jueves 26/5/22
Un niño palestino entre los escombros de su casa destruida en uno de los ataques de Israel contra Gaza. MOHAMMED SABER

La postura más firme de Joe Biden ante Benyamin Netanyahu ya se pudo apreciar el jueves, horas antes de anunciarse el alto el fuego. Los bombardeos se han detenido en la pausa más larga desde que comenzó la operación de castigo que se prolongó durante once días.

Funcionarios de Hamás ya habían señalado también antes del anuncio oficial que se estaba cerca de un alto el fuego. Sin embargo, los informes de los medios israelíes sugieren que el Ejército creía haber cumplido ya sus «objetivos» en gran medida y que esa sería una razón del fin de las hostilidades En cualquier caso, el cese de la ofensiva representa una descompresión para el Gobierno estadounidense, cuyo líder se había colocado en una situación límite por su conservadurismo e inacción inicial y el rechazo posterior de Netanyahu a sus repetidos llamamientos a la paz.

La contundencia final empleada por el inquilino de la Casa Blanca con el primer ministro israelí tras esas negativas ha creado una inusual fisura entre ambos países que señaliza un cambio de rumbo hacia una política más dura con Israel, caracterizada por una menor tolerancia hacia sus acciones en nombre de la defensa propia.

En la cuarta llamada desde que comenzaron las hostilidades, Biden comunicó al primer ministro, de hecho, el giro político de EE UU hacia su país, incluso entre legisladores tradicionalmente incondicionales a Israel: un desafío que parece no haber caído en balde pese a la desconexión que Netanyahu ha mostrado en estos días respecto a la Casa Blanca. Lo mismo sucede con otros actores internacionales, como la ONU, la Unión Europea y un nutrido grupo de países que a lo largo de esta semana habían intensificado sus llamamientos a detener la ofensiva.

A Biden, el fin de los bombardeos le aclara además la tormentosa situación doméstica con su partido. Los demócratas del Congreso, que tradicionalmente han mostrado un inquebrantable apoyo público a Israel, demandan ahora más control sobre el apoyo estadounidense a Tel Aviv, por medio de una reevaluación del respaldo militar y financiero. Los cambios son evidentes no sólo entre la nueva generación de legisladores progresistas sino también, aunque de forma diferente, entre los demócratas centristas y veteranos del Congreso.

Entre los primeros figura la joven Alexandria Ocasio-Cortez, que el miércoles ya exigió el embargo de la venta de armas a Israel, o la congresista palestino-estadounidense Rashida Tlaib, que ha liderado las críticas al Gobierno de Netanyahu resaltando la pérdida de vidas civiles.

Entre los veteranos, el senador Bernie Sanders presentó ayer una resolución ante el Senado para bloquear una venta de armamento prevista a Israel, valorada en 735 millones de dólares (600 millones de euros), puesto que con ello se «está alimentando el conflicto».

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