miércoles. 06.07.2022

Violar el mantra de los marines de no dejar a nadie atrás es el máximo sacrilegio del patriotismo estadounidense. Un puñado de legisladores republicanos que todavía ponen en cuestión la victoria electoral de Joe Biden piden ya su dimisión y amenazan con un ‘impeachment’ imposible. La Casa Blanca, sin embargo, se prepara para terminar la misión de sacar a todos sus ciudadanos sin aeropuerto ni apoyo de tropas.

El presidente está decidido a hacer valer la palabra de EEUU incluso con los talibanes, con los que se comprometió a la retirada total de las tropas para el 31 de agosto.

No hay planes para extender esa fecha, a pesar de que como mínimo requerirá dejar atrás a miles de personas qué trabajaron con EE UU a lo largo de las últimas dos décadas. Otra cosa es olvidarse de sus propios ciudadanos. El Departamento de Estado está en contacto con todos los estadounidenses de los que tiene noticia que se encuentran en Afganistán, según dijo ayer su portavoz Edward Price. Eso ha requerido una campaña masiva de frenéticas llamadas de teléfono, correos electrónicos, mensajes de texto y WhatsApp. El resultado es que al menos 500 estadounidenses que desean regresar a su país seguían ayer en Afganistán. Otras fuentes elevan esa cifra hasta 1.500.

Como mantener a las tropas en el aeropuerto no es una opción, y mucho menos volver a la añorada base de Bagram, el Gobierno de Biden explora otras opciones. Algunas involucran la peligrosa travesía por tierra en autobús hasta las fronteras de Pakistán, Uzbekistán o Tajikistán. Otras implican su rescate a través de gobiernos aliados de la región, como Catar.

Los talibanes querrán negociar esta evacuación residual, que en teoría también incluye al personal local que trabajó con la embajada, porque son «esenciales» para su funcionamiento en cualquier parte del mundo. Países como Holanda y Reino Unido evacuaron a los suyos sin dar aviso al personal local, que se encontró con las oficinas vacías el sábado 14 de agosto. Pero además, no destruyeron su información, lo que dejó sus nombres a disposición de los talibanes.

Desde esa fecha EE UU ha sacado del país a 105.000 personas, 8.500 de ellas en las 24 horas que siguieron al brutal atentado que sella con sangre la operación. «Ciertamente nuestra expectativa es que los talibanes no harán daño a ningún estadounidense después el 31 de agosto», advirtió la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki.

Biden viola el juramento de los marines de no dejar a nadie atrás