viernes. 01.07.2022

Biden: «No podemos ilegalizar la tragedia pero podemos hacer EE UU más seguro»

El presidente lanza un alegato contra el ‘lobby’ de las armas y se reúne en Uvalde con las familias de las víctimas
                      Una niña sostiene una vela durante una vigilia en Uvalde. TANNEN MAURY
Una niña sostiene una vela durante una vigilia en Uvalde. TANNEN MAURY

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, aseguró ayer que aunque no se puede «ilegalizar la tragedia», sí que se puede trabajar para hacer que EE UU sea más seguro. Lo dijo horas antes de reunirse en Uvalde, Texas, con las familias de las víctimas del tiroteo que el martes costó la vida de 19 niños y dos maestras.

En un discurso en la Universidad de Delaware, Biden aseguró que el país puede hacer «de una vez por todas» lo que hay que hacer para «proteger las vidas de nuestra gente y de nuestros hijos», en una referencia velada a incrementar el control sobre las armas de fuego, cuya posesión es un derecho constitucional en EE UU.

«Ante una fuerza así de destructiva, debemos permanecer fuertes. Pido a todos los estadounidenses que se den la mano y se dejen oír para hacer que esta nación sea lo que puede y deber ser», apuntó el mandatario.

Después de que el martes Salvador Ramos, de 18 años, entrase en un colegio de Uvalde (Texas) armado con un rifle y matase a 19 niños (la mayoría de 10 años) y a dos maestras, en EE UU ha resurgido con fuerza el debate sobre el control de las armas.

En líneas generales, los políticos demócratas apoyan medidas que restrinjan el acceso a las armas, mientras que los republicanos y el poderoso grupo de presión de la Asociación Nacional de Rifle se oponen a ellas.

También la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, pidió que se prohíban las armas de asalto en el país. Harris hizo un llamamiento en declaraciones a la prensa tras asistir al funeral de una de las víctimas de otro tiroteo mortal, el ocurrido el pasado 14 de mayo en Búfalo (estado de Nueva York) por parte de un supremacista blanco en un supermercado de un área de mayoría negra.

«Sabemos lo que funciona para solucionar esto, y la solución incluye una prohibición de las armas de asalto», indicó la vicepresidenta estadounidense.

Harris apuntó que las armas de asalto fueron diseñadas para matar de manera muy rápida a muchos seres humanos y que son armas de guerra «que no tienen lugar entre la sociedad civil».

En Uvalde, Nancy y Art Sutton llevan veintiocho años tomando fotografías de los niños de todas las escuelas de la localidad. Los retratos de los 19 niños asesinados en la masacre del martes están ahora sobre el mostrador de su tienda, listos para que sus familias los recojan.

«Solo quiero bendecirles con fotos», dice Nancy Sutton en la tienda que comparte con su marido en esta localidad del sur de Texas, decorada con fotos de estudiantes con togas y birretes, familias sonrientes y también de un joven que finge disparar un arma de fuego.

Tras el tiroteo en la escuela primaria Robb, el matrimonio se puso a buscar las fotos que tomó a las víctimas del tiroteo al comienzo de cada curso escolar y se puso en contacto con sus familias para que «elijan la que más les guste».

«Así podemos revelar esas fotos a tamaño grande, para que puedan ponerlas en los funerales, o colgarlas para siempre en sus casas», explica la copropietaria de la tienda «Uvalde Photo».

La tragedia del martes ha golpeado duro a esta localidad mayoritariamente hispana de menos de 16.000 habitantes, y muchos negocios se están volcando para ayudar a los familiares de las víctimas.

Dos funerarias de la zona se han ofrecido a organizar sin coste alguno los servicios fúnebres, ya no quedan citas para donar sangre para los 17 heridos, en la plaza central hay comida gratis y un banco local ha establecido un fondo para canalizar los donativos para las familias.

El martes, cuando las autoridades emitieron la alerta de que había un tirador en una escuela, comenzaron «los veinte minutos más largos» de la vida de Ignacio Mata, que tiene dos hijos en un instituto local y tardó un tiempo en comprobar que el ataque se estaba produciendo en otro centro.

«Ha sido muy duro. Empezamos a escuchar sirenas hacia las 11:20 u 11:30 y no pararon hasta las 4:30 de la tarde. Me fui a la cama escuchando todavía sirenas en mi cabeza», recuerda.

Mientras, la respuesta policial a la masacre de Uvalde (Texas) ha indignado a familiares como Junior Cazares, cuya prima pequeña Jacklyn murió asesinada mientras los policías esperaban más de una hora fuera del aula donde el atacante se atrincheró.

«Espero que pierdan su licencia», dijo Cazares, que habla delante de las cruces de madera instaladas en la plaza central de Uvalde para recordar a los 19 niños y dos maestras brutalmente asesinados.

La revelación de que la Policía tomó la decisión de no entrar en el aula y esperó a recibir una llave para abrir la puerta, mientras una niña llamaba desesperada a los servicios de emergencia rodeada de sus compañeros muertos, ha conmocionado a la localidad estadounidense.

«No puedo ni imaginarme a esos niños encerrados en esa habitación, sabiendo que había policías ahí fuera. Es asqueroso», aseguró Cazares, de 24 años.

Biden: «No podemos ilegalizar la tragedia pero podemos hacer EE UU más seguro»
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