miércoles. 06.07.2022
El proyecto de los últimos años en Azucarera

Logística de precisión en el azúcar

Sostenibilidad para la rentabilidad. Integrar las necesidades de cuantos intervienen en la logística de Azucarera, desde los agricultores a los transportistas y los consumidores, fue el objetivo del Proyecto Operador Único. Que a través de la economía circular y la digitalización ha transformado la cultura empresarial
La automatización de los procesos ha sido clave para hacerlos más eficientes. DL

La cultura empresarial de Azucarera ha sufrido un profundo cambio en los últimos años, al menos en lo que a logística se refiere. Con la digitalización y la tecnología como herramientas al servicio de una transformación interna que ha tenido como protagonistas a los que están fuera de la compañía. A los agricultores, transportistas, clientes,... «Buscamos cómo hacer que todos ganaran, y fue la forma de ganar nosotros». El beneficio no es sólo económico, también es medioambiental y social. Y supone una clara apuesta por la economía circular. 

El proyecto de estrategia sostenible en la distribución de Azucarera, que tiene una especial trascendencia en la economía leonesa y de la Comunidad, ha sido galardonado por el Centro Español de Logística con un Premio a la Excelencia que «supone un aliciente para seguir avanzando en este camino, en el que llevamos ya varios años volcados». Lo explica Javier Bartrina, director de Estrategia Logística de la compañía. Que destaca el «sentimiento de cultura colaborativa. No estamos solos, somos parte de un conjunto que necesita cooperación no sólo interna en la empresa, sino con todos los elementos que intervienen en el proceso. Esta cultura de la colaboración está ya introducida en nuestro ADN, entre nosotros y los agricultores, transportistas, comunidades, gobiernos, clientes,...».

Un modelo de logística de precisión que ha supuesto toda una revolución en cadena: desde la atención a las necesidades de los agricultores, con lo que supone de atención a un mundo rural cuya economía es fundamental para asentar población; al transporte en todas sus fases, con la vista puesta en las necesidades de las empresas del sector pero también en la necesidad de invertir en procesos más sostenibles medioambientalmente. Y en un ahorro de costes que tiene que ser objetivo prioritario: «La sostenibilidad en todos los ámbitos pasa por la rentabilidad empresarial». Sin perder tampoco de vista los retos del futuro, y la I+D+i para seguir avanzando en cada uno de los elementos que forman parte de una compleja logística que comienza en el campo, en los cultivos, y tiene como objetivo final tanto las necesidades de clientes industriales como de los supermercados y los hogares.

Si queremos ser sostenibles tenemos que ser rentables en todas las partes que intervienen en el proceso logístico

«La logística de precisión de Azucarera tiene en cuenta en una primera fase garantizar la disponibilidad de vehículos en una compleja red de abastecimiento que abarca miles de fincas, con miles y miles de viajes concentrados en el corto espacio de tiempo de la campaña de recogida. Las fábricas trabajan ahí 24 horas al día, y hay que organizar tanto la recogida como el traslado de forma ordenada, para que no se produzcan largas colas», explica Bartrina. «Si se añade el objetivo de que a cada agricultor se le recoja la remolacha en el momento óptimo, la organización se complica aún más».

El responsable de Logística de Azucarera explica que en los últimos años la actividad de la empresa en este departamento se organiza «en torno a tres pilares fundamentales: la contribución al desarrollo rural, el uso eficiente de los recuros (especialmente la energía y el agua) y la colaboración para el bienestar de las comunidades. Detrás de cada uno de estos pilares hay acciones que se articulan sobre los objetivos de sostenibilidad que la estrategia de la Unión Europea marca para las empresas. Desde la igualdad a la lucha contra la pobreza, del cambio climático a la eficiencia de los procesos,...».

El proyecto de operador único aborda en principio la acción por el clima a través de la reducción de emisiones de CO2. «Todo ello integrado en un modelo de economía circular que aboga por el máximo aprovechamiento, reutilizar, renovar, reducir y reciclar. Esa es la visión estratégica que estamos desarrollando».

En el conjunto de la organización empresarial esta apuesta ha supuesto dar mayor importancia a la logística, y buscar la transformación a través de la cadena de suministros. «De aportar valor al agricultor, al transportista, al cliente,... E implicar en ello a todas las partes de la compañía».

El proceso de mejora tiene un impacto directo en economías como la leonesa, en la que la actividad relacionada con azucarera sigue siendo muy importante

El proceso de transformación en Azucarera comenzó hace ya unos años con lo que se denominó ‘logística 4.0’: objetivo cero papeles. «Tradicionalmente el transporte iba acompañado de una gran cantidad de documentación que transportaban los camiones, trayectos, analíticas, identificación,... Conseguimos que desde que un camión entra en nuestras instalaciones hasta que sale tenga la mínima interacción con personas, que los mensajes se intercambien telemáticamente y los procesos se gestionen de forma automática. Eso agiliza enormemente los procesos,, y permite también a cada cliente saber en qué punto está su pedido, y cómo y cuándo lo va a recibir. La eficiencia se dispara».

Javier Bartrina hace hincapié en que todos los procesos adoptados «son buenos para la sociedad en su conjunto. Especialmente en zonas como Castilla y León, donde se desarrolla la mayor parte de la actividad de la compañía. La importancia de la remolacha y todo su proceso es básica para contribuir al mantenimiento de la actividad rural, al asentamiento de la población a través de la dinamización de la economía. Y eso se traduce en un circuito de economía y empleo: pro cada puesto de trabajo en la fábrica azucarera se mantienen otros diez de forma directa o inducida, en el transporte y el resto de los sectores».

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Cambio de cultura

Hacer frente a este proceso ha supuesto «un relevante cambio cultural en la organización. En un sector con fuerte presión normativa a través de los objetivos fijados en el Pacto Verde europeo. Porque la empresa, para seguir trabajando, debe ser sostenible, pero también competitiva. Si queremos ser sostenibles tenemos que hacerlo ganando dinero, y además haciendo que los otros agentes del sistema también lo ganen. Es la única forma de tener un futuro».

En el entorno de los nuevos objetivos europeos para la industria «hay que ser realistas, pero saber también que es, más que nunca, el momento de la acción. Saber qué hacer y cómo, pero no sólo a nivel individual, sino de organización, sectorial,... de la sociedad en su conjunto. La tecnología y los avances en la información están ahí para ayudarnos, para agilizar los procesos; pero no sustituyen nuestro papel como ejecutores de la transformación de la sociedad y la economía en la que vivimos».

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Javier Bartrina, director de Estrategia Logística de Azucarera. DL
 

El proyecto desarrollado por Azucarera que recibió el premio del Centro Español de Logística fue en concreto el desarrollado para la estrategia sostenible en la distribución del azúcar a granel. por «el desarrollo e implantación de un proyecto basado en los principios de economía circular y en la gestión en la eficiencia de los recursos».

La iniciativa, explican desde la compañía, se inició en 2017 para «dar respuesta a un triple desafío: la mejora de la sostenibilidad de la cadena de suministro, garantizar un servicio logístico de excelencia a los clientes y gestionar el convulso mundo del sector de transporte de materias primas alimentarias a granel».

Todo un proceso que se realizó «en el marco de un sector con un amplio impacto económico, social, organizacional y medioambiental». Cada año Azucarera gestiona unos 13.000 viajes sólo de los transportes del azúcar a granel (a los que hay que sumar los que van desde los productores a la fábrica, y el transporte del azúcar envasado). La sincronización del suministro de esta materia prima con los procesos de producción de los clientes (algunos del volumen de Danone, o Coca Cola) se complica porque se produce en «un ámbito geográfico nacional muy atomizado y de competencia feroz de precios».

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Bartrina indica que un primer paso fue «cambiar el modelo de distribución que teníamos en el azúcar a granel. Pretendíamos reducir los costes de transporte, mejorar el servicio, dar una respuesta más ágil,... Y también garantizar la estabilidad, en un momento que era bastante convulso para el sector del transporte, asfixiado por las exigencias de reducción de las emisiones y por los costes que obligaban a la desaparición de muchas empresas».

La realidad era que una mejora en la distribución «pasaba básicamente por sustituir los vehículos, lo que implicaba mayores costes para los transportistas y un incremento de tarifas para nosotros».

Cambiar esta realidad pasaba por asegurar a los transportistas una mayor rentabilidad, «lo que nos llevó a analizar cuáles eran sus necesidades». Azucarera se dio cuenta entonces de que si querían que los transportistas invirtieses en sus flotas ajustando los precios necesitaban a cambio «tiempo y volumen. Es decir, contrato a largo plazo que les permitieran realizar fuertes inversiones que pudieran rentabilizar, y suficiente volumen de viajes como para establecer estrategias de racionalización de los viajes. Y nuevas flotas implican menos emisiones».

Al tomar la iniciativa en este primer aspecto (garantizar trabajo a largo plazo como para que las empresas se arriesgaran a realizar fuertes inversiones) se llegó a una siguiente fase: la necesidad de integrar los sistemas informáticos de todas las partes que intervienen en la logística. «Ellos tuvieron que invertir además en software, mecanismos de geolocalización de los vehículos, comunicaciones,... Y nosotros también, para estar permanentemente comunicados con ellos y establecer una automatización de los procesos».

Este cambio, que se ha traducido en una mejora para todas las partes implicadas en el proceso logístico del azúcar, partió de «cambiar nuestra forma de pensar: no sólo qué necesitábamos nosotros, sino qué necesitaban los que trabajan con nosotros. Y, a través de ello, ajustar las tarifas para que todas las partes puedan salir beneficiadas».

El proceso de tranformación y mejora se centra ahora en procesos de I+D, por ejemplo en el desarrollo de cisternas «más eficientes para el transporte del azúcar»; y también en «la renovación continua de las cabezas de los camiones, de forma que la reducción de emisiones sea constante».

Un paso de cara al futuro será optar por combustibles como el hidrógeno verde, aunque «este tema es aún muy incipiente, sobre todo en lo que se refiere al transporte pesado. Pero es algo de lo que tenemos que estar pendientes».

El caso es que sólo en el transporte del azúcar a granel, en el primer año de implantación del nuevo sistema (que fue en 2019), la compañía logró un ahorro de costes del 6,7%, «además de una reducción muy importante en las reclamaciones por parte de los clientes sobre los fallos en las entregas». En ese primer ejercicio se logró ya una importante renovación de la flota, así como la automatización y la digitalización de los procesos logísticos. Una mejora que se mantuvo también en los resultados del último ejercicio, el de 2020.

«La apuesta por el desarrollo sostenible de la distribución del azúcar es una propuesta a largo plazo, con un compromiso inicial hasta 2023, pero que pretende seguir mejorando. Y se basa en un modelo colaborativo con los operadores para avanzar en los retos que se nos plantean en el nuevo escenario de sostenibilidad».

Logística de precisión en el azúcar
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