martes 29/9/20

OBJETIVO: SALVAR AL LUCIO

OPERACIÓN PIONERA. Un pez con la mandíbula rota, una camilla especializada con agua y un sistema de bombeo que permitiera realizar una intervención quirúrgica fuera del agua. Todo un equipo de veterinarios volcados en ello
Carlos Vicente, conservador del acuario de Zaragoza, posa en la zona de cuarentena del recinto. javier cebollada
Carlos Vicente, conservador del acuario de Zaragoza, posa en la zona de cuarentena del recinto. javier cebollada

Un equipo veterinarios del Acuario de Zaragoza ha practicado con éxito una pionera operación quirúrgica para salvar la vida de un lucio, al que mantuvieron durante más de 25 minutos fuera del agua para repararle una fractura en la mandíbula que le impedía alimentarse.

Para lograrlo, tuvieron que diseñar una camilla especializada que mantuviera hidratado al pez en todo momento, así como un sistema de bombeo de agua que le proporcionara oxigeno mientras permanecía anestesiado.

«En España no se había hecho nunca», ha explicado a Efe Carlos Vicente, el conservador del Acuario de Zaragoza, quien se ha encargado de coordinar una intervención en la que han participado casi una decena de personas.

Después de reparar la fractura, los veterinarios mantuvieron durante varias semanas al ejemplar en una cuba oscura para evitar que se estresara y para poder controlar su estado de salud, ya que es muy difícil evitar que una herida no se infecte dentro del agua.

La complicación de la intervención radicaba además en mantener con vida al ejemplar en la mesa de operaciones, introduciendo oxigeno a través de las branquias de su sistema respiratorio y evitando que sus escamas se secasen.

«Si se movía la manguera o el pez, corríamos riesgo, ya que el flujo de agua tenía que ser continuo en todo momento», ha explicado Vicente, quien seleccionó a dos profesionales para controlar ese proceso en la sala de operaciones.

«Es rarísimo que salga bien», ha reconocido Vicente, quien ha celebrado que, después de varias semanas de recuperación, el lucio haya podido integrarse de nuevo en el tanque de 25.000 litros de agua donde habitaba.

Los veterinarios decidieron practicarle la operación después de que el ejemplar se diera un golpe en la cabeza que le fracturó el maxilar superior de la mandíbula, lo que impedía que pudiera articular la boca para comer.

«Al pez le ha cambiado la vida porque un golpe así en libertad habría supuesto su sentencia», ha relatado el conservador del Acuario de Zaragoza.

Tras anestesiarle, los veterinarios tuvieron que taladrar el hueso de la mandíbula y unir los fragmentos con un cable especial que ha devuelto la movilidad a la articulación, a pesar de que sigue luciendo un llamativo agujero.

Aunque la operación tenía una alta complejidad, el equipo de veterinarios decidió practicarla porque el ejemplar, de apenas cuatro kilogramos de peso, todavía tenía una larga esperanza de vida, en la que podrá alcanzar un peso de cerca de 12 kilos.

Más allá de la intervención quirúrgica, el equipo de veterinarios trabaja actualmente en la redacción de dos artículos de investigación, en los que quieren documentar tanto la fase de la anestesia como el procedimiento de la operación para plasmarlos en revistas de divulgación científica.

«La operación tiene una trascendencia mucho más allá de este pez», ha admitido Vicente.

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