sábado 21/5/22

Los apoyos de Vladímir Putin cobran protagonismo en Europa. Tras las elecciones presidenciales de Hungría y Serbia han salido victoriosos el líder nacionalista Victor Orbán y el progresista Alexander Vucic, ambos con sendas relaciones con Moscú. No obstante, durante sus campañas respectivas estas dos figuras políticas han maniobrado con cautela su respuesta a la invasión de Ucrania.

Ahora, una vez celebrados los comicios y viendo los resultados que los posicionan al mando de ambos países europeos, la cercanía con su homólogo ruso se ha restablecido. Fue el mismo Putin el que ha felicitado la victoria de sus dos aliados. A Orbán le deseó en un comunicado «desarrollar aún más la relación bilateral» en aras del interés de Rusia y Hungría, a pesar de «la compleja situación internacional». A Vucic le mandó un telegrama en el que señalaba que «sus acciones como jefe de Estado seguirán favoreciendo un refuerzo de la cooperación estratégica que existe entre nuestros países». Su victoria, consideró el jefe del Kremlin, revela un «gran apoyo» de los serbios a su política, que apunta a resolver los problemas «socioeconómicos actuales» y llevar a cabo una «política exterior independiente».

El derechista húngaro, que alcanzó un 53% de los votos frente al 35% del bloque de izquierdas, logrando su cuarta victoria consecutiva al frente del país y convirtiéndose así en el actual gobernante más longevo de Europa, tiene un fuerte vínculo con Moscú y en el último mes se ha mantenido fuera del conflicto ucraniano. Durante su campaña respaldó la adopción de la Unión Europea de varios paquetes de sanciones contra Rusia como represalia por la invasión. No obstante, se opuso firmemente a cualquier medida que pudiera afectar al suministro energético. También descartó enviar armas a Ucrania y calificó a Zelenski como uno de sus «adversarios».

Lanzó, asimismo, un duro mensaje contra el Ejecutivo europeo, a cuyos miembros denominó «burócratas de Bruselas». La Comisión Europea, por su parte, evitó comentar el triunfo electoral de Orbán tras una campaña cargada de ataques contra la entidad. Aunque sí mostró de nuevo su respaldo al pueblo ucraniano.

Al principio, la campaña electoral de Vucic iba a centrarse en el medioambiente, la corrupción y los derechos, pero sacó provecho de la guerra del Este, presentándose como el único capaz de timonear el país en medio de la tormenta. Su nuevo eslogan fue ‘Paz. Estabilidad. Vucic’. Los resultados fueron de lo más favorable. Logró un 60% del sufragio, todo un récord en los últimos diez años, frente al 17,6% que consiguió la oposición. Desde el inicio de la ofensiva rusa en Ucrania, el Gobierno de Vucic condenó oficialmente a Moscú ante la ONU, aunque se abstuvo de aplicar cualquier sanción hacia el Kremlin. El país balcánico es tradicionalmente cercano a Rusia. De hecho, muchos serbios apoyan la política de Putin y se manifiestan a favor de la invasión.

Nada más comenzar su nuevo mandato, Orbán promovió un referéndum para limitar la difusión de contenidos LGTBI, que se saldó con un respaldo abrumador de casi el 90% a favor. Sin embargo, con un 44%, no se logró el mínimo de participación suficiente para ser considerado válido.

Dos aliados de Putin se alzan con el poder en Hungría y Serbia