miércoles. 06.07.2022

«La ausencia de información y transparencia en el etiquetado del vino supone una degradación territorial, sectorial, cultural y patrimonial», explica Pablo Alonso. «España es un caso paradigmático para contextualizar esta problemática. Un país tradicionalmente vitícola, con la mayor superficie de mundial pero también el que más vino exporta, y a más bajo precio, en el mercado global. 1,1 euros el litro, frente por ejemplo a los 5,27 euros de Francia). Además se ha convertido en el país productor tradicional que menos consume».

El científico señala que el modelo productivo tiene una estrategia competitiva que busca la estandarización, «parámetros básicos de calidad, gran inversión en marketing y bajos precios. Y no ha conseguido generar la necesaria diferenciación en el ámbito del consumo en un mercado saturado». El resultado, concluye, «es una situación de inostenibilidad para un sector que se enfrenta a mínimos históricos en el consumo interno, y máximos históricos en volumen productivo. Eso genera una situación de excedentes que tiene que ser vendidos en el mercado internacional a precios cada vez más baratos para poder competir con nuevos países vitícolas».

Todo este proceso, explica Alonso, «hace que los precios de la uva desciendan repercutiendo en la viticultura y llevando al abandono de viñedos y variedades autóctonas de calidad. Un patrimonio de producción y consumo únicos, a falta de un relevo generacional, que camina hacia una concentración propietaria del viñedo y una producción de vinos de bajo coste y calidad, siguiendo con la tradición cooperativista de origen franquista».

Por otro lado, el investigador del CSIC advierte de la proliferación de certificaciones que en muchos casos no son claras para el consumidor. «Un productor sabe lo que hace y cómo lo hace, pero un consumidor no. Incluyendo qué ingredientes contiene la botella de vino adquirida en el mercado, lo que no pasa con ningún otro alimento. Así se imposibilita la discriminación entre vinos más o menos saludables y con distintos patrones productivos».

Porque los sistemas de certificación de calidad del vino, indicaciones geográficas y certificaciones de origen, «ofrecen información sobre la procedencia geográfica de un vino, variedades de uva o añada de la cosecha; pero evitan la cuestión de la trazabilidad y la diferenciación entre prácticas productivas en viñedo y bodega». Una situación que ha dado lugar a «una fuerte controversia en el ámbito productivo, y un movimiento terroirista en países tradicionalemente productores, como España».

Degradación territorial y patrimonial
Comentarios