martes 14.07.2020
Literatura

«La veneración de Vermeer por la mujer es mi propia veneración»

 El escritor leonés Rubén García Robles publica ‘La lente íntima’, una biografía del gran maestro holandés
El escritor Rubén García Robles. MARCIANO PÉREZ
El escritor Rubén García Robles. MARCIANO PÉREZ

A 7.217 kilómetros de La Haya pensaba en La joven de la perla. Bajo el sonido de las bombas que caían sobre Kabul, el militar leonés Rubén García Robles leía libros sobre el autor del magistral retrato, Johannes Vermeer.

Un año antes se había estrenado la película de Peter Webber en la que Scarlett Johansson encarna a la sirvienta cuyo retrato se conoce también como ‘La Mona Lisa del Norte’. Pero la aventura del escritor leonés, licenciado en Historia, había comenzado antes, en el Museo Mauritshuis de La Haya. Allí se encontró de frente con La joven de la perla. «Fue todo un alumbramiento», dice.

«He querido que hubiera conflicto, para hacer que el lector se quede a vivir en la novela»

Tras veinte años estudiando al pintor, publica ahora una biografía sobre el ‘maestro de la luz’. Han pasado dos años desde su libro anterior, La sombra que amó Bram, donde sigue los pasos al creador de la gran novela de terror por el Londres victoriano. La lente íntima (Eolas Ediciones) es «el contrapunto». «Necesitaba sacar aquel fantasma de oscuridad», confiesa.

De los 37 cuadros que se atribuyen a Vermeer, García Robles ha visto 20 que están diseminados por Europa. Su producción es escasa porque únicaente pintaba una o dos obras al año y falleció a los 43. Para él, se trata de «una figura clave de la pintura del siglo XVII, un científico estudioso de la luz». Vermer nació en Delft en 1632 —se conoce la fecha de su bautismo, el 31 de octubre—. El 24 de octubre, a pocas casas de distancia, nacía Anton van Leeuwenhoek, conocido como ‘el padre de la microbiología’.

Los dos comparten la pasión por los nuevos instrumentos ópticos, que llevan la mirada más lejos de lo que nunca ha llegado, como los telescopios, pero, sobre todo, los microscopios. No hay certezas de que se conocieran, pero García Robles sospecha que, al igual que Galileo utilizó sus dibujos para demostrar que las manchas lunares eran montañas y cráteres, Leeuwnhoek bien pudo haber recurrido a Vermeer para ilustrar los primeros ‘animálculos’ (espermatozoides) que descubrió en una muestra de semen en el microscopio.

García Robles: «He dejado todo mi ser en este libro. Creo que no tengo nada más. Lo he dado todo»

Numerosa bibliografía considera que Leeuwenhoek fue el modelo de los cuadros El astrónomo y El geógrafo. Y que muy probablemente el científico introdujo a Vermeer en el uso de la cámara negra, que habría empleado en algunas de sus pinturas, así como en el mundo de las lentes. Ello explicaría la minuciosidad de las pinturas del holandés. Mientras Vermeer «usa la ciencia para dar placer, para reproducir la luz», otro contemporáneo, el gran Velázquez, está obsesionado «con el peso del aire y la atmósfera», dice García Robles.

Portada del libro. DL

La lente íntima, escrita con un estilo ágil y más acción que sus dos anteriores novelas, arranca en 1652, con un joven Vermeer que está estudiando en Amsterdam y cuya ambición es entrar a trabajar en el taller de Rembrant. Al fallecer su padre, su sueño se queda truncado. Se ve obligado a abandonar una ciudad de 200.000 habitantes por la pequeña Delft, de apenas 23.000, para regentar la Taberna La Malinas y los negocios de su padre, que era también marchante de arte. Probablemente empieza a pintar con Carel Fabritius, aunque en la vida de Vermeer hay más incógnitas que certezas.

Al escritor leonés le interesa el universo femenino que rodea al pintor holandés. «Me llamaba la atención el tratamiento que hacía de la figura femenina, que aparece en un estado de recogimiento casi religioso. Mujeres ensimismadas en sus actividades, como la lectura de una carta, la costura... También se debe a mi propio interés y admiración por la figura femenina en nuestra cultura y en mi propia familia, como mi madre o mi abuela, ejemplos de lucha, trabajo y abnegación. La veneración de Vermeer por la mujer es mi propia veneración», explica el autor de La lente íntima.

La madre de Vermeer, Digna Baltens, es una mujer dura que se hace cargo de una taberna y tiene que luchar en un mundo de hombres. La suegra del artista, Marina Thins, había peleado y ganado en los tribunales a su marido, que era un maltratador. La mujer del pintor, Chatharina Bolnes, tiene la misión de ampliar la colonia de católicos —3.000 en ese momento— en un país calvinista; de hecho, tendrá quince hijos.

El espía del rey

En la novela, que transcurre entre 1652 y 1675 —fecha de la muerte del pintor—, se atisba la contrarreforma de la mano del jesuita Balthasar van der Beek, que gobierna con mano de hierro la colonia católica de Delft. Los jesuitas en esa época eran considerados espías al servicio de la corona española. Fue una etapa de grandes hostilidades entre Felipe IV y los Países Bajos. Si Van der Beek es la encarnación del mal, en esta trama religiosa no falta el contrapunto, el padre Wynants, que había casado a Vermeer. «He respetado el andamiaje de la historia, pero he querido que hubiera conflicto, para hacer que el lector se quede a vivir en la novela», explica el autor.

La realidad siempre supera a la ficción y en la biografía de Vermeer hay ciencia, amor, religión, arte, guerra y economía. Con estos ingredientes el autor leonés construye la historia de uno de los grandes maestros cuyo legado había caído en el olvido hasta que Proust descubre Vista de Delft y queda tan impresionado que le reserva un lugar de honor en su libro En busca del tiempo perdido.

Inicialmente, García Robles había pensado en el retrato de La joven de la perla para la portada del libro, pero el editor Héctor Escobar le convenció para utilizar el cuadro que tanto fascinó a Proust. Y es que Delft es también una gran protagonista de La lente íntima, que el autor presentará mañana en la terraza literaria de la Librería Universitaria, a las 19.45 horas.

Si la historia del libro comenzó ante el descubrimiento de una de las obras más conocidas de Vermeer, el escritor leonés tenía también un compromiso con el maestro holandés, ante cuya tumba prometió «escribir algo digno». «He dejado todo mi ser en este libro. Creo que no tengo nada más. Lo he dado todo», asegura el escritor, que publicó en 2016 su ópera prima, Operación fuego mágico, una ficticia ‘Operación Valkiria’ contra Franco el día que el dictador despide a la Legión Cóndor en León.

«La veneración de Vermeer por la mujer es mi propia veneración»
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