domingo 5/12/21

«No tengo ninguna capacidad especial que presentar. ¡Claro que eso me hace especial en este contexto!», explica. «Supongo que mi mérito para estar aquí es no haber mirado para otro lado y haber estado dispuesta a complicarme la vida. Dicen que entre la emoción y la acción: ¡pausa! No fue así cuando conocí a Cristina, una niña de 15 años y más tarde a Sergio, ambos de Mozambique y ambos con albinismo y cáncer de piel en estado muy avanzado. Cristina se salvó, pero Sergio murió. Cuidar de ellos (no estuve sola) me hizo crecer y sentirme muy viva. Además, me introdujo en la realidad de las personas con albinismo de Africa Subsahariana». En 2017 abrió un centro en Maputo que atiende a unas 1200 personas con albinismo. «Mi vida y la de mi familia ha cambiado desde entonces pero también la de muchas de las personas que acuden al centro. Cristina, que quedó incorporada a nuestra familia para siembre, vive en Mozambique y tiene un hijo de cinco años. En la actualidad tiene 29 años y estoy iniciando su proceso de adopción».

Carmen Mormeneo
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