martes. 09.08.2022

El asesino de Abe lo mató por su vinculación con sectas japonesas

El exprimer ministro tenía contacto estrecho y participaba en eventos junto a su amigo Trump
                      Una persona escribe un mensaje de condolencia. RITCHIE B. TONGO
Una persona escribe un mensaje de condolencia. RITCHIE B. TONGO

No fue por motivos políticos, sino una venganza personal de corte económico con trasfondo religioso. Eso es lo que ha confesado el hombre que mató el viernes a tiros al ex primer ministro de Japón, Shinzo Abe, mientras daba un mitin en la ciudad de Nara. Se despeja así una de las mayores incógnitas de este crimen que ha conmocionado al país nipón y destrozado el mito de su seguridad y tranquilidad.

El agresor, un antiguo militar de 41 años llamado Tetsuya Yamagami, ha contado a la Policía que disparó a Abe porque, a su juicio, apoyaba a un grupo religioso al que su madre donó todo su dinero, según informó la agencia de noticias Kyodo. Enfurecido porque su madre se había quedado en la ruina, al principio planeó atentar contra el líder de dicha organización religiosa, pero finalmente acabó haciéndolo contra Abe, a quien había seguido en varios discursos dentro de la campaña para las elecciones a la Cámara Alta del Parlamento. Su voluntad estaba clara: «Matar a Abe», a quien guardaba un «fuerte resentimiento» por la ruina de su familia.

Aunque la Policía no ha desvelado el nombre de dicho culto religioso, todo apunta a la Iglesia de la Unificación, fundada en 1954 en Corea del Sur por el famoso Reverendo Moon y conocida en todo el mundo por sus bodas multitudinarias. Debido al ferviente anticomunismo de los ‘Moonies’, como son apodados despectivamente sus tres millones de seguidores, Abe tenía un contacto estrecho con dicha organización y hasta participaba en algunos de sus eventos junto a su amigo, el expresidente Trump.

Al parecer, dicha relación se remonta a la época de su abuelo materno Nobusuke Kishi, quien fue primer ministro entre 1957 y 1960 y antes formó parte del Gobierno imperial que entró en la II Guerra Mundial.

Aunque pasó tres años en la cárcel y estuvo a punto de ser juzgado como criminal de guerra de clase A por las atrocidades en el Estado títere de Manchukuo, donde empezó la invasión nipona de China, finalmente Estados Unidos no presentó cargos contra él para que dirigiera la transición a la democracia en Japón. Curiosamente, el abuelo de Abe también sufrió un atentado cuando fue apuñalado en 1960 por un radical de extrema derecha.

Otros medios nipones también apuntan a la Iglesia del Santuario, una secta escindida de la Iglesia de la Unificación. Fundada en Estados Unidos por el hijo del Reverendo Moon, el grupo es conocido por su afición a las armas y hasta participó en el asalto al Capitolio en 2021 apoyando a Trump. Con su corona adornada con balas, el líder de la Iglesia del Santuario, Hyung Jin Moon, se encuentra actualmente de gira por Japón dando conferencias.

Otra casualidad, o no, es que la sede de la Iglesia de la Unificación en Nara está muy cerca de la estación de tren donde fue tiroteado Abe, cuya visita sólo fue anunciada el día de antes. Sin que hayan trascendido más explicaciones, Yamagami ha relatado a los investigadores que supo de su presencia gracias al portal de internet del candidato local del Partido Liberal Democrático (PLD) y fue hasta allí en tren.

Mientras se aclaran todas estas hipótesis, se van conociendo más detalles sobre la vida del agresor, quien parece responder al perfil típico del inadaptado social. Desempleado en la actualidad, Tetsuya Yamagami estuvo trabajando hasta el año pasado en una fábrica de la región industrial de Kansai, donde se enclavan su ciudad, Nara, y también Osaka, Kioto y Kobe. Entre 2002 y 2005 formó parte de las Fuerzas Marítimas de Autodefensa, como se denomina a la Armada nipona, y allí aprendió a usar armas de fuego.

En el registro de su domicilio, la Policía ha encontrado explosivos caseros y armas como la que empleó para disparar a Abe, formada con un gatillo, un detonador y dos cilindros unidos con cinta adhesiva a modo de escopeta de cañones recortados.

Buena prueba de su carácter antisocial es que ya en su libro de graduación escribió que no tenía «ni idea» de lo que iba a hacer en la vida. Paradojas del destino, pasará a la Historia por haber cometido el mayor magnicidio de Japón.

Tras la autopsia efectuada en Nara, el cadáver de Shinzo Abe fue trasladado ayer a su residencia en Tokio. Como ya confirmaron el viernes los médicos que intentaron salvarle la vida al expolítico, falleció por haber perdido mucha sangre debido a las dos heridas de bala sufridas en el cuello y el brazo izquierdo, ya que uno de los proyectiles le alcanzó el corazón.

A la espera del funeral, que tendrá lugar la próxima semana, ayer se celebraron en Japón las elecciones a la Cámara Alta del Parlamento, tal y como estaba previsto. Bajo fuertes medidas de seguridad y la conmoción por el asesinato de Abe —el político nipón más poderoso e influyente del siglo — los comicios se erigirán en la más firme repulsa al atentado. Como señaló el primer ministro Fumio Kishida, Japón demostrará así su voluntad de «proteger la democracia sin ceder a la violencia».

El asesino de Abe lo mató por su vinculación con sectas japonesas
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