sábado. 28.01.2023
EL ESPECIAL EFECTO DE UN CREADOR NATO

El director de cine con ADN tecnológico

Obsesionado desde niño con contar historias, Juan Carlos Mostaza compagina su faceta como productor experto en efectos especiales y 3D con la vocación de director de cine. La animación centra buena parte de su producción. «Lo importante es la historia»

Un thriller de amor y desamor, crímenes y desengaños, protagonizado por alambres sin rostro de forma humana. Un corto de animación, porque era el medio que mejor podía controlar entonces. Un primer trabajo de cine negro que fue reconocido en los principales festivales internacionales y nominado a los Goya. Desde entonces (Broken Wire fue en 2005 su primera propuesta como escritor y director, poco tiempo después de llegar a la Escuela de Cine de Ponferrada como el profesor entonces más joven de la Universidad de León) los trabajos de Juan Carlos Mostaza han recibido más de un centenar de galardones en todo el mundo. Los de animación y los de imágenes reales.

El director (nacido en Valladolid, que llegó a León con cuatro años y leonés se declara, a la ciudad vuelve constantemente) desembocó finalmente en la carrera cinematográfica por los recovecos de la ingeniería informática, y su experiencia y curiosidad por el ‘cacharreo’ tecnológico le ha llevado a posicionarse como experto en efectos especiales, lo que le ha abierto las puertas de muchos proyectos tanto en animación como en realidad. Con la inteligencia artificial abrió hace ya tiempo nuevos caminos, y tanto el mundo cinematográfico como el publicitario demandan servicios que resuelve creando sus propios programas, en el caso de que los que existen no le ofrezcan las soluciones adecuadas.

Ahora prepara dos largos, uno de imagen real y otro que alterna con la animación. Busca hacer cine comercial porque quiere «contar historias para los demás, no para mi». En León inició su andadura con la productora La Catedral, que tuvo que llevarse a Madrid, donde le contrataban sus clientes.

Poco después nació The Cathedral Media, la productora con la que aspira a dar el giro que cumpla al fin plenamente su sueño. «Ahora la producción para otros y los efectos especiales son mi principal actividad, y mi trabajo como escritor y director ocupan una parte con menos espacio. Ojalá la dirección cinematográfica llegue a ser mi trabajo y el grueso de mi rentabilidad, y la parte tecnológica se convierta en el hobby. Lo paso mejor creando historias que en el ordenador, aunque también me divierte».

De momento reconoce que The Cathedral Media tiene «un buen ADN de 3D y efectos especiales. Pero (matiza) no hacemos sólo eso».

Y es que el afán por contar desde el cine sí que está integrado en el ADN del director leonés. «Desde muy pequeño. Compraba todas las revistas de cine, con cuatro años ya estaba obsesionado con ello, veía muchísimas películas y quería contar esas historias».

Obsesión es una palabra con la que Mostaza define a menudo una vocación muy temprana por la que ha luchado y sigue luchando. Construir y contar sus propias historias. Escribir, diseñar escenarios (todo lo ensaya antes en 3D, es muy metódico, «en eso sí soy ingeniero»»), probar efectos, analizar al milímetro la luz, el tiro de cámara,...

«No era un capricho. Esa obsesión se mantuvo con los años». Desde el colegio a la universidad participó en cuantas actividades tenían que ver con el cine. «En el instituto, con dos amigos, hicimos un proyecto sobre León que fue seleccionado a nivel europeo. Lo hicimos con un CDrom, que entonces era lo más novedoso. Y consistía en coger fotos antiguas, escanearlas y meternos nosotros dentro. Lo habíamos visto en la película Forest Gump. No podíamos hacerlo en vídeo, pero sí en imagen estática».

A la hora de definir su carrera Mostaza tenía muy clara su vocación por el cine, pero en aquellos tiempos se pensaba sobre todo en lo que podía asegurar el futuro. «Hoy está claro que lo que pienses que es mejor mañana puede no existir, porque todo va muy rápido. Pero entonces era distinto».

Habla de «cierta cobardía mía» y no sólo de la inclinación de sus padres cuando explica por qué decidió hacer Ingeniería Informática en la Universidad de León, que entonces comenzaba a ofertarse. «Siempre me gustaron las dos cosas, la parte científica y la artística. En el instituto hice las dos cosas. Me decidí por la ingeniería porque siempre me han gustado los ordenadores, ya desde chico mi padre y yo comprábamos piezas y cacharreábamos. Aquello me gustaba, pero no era mi vocación. Yo quería hacer cine».

En la Universidad de León siguió arañando los resquicios que le daban oportunidad de seguir cerca de su ambición, y con dos amigos se ocupó de la programación y las actividades relacionadas con este tema.

En aquellos años comenzaba a nivel mundial el boom por los efectos especiales realizados con ordenador. Eran los albores de «un universo digital que se utilizaba muy poco, sobre todo en España». El director de cine leonés vio ahí un vínculo entre su carrera universitaria y su pasión. Así que se fue a Madrid a hacer un master en Audiovisual y 3D. «Allí me enseñaron cosas que me interesaban más. Composición, fotografía, por qué las cosas se hacían de una determinada manera, cómo influye psicológicamente la posición de una cámara,... Hasta entonces todo lo hacía de forma instintiva, copiando lo que veía en las películas».

La Escuela de Cine de Ponferrada

Fue entonces cuando se puso en marcha la Escuela de Cine de la Universidad de León en Ponferrada. «Me presenté para dar clase, aunque mi intención era aprender cuanto pudiera allí». Fue en el curso de su carrera docente el profesor más joven de la ULE, y daba clases de Multimedia. «Todo lo que tiene que ver con ordenadores en el cine. Daba mis clases, pero sobre todo me dediqué a recorrer todos los departamentos y a preguntar por todo. Lo que estaba haciendo, en realidad, era la carrera de cine, pero desde el otro lado», ríe.

Exprimió todo lo que pudo la experiencia en la malograda escuela de la ULE, también las clases magistrales que se ofrecían. «Algunas sorprendentes, otras decepcionantes. Así es la vida, pero de todo intenté aprender». Fue entonces cuando realizó su primer corto. «De animación, porque era la forma en la que podía controlar todo, aunque me hubiera gustado hacerlo con personas. Una compañera hizo conmigo el guión y me ayudó en la producción».

Era Broken Wire, su primer y muy laureado trabajo. «Mi mujer, entonces mi novia, se dedicó a enviarlo a todos los festivales. En realidad no teníamos ningún tipo de ambición, pero empezaron a seleccionarnos en citas importantes a nivel internacional y a premiarlo». Un año después el corto fue seleccionado para su categoría en los premios Goya.

Mostaza recuerda su aventura en los premios del cine español «como la de Paco Martínez Soria cuando iba a Madrid con las gallinas. Hasta tuve la osadía de llamar a la Academia para que nos dieran más entradas. Pasamos una fiesta estupenda y no ganamos». Pero Broken Wire fue el corto de aminación más premiado de ese año en españa.

Juan Carlos Mostaza decidió dar el paso entonces para crear su productora. Dejó la Escuela de Cine e instaló su proyecto La Catedral en la calle Renueva de León. «Era una productora audiovisual, centrada en temas de animación y 3D, que era lo que más trabajábamos. Hicimos un trabajo muy artístico para la feria del libro».

Pero no había forma de desarrollar el proyecto en León. «Gracias al corto nos conocían muchas productoras de Madrid, que sí valoraban ese trabajo. Nos llamaban allí, nada en León». Así que en 2008, con una crisis enorme en expansión, llevaron su empresa a la capital y comenzaron a trabajar dando servicios de 3D, animaciones y postproducción para otras productoras.

«Eso puede parecer un trabajo creativo, pero no lo es. Y yo quería hacer mis proyectos. Así que, cuando podíamos, seguimos haciendo cortos, que funcionaron muy bien en festivales». De hecho Down to the wire, la segunda parte de Broken Wire, fue de nuevo el más premiado del año en España y candidato a los Goya, incluso en las calificaciones para los Oscar.

La publicidad fue un importante campo que se abrió para la empresa, junto con los videoclips musicales, entre otros trabajos para películas y otras productoras. Nació entonces The Cathedral Media. «No con una ambición internacional, aunque luego nos vino bien, sino porque La Catedral ya estaba registrada».

Como anécdota, en estos años de actividad desde Madrid al final les han llegado clientes leoneses. «Sin saber que éramos de León. Suelo preguntarles si han buscado en la provincia para hacer sus contenidos. Pero no, vienen directamente a Madrid, lo que nos pasó a nosotros al principio». Aunque ahora hay una diferencia importante. «Con la pandemia todo se paró durante meses. Dejamos nuestras oficinas en el centro de Madrid, y aprendimos a trabajar en la nube. Y nos dimos cuenta de que muchas productoras ya lo hacían así. Trabajan desde cualquier parte. Eso abre también una enorme oportunidad para ciudades como León. Si es así, quien quiera iniciar un proyecto como el mío ya no endrá que irse a Madrid».

Un proyecto siempre con ambiciones. Cumplir en plenitud el sueño del pequeño Juan Carlos. El creador que quiere, más que nunca, contar sus historias en el cine.

El director de cine con ADN tecnológico
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