mi amigo fuera a oírme; le pido que coja el teléfono, que conteste, que necesito hablar con él, y luego cuelgo. No lo decía en serio, pero me gustaría que aquel hombre, mi narrador, así lo creyera, porque quiero ser yo quien dicte la trama de mi relato. El hombre se despierta, coge su libreta y apunta algo. Ha funcionado, pienso. Su colada termina, la recoge. Arranca la hoja y la deja sobre una de las lavadoras y se va. Me levanto y cojo el papel. Es un número de teléfono, el mismo que acabo de marcar. Doblo el papel y lo meto en el bolsillo de mi vaquero.

Trama
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