miércoles 22/9/21

Biden se juega su lugar en la historia tras seis meses de presidencia

El plan de infraestructura es la prueba de fuego para un hombre con 47 años de vida política
El presidente Joe Biden en un discurso. OLIVER CONTRERAS

Aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla, pero Joe Biden la ha protagonizado demasiadas veces como para ignorarla.

Hace ocho años Barak Obama cruzó estelarmente los primeros seis meses de su gobierno con un 59% de aprobación en la encuesta de Gallup, —en comparación al 50% de Biden—. Al mes de llegar había firmado un plan de estímulo económico por 787.000 millones de dólares que permitió relanzar la economía tras la crisis de las hipotecas basura. Su ambiciosa reforma sanitaria avanzaba viento en popa. Y entonces llegó el receso de agosto.

Ese fue el momento en el que el sueño de un país «en el que no se existan demócratas o republicanos, sino los Estados Unidos de América» se le escapó de entre las manos. En las vacaciones de agosto de 2009 los legisladores volvieron a sus respectivo Estados para reconectar con sus votantes en los tradicionales mítines al estilo plaza pública y se encontraron con el Tea Party al micrófono, arremetiendo airadamente contra el gasto público, «la sanidad socialista» y los supuestos «paneles de la muerte», que en las mentes conspiratorias decidirían quién debe vivir o morir, según conviniese al gasto del estado. Para cuando volvieron a Washington, muchos tenían claro que apoyar la reforma sanitaria del presidente, bautizada por el Tea Party como ‘Obamacare’, sería un suicidio político.

En retrospectiva, los que trabajaron con Obama admiten que dejaron pasar su ‘momentum’ embelesados por el espejismo de obtener un acuerdo bipartidista. Biden era parte de ese gobierno. Él mismo dirigía las negociaciones con el Senado, donde la muerte de Ted Kennedy el 25 de agosto de 2009 fue la puntilla final para el ataúd de la reforma sanitaria.

La versión que aprobó el Congreso al año siguiente —sin un solo voto de la oposición— estaba tan edulcorada que se ha demostrado un fiasco.

Este lunes Biden tendrá una nueva oportunidad de salvar esa trampa de la historia. La ley de infraestructuras ‘The American Jobs Plan’ lleva un mes en negociaciones a la espera de su votación en el Senado, donde el voto de calidad de la vicepresidenta podría salvar el empate para aprobarla por mayoría simple mediante el recurso de reconciliación presupuestaria. En un Senado salomónicamente repartido 50-50 entre demócratas y republicanos, el fantasma de Ted Kennedy planea sobre el legado de Biden. Cualquier baja en la bancada de los legisladores demócratas acabaría de golpe con todo lo que el nuevo presidente tenga en la agenda, porque en un país tan polarizado, donde los republicanos trumpistas todavía cuestionan su victoria electoral, sería imposible obtener un acuerdo, mucho menos cuando el partido ni siquiera disponga de la mayoría simple, que solo consiguen con el apoyo de dos independientes progresistas. La espada de Damocles pende sobre Biden y su lugar en la historia en este meridiano crítico de su primer año.

El éxito de su gobierno se medirá por su capacidad para sacar adelante la ley de infraestructura que considera esencial para modernizar al país, y que se enfrentará a un nuevo voto de procedimiento tras haber fallado el amago del miércoles. Los once republicanos que alimentan el sueño bipartidista de Biden aseguran que están cerca de un acuerdo...

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