domingo 28/2/21

LA LENTA URGENCIA DE LA CIENCIA

CARRERA CONTRARRELOJ DE 18 MESES. Alrededor de 40 organizaciones y laboratorios están volcados en encontrar una vacuna contra el coronavirus, pero la OMS advierte que tardará más de un año en poder utilizarse
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La búsqueda de una vacuna contra el coronavirus es una carrera contrareloj que probablemente llegue a su primera meta antes de año o año y medio. Un corto espacio de tiempo para la ciencia, una interminable espera para las víctimas del Covid-19, y un planeta que se ve confinado y paralizado por un virus contra el que de momento no hay tratamiento específico. Los Gobiernos han ampliado sus partidas de investigación (en España el Consejo de Ministros aprobó hace días una dotación de 30 millones de euros destinada a este fin concreto) y muchas empresas se han volcado en enconrar la solución.

En medio de una vertiginosa carrera de datos sobre infectados y muertos a nivel mundial, alrededor de 40 instituciones han acelerado sus investigaciones para encontrar una solución que frene a pandemia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Varias de ellas ya están probando sus hallazgos en animales y otras comienzan ensayos clínicos en humanos, una cifra que irá creciendo en las próximas semanas.

Y una rapidez inusual en el mundo de los avances científicos, que sin embargo no puede llevar a engaño: todas las propuestas están en una fase inicial y tienen aún un largo camino por delante para demostrar primero que son efectivas y seguras, y segundo que puedan ser comercializadas a nivel mundial.

De hecho la OMS ha señalado que antes del próximo año será imposible tener una vacuna viable. Las más avanzadas, de momento, son las que desarrollan de la empresa biotecnológica Moderna Therapeutics y el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, que ya se prueban en humanos.

Según la Federación Internacional de la Industria Farmacéutica, hay 20 vacunas contra el Covid-19 que ya se están testando en el mundo. Y los laboratorios tienen identificados hasta una treintena de medicamentos en desarrollo frente al coronavirus. Las farmacéuticas CureVac, GSK, CSL, Johnson & Johnson, Sanofi o Pfizer son algunas de las más avanzadas.

La patronal de las compañías farmacéuticas señaló la semana pasada que el avance en las investigaciones y pruebas de efectividad en todo el mundo es enorme desde que se declaró la pandemia; y señala que los ensayos se realizan fundamentalmente a través de las dos grandes redes mundiales existentes para fomentar la I+D biomédica en estos casos: la Coalición para las Innovaciones y la Preparación para Epidemias (CEPI), en EEUU, y la Iniciativa de Medicamentos Innovadores (IMI), en la Unión Europea.

Las farmacéuticas recuerdan también que apenas una de cada diez vacunas que están en proceso de investigación logran ser finalmente aprobadas, y que acelerar estos procesos supone también un riesgo para la salud.

Destaca la investigación de la farmacéutica alemana CureVac, que está desarrollando una vacuna profiláctica basada en la molécula ARNm contra el SARS-CoV-2; y el laboratorio británico GlaxoSmithKline, que trabaja con la Universidad de Queensland, en Australia, y con la empresa china de biotecnología Clover Biopharmaceuticals, a las que ha aportado su tecnología. Otras multinacionales del sector están trabajando también en la búsqueda de soluciones.

Farmaindustria apunta también los ensayos que están realizándose con pacientes en España, por ejemplo con el antiviral rendesivir en los hospitales de La Paz, Alcalá de Henares, Ramón y Cajal y el 12 de Octubre, en la Comunidad de Madrid; el Clínic y el Vall d’Hebrón, en Cataluña; el Hospital de Cruces, en País Vasco, y el Carlos Haya, en Andalucía.

En todo caso la colaboración entre organismos e industrias se ve también como imprescindible para avanzar en la obtención de una vacuna eficaz. La patronal farmacéutica señala que la industria está buscando una asociación global entre las autoridades sanitarias, compañías farmacéuticas, organizaciones de salud, academias científicas, investigadores y el mundo científico a través de programas de I+D colaborativos para desarrollar nuevos medicamentos y vacunas. Estos grupos de trabajo colaborativos tienen identificados hasta 30 medicamentos antivirales que ya están siendo probados para ver su eficacia contra el Covid-19.

Entre los medicamentos candidatos se encuentran antivirales probados anteriormente en patógenos como el ébola y el VIH, que ya han comenzado rápidamente los ensayos clínicos y la revisión de la literatura para uso urgente, así como otra línea de investigación que incluye inhibidores ACE (enzima convertidora de angiotensina), inhibidores de la proteasa o fármacos inmunoterápicos, cuya actividad se ha visto «relevante» para hacer frente al nuevo coronavirus.

En todo este proceso la fase de ensayos clínicos es fundamental, y en este punto España y Noruega anunciaron la pasada semana que inscriben a los primeros pacientes en el ensayo clínico ‘Solidarity Trial’ de la OMS, en el que se comparará la seguridad y la eficacia de cuatro medicamentos, o combinaciones de fármacos diferentes, contra el nuevo coronavirus.

Un ensayo «histórico» porque va a reducir «drásticamente» el tiempo necesario para generar evidencia sobre qué fármaco es el más eficaz, señala el organismo; que añade que 45 países están contribuyendo en este trabajo y que otros ya han mostrado su interés en participar en el mismo. La OMS pide también a los países a que se abstengan de usar terapias que no han demostrado ser efectivas en el tratamiento del Covid-19, recordando que la historia de la Medicina está repleta de ejemplos de fármacos que funcionaron en un tubo de ensayo pero no en personas o que, en realidad, eran dañinos.

En este camino, entre la urgencia y la necesaria prudencia, avanza la investigación científica, presionada por una crisis sanitaria sin precedentes históricos que tiene confinada a casi la mitad de la población mundial, y que sin haber llegado al momento álgido de su expansión ha provocado ya casi 35.000 muertes y ha contagiado a más de 720.000 personas.

«Las compañías biofarmacéuticas han movilizado a sus investigadores y revisado sus prioridades para liberar a sus equipos y dejarlos trabajar en el Covid-19. Los expertos coinciden en que será necesario aprender a vivir con este virus y que no está listo para desaparecer en el corto plazo. Por eso es esencial trabajar en el desarrollo de una vacuna. Afortunadamente, no estamos comenzando desde cero. Normalmente, el proceso para desarrollar una vacuna desde cero puede llevar diez años, incluso más, pero gracias a una colaboración sin precedentes entre actores privados y públicos, los plazos se reducirán», señala el director general de la Federación Internacional de la Industria Farmacéutica, Thomas Cueni

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