sábado. 03.12.2022

ESPECTÁCULO CON MAGIA

EXPERIENCIAS. Las plantas atesoran misterios, muchos de ellos todavía desconocidos y otros olvidados, que contienen las respuestas a la salud, que aportan miles de sabores y texturas a la cocina y nos ofrecen la posibilidad de disfrutar de los colores y aromas

Rosa Barasoain, escritora y poeta, cofundadora de la editorial ‘La Fertilidad de la Tierra’, ha publicado recientemente el libro «En el camino de las plantas», donde a través de sus experiencias y la contemplación a lo largo de caminos recorridos durante veinte años, junto con su pareja, Fernando López, al que le unió precisamente uno de esos caminos, se adentra en la exposición de los aspectos más sutiles y también más prácticos de 36 plantas distintas, procedentes de «diferentes paisajes: mediterráneo, atlántico, continental…».

A cada una de las plantas comentadas en el libro las acompaña la descripción de un camino, de un clima o un estado particular del tiempo, sea lluvia, frío, calor o viento que envuelven ese paseo lleno de descubrimientos ‘sorprendentes’ para la autora, y que quedan reflejados entre las páginas del libro con las láminas de la pintora e ilustradora Leticia Ruifernández Nogués.

«Yo no sabía nada de plantas y con ellas me llegó, primero, la emoción de ver la belleza en sus tamaños, a veces tan pequeño, en lo umbrío del bosque o en los claros, los colores, aromas, sabores… lo que me fue introduciendo en este mundo, para mí, desconocido y casi frio, por lo intelectual de la erudición de la botánica y, sin embargo, además de observarlas en el lugar donde nacen, he ido buscando a través de libros un conocimiento cada vez más profundo».

Pero el contenido del libro es una amalgama, narrada de forma poética, de conocimientos populares, tanto de botica como de cocina, con pinceladas de argumentos botánicos y, sobre todo, la maestría de trasladar al lector a un entorno que cambia de colores según la estación del año y que ofrece en cada una de ellas flores diferentes que, en las páginas del libro, todo ello se convierte, como dice Rosa, en «un espectáculo mágico».

«El hecho de contemplar las plantas y la emoción a la que te lleva los conocimientos que descubres, las posibilidades que ves de que, no sólo son pasado, son presente y serán futuro, porque estamos en una época en la que vamos a notar carencia de productos. Se van a acabar los plásticos y algunos alimentos derivados del petróleo que han sido nefastos para la naturaleza, porque la tierra no los puede digerir y no hay animal que los coma, siempre están contaminando».

Sin embargo, para Barasoain, «con las plantas vamos a descubrir de nuevo que tenemos un mundo de posibilidades, son la botica donde curarnos, donde alimentarnos, equilibrar la carencia de vitaminas o de elementos que necesitamos para nuestra salud; que también nos pueden permitir la autosuficiencia y, además, que sea todo gratis. Vas al campo y es un disfrute gratuito».

«Pero también hay un riesgo en que se lleguen a hacer barbaridades porque el conocimiento que se tenga para tratar esas plantas esté desenfocado o tergiversado. Por ejemplo, si coges la uva, la prensas y la dejas fermentar tienes vino, pero también lo puedes manejar mal y lo que va a resultar es un vinagre que para beber no es muy agradable».

«Pasa también con la ortiga, que tiene muchas propiedades para la huerta, como preventivo, abono e infinidad de aplicaciones, pero si la preparas mal vas a obtener un caldo apestoso que te va a hacer renegar de las plantas», advierte la escritora.

Prevención en el uso

«Hay que tener mucho cuidado porque también estas preparaciones te pueden llevar a confusiones desagradables. No hay que asustar, pero sí prevenir. Hay que conocer el uso, la aplicación, la cantidad, saber la situación del lugar donde la recoges, no hacerlo en lugares donde hay mucho tránsito de vehículos, perros o de gente que echa basuras. Hay que buscarlas en lugares donde no se hacen cultivos químicos ni aplican herbicidas».

En el libro, Rosa, con la colaboración de Fernando, no sólo ha intentado reflejar las plantas en diferentes zonas y épocas del año, también se hace referencia a las distintas edades de la vida, incluso al género de la persona o el momento en que se encuentra para ofrecerle el conocimiento de la planta que necesita, porque «lo que para uno puede resultar medicinal para otro puede ser tóxico o peligroso».

«En general- se lamenta Barasoain-, hay un nivel muy bajo de conocimiento del mundo de las plantas porque nos encontramos en una sociedad más bien urbanita, donde parece que da vergüenza ser de pueblo. Se ha castigado mucho lo rural y se ha ridiculizado vivir en el campo. Pero, ahora con la pandemia, nos hemos dado cuenta de lo saludable que es poder salir al campo y vivir en un pueblo, donde abres la puerta y estás a unos minutos en el bosque».

La escritora añade que, en el modelo ciudad «parece que no puedes pasar sin ir al supermercado, pero eso ya se va a poner fin por muchas cuestiones, por economía, por ecología, por muchos motivos por los que la gente joven está buscando otra vez volver al campo».

Para la escritora y poeta esta nueva situación era previsible para mucha gente mayor: que los jóvenes volverían al pueblo, al campo, con otra preparación. «Ya no es el joven que, como no le gusta estudiar y no le va bien la escuela se queda en el pueblo, pero mirará siempre con mala cara al campo. Ahora, los jóvenes que han crecido en una gran ciudad, que se han visto sin trabajo, que no tiene recursos económicos y están aburridos de esa rutina, su sueño va a ser volver al pueblo donde están sus abuelos».

Escribir este libro le ha confirmado, según confiesa Barasoain, «que en esta vida lo mejor y más importante es gratis, el aire, el agua, la tierra, las plantas, el amor de la persona que tienes a tu lado… todo eso es gratis. Lo que hay que hacer es cuidarlo para que perdure».

Y la gratitud es una de las principales enseñanzas que le han proporcionado las plantas, a las que confiesa «estar agradecidas a ellas, a las personas que las cuidan y que me han hecho conocerlas, agradecida a todas las abuelas y abuelos que lo han hecho toda su vida y han conectado con ellas para cuidar a su familia, en la enfermedad o, simplemente, para celebrar una sobremesa con un licorcito bien hecho con plantas».

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