sábado. 28.01.2023

Las armas ocultas de Merkel triunfan en la escena mundial

Los que denostaban a la canciller se quitan ahora el sombrero ante el talento mediador y su olfato ante líderes consolidados como Bush, Putin, Blair o Chirac
¿Quién lo hubiera dicho? Todos aquellos calificativos que durante la campaña electoral sirvieron para denostar a Ángela Merkel, ahora parecen olvidados o se han vuelto incluso en fieles aliados. Y es que está demostrando, dos meses después de haber asumido las riendas del poder en Alemania, que a veces renta más un pragmatismo comedido que una amistad como la que cultivó su predecesor Schröder con sus «colegas» Chirac o, sobre todo, Putin. La nueva canciller de Alemania seguramente no contaba con ser celebrada como la «heroína de Bruselas», después de que en la cumbre presupuestaria del pasado mes de diciembre, hiciera valer sus dotes negociadoras para fungir de puente entre Tony Blair y Jacques Chirac y alcanzar así un acuerdo en el último minuto. La prensa europea se quitaba el sombrero ante el talento mediador y la franqueza de esta mujer de 51 años, patosa en sus ademanes, pero con olfato para encontrar soluciones políticas a medio y largo plazo. El haber crecido en la Alemania comunista, como hija de un párroco protestante, en un ambiente anticlerical mucho tiene que ver con sus «talentos ocultos». Para hacer carrera académica tenía que sopesar el discurso político. Por eso, eligió unos estudios científicos, en los que no pudiera «cometer errores». Algo que le facilitó entrar por la puerta trasera en la política, con la caída del Muro, cuando el terreno estaba abonado para los experimentos políticos. Su mentor, Helmut Kohl, supo aprovecharse de esta mujer inteligente, ambiciosa y con una enorme capacidad de trabajo. Era el momento de elegir a una mujer para un ministerio de segunda fila, como lo era el de Medio Ambiente. Su pasado comunista le ha valido la admiración de George Bush. Pero también en su corta visita a Moscú, donde cerró su gira oficial de presentación como la nueva mandataria de Alemania, se escucharon comentarios como «nos entiende mejor que otros políticos occidentales porque viene del Este». Con sus primeros pinitos en política internacional Merkel ha demostrado que no está dispuesta a rendir pleitesía a Washington, a pesar de que pretende mejorar las relaciones transatlánticas, después del varapalo que sufrieron bajo el mandato de Gerhard Schröder con su «no a la guerra de Irak». Respeto internacional Entre las promesas de Merkel estaba el impulsar las relaciones bilaterales con el aliado norteamericano. Lo ha hecho, pero sin «traicionar» a Europa con una postura demasiado sumisa. Con su demanda de cerrar la prisión de Guantánamo, Merkel ha transmitido el pensar de la mayoría de los gobiernos europeos, que sin embargo no se habían atrevido a hacer llegar sus críticas a Bush. Ya sea el cierre de Guantánamo o el respeto a los derechos humanos en Chechenia, en ambos casos Merkel cuenta con el respaldo de la opinión pública alemana y europea. Su mandato no ha hecho más que empezar, pero su estrategia parece estar dando resultado. Con sus críticas concretas y su lenguaje claro, se está granjeando el respeto internacional.

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