martes 14.07.2020
Vinos vivos y envejecidos

Longverdejo busca la diferenciación

El Instituto de la Viña y el Vino de la Universidad de León participa con la cooperativa Cuatro Rayas en un ambicioso proyecto para elaborar con verdejo vinos diferenciados y que envejezcan con calidad. La investigación abarca desde el suelo a las levaduras
Cristina Mendaña, José Martín del Campo, Lorena Díez y Enrique Garzón, en la sede del Instituto de Investigación de la Viña y el Vino de la Universidad de León. RAMIRO
Cristina Mendaña, José Martín del Campo, Lorena Díez y Enrique Garzón, en la sede del Instituto de Investigación de la Viña y el Vino de la Universidad de León. RAMIRO

Gestión del suelo, manejo del viñedo y arqueoenología son los tres ámbitos que abarca la investigación que llevan a cabo el Instituto de Investigación de la Viña y el Vino (el único universitario del sector en el país) de la Universidad de León y la cooperativa de Rueda Cuatro Rayas. Longverdejo investiga la longevidad de la variedad verdejo con la cofinanciación del Centro de Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) y fondos Feder, y un presupuesto de 599.000 euros en tres años. Se inició en septiembre y concluirá, al menos en esta primera parte, en agosto de 2022.

El proyecto de I+D analiza la capacidad de envejecimiento de los vinos blancos de la variedad verdejo, y para ello desarrolla una serie de actuaciones que van desde el análisis del suelo (que lidera el instituto que dirige Enrique Garzón) a la aportación de nutrientes (con un desarrollo de la empresa Agroquimes) y la selección de levaduras autóctonas, según explica José Martín del Campo, director del Departamento Técnico de Viñedo de la bodega. El objetivo es aumentar la vida útil de estos vinos y destinarlos también a crianza, aunque la investigación abarca muchos más aspectos del trabajo en los viñedos y las bodegas.

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Martín destaca que el potencial de la variedad verdejo es «enorme, una materia prima tan importante como el suelo donde se asienta, y las labores culturales que se realizan, a través de la filosofía con la que se trabaja a nivel ecológico y orgánico». De hecho, la primera fase del proyecto se ha centrado en identificar las características físico-químicas y biológicas de una selección de suelos en los que se ha aplicado un abonado orgánico desarrollado a través de una colaboración anterior del Instituto de la Viña y el Vino con la empresa Agroquimes.

Mejora desde el suelo hasta la bodega

«Al viñedo hay que darle lo justo, no necesita gran cantidad de aportes, que a menudo lo que hacen es causar problemas. Pero con el desarrollo de Agroquimes hemos buscado una mezcla de compuestos naturales que den a los suelos unas características que pensamos que son óptimas para obtener vinos de calidad. Y esas son las pruebas que estamos haciendo, después de realizar un mapeo de suelos para seleccionar la parte más representativa de cada zona de la cooperativa», destaca Garzón.

Que indica que además se ha iniciado ya la identificación de las levaduras autóctonas. «Identificamos tres bodegas de verdejo que nunca han utilizado levaduras comerciales, cogimos muestras, aislamos las que había y en el primer año ya identificamos 50 tipos diferentes. Ahora hay que repetir el proceso, no todas son válidas. Y realizar microvinificaciones, para analizar los resultados».

Microvinificaciones a la escala de la bodega Cuatro Rayas, una de las más grandes de la Comunidad y la más grande de la DO Rueda. «Somos una cooperativa fundada en 1935, tenemos 2.500 hectáreas de viñedo y estamos formados por 300 familias. Contamos también con 82 empleados, y embotellamos prácticamente todo el producto que sale de la uva», destaca Martín del Campo. Recepcionan unos 17 millones de kilos de uva por cosecha.

«Nuestra gama de productos es muy amplia, y los ensayos que estamos haciendo buscan no sólo investigar el potencial de envejecimiento de la variedad, sino la diferenciación de nuestro producto. Al final los vinos de Rueda se conocen sobre todo por una buena relación calidad-precio, pero nosotros no queremos que se nos conozca como un vino genérico, sino que perseguimos un carácter muy específico».

Para ello prestan especial atención tanto a las fincas como al ciclo vegetativo, el climático, la elaboración,...

INVESTIGACIÓN EN PLENO DESARROLLO

Actualmente la investigación está en pleno desarrollo. «Vamos a hacer una segunda microvinificación, estamos esperando una prensa más pequeña (de 7 millones de kilos) para llevar a cabo estas pruebas, y hacer ensayos en depósitos más pequeños. Somos una empresa puntera a nivel internacional en el sector, y también tenemos gran interés por mejorar el trabajo en el campo. Ahí es donde Enrique Garzón hace un gran trabajo, es una de las personas que más sabe de suelo de viñedos», destaca el director técnico de la cooperativa.

En este sentido, las pruebas están realizándose con nuevos métodos de fertilización con sulfatos de hierro en combinación con turba y leonarditas; desarrollados con Agroquimes, según explica Lorena Díez, ingeniero agrónomo y técnico de esta empresa. Además se emplean técnicas de manejo de planta para aumentar la acidez de los mostos, así como nuevos métodos de control fitosanitario de carácter ecológico. «Al final se trata de lograr el equilibrio composicional adecuado en los mostos para elaborar vinos blancos más longevos».

Garzón señala que el «concepto de vida útil del vino es complejo, pero puede entenderse como el tiempo durante el cual mantiene sus características organolépticas iniciales, y es apto para comercializarse». Y recuerda que los vinos blancos tienen menor capacidad de evolucionar en la botella que los tintos. Con todo, a pesar de que «la variedad verdejo, el vino blanco más demandado en España, tiene un consumo sobre todo anual, reúne las características ideales para elaborar vinos blancos envejecidos y vinos jóvenes con mayor vida útil», señala el profesor de la Universidad de León.

En todo caso, recuerda que «en el campo siempre hay muchas dudas sobre los factores que realmente influyen en los resultados de las pruebas, por eso la investigación requiere mucho tiempo y pruebas.

"Lo que busca el proyecto es diferenciar el producto del verdejo"

Martín del Campo señala que lo que se busca con el proyecto es «diferenciar el producto del verdejo, en función del suelo, de los abonados para desbloquear los nutrientes que ya están ahí,... La vid es muy agradecida, pero hay que buscar un viñedo equilibrado, y a eso queremos contribuir. Mimar el producto desde el suelo hasta la bodega para cuando llegue a la copa sea un producto diferencial».

Para ello al instituto y al proyecto se ha incorporado también Cristina Mendaña, profesora del Departamento de Economía de Dirección y Economía de las Empresas de la Universidad de León. «Nuestra actividad es muy transversal, buscamos a ver en qué podemos colaborar. Nuestra aportación vendrá de dos canales: por un lado el análisis de datos, y por otro del marketing, para apoyar la comercialización y la diferenciación. Queremos que el instituto también cuente con estas aportaciones».

El profesor Garzón resume el momento actual de la investigación: «El proyecto es a tres años, y ahora estamos avanzando primero en establecer cuál es la mejor actuación en el campo, cómo se comporta la planta y qué calidad de uva nos da. A partir de ahí hay que ver qué elaboración es la mejor para la evolución del producto, e identificar las levaduras autóctonas para extraer el máximo potencial de la variedad verdejo». Martín del Campo incide en que este proceso «viene determinado desde el invierno, no desde la vendimia. Se va preparando durante todo el año y hay que hacer un seguimiento. Ahora haremos muchas pruebas con testigos, para ver cómo se comportan y compararlos con otros productos. Nos hemos juntado potenciales muy fuertes en esta investigación».

Longverdejo busca la diferenciación
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