jueves. 09.02.2023

El Partido Comunista ha escuchado las quejas de la sociedad china, pero no tiene mucho que decir al respecto. Las autoridades tomaron ayer la palabra durante una rueda de prensa ordinaria de la Comisión Nacional de Salud, su primera intervención tras las históricas protestas que han llevado a las calles de las principales ciudades del país a cientos de ciudadanos exasperados con la política de covid-cero. Durante el evento, el organismo ofreció su lectura de las demandas populares. «Los problemas denunciados recientemente por el público no están dirigidos contra la prevención y el control de la pandemia en sí, sino que se centran en la simplificación de las medidas frente a acciones generalistas de aplicación arbitraria», defendió el portavoz Cheng Youquan, culpabilizando de manera implícita a la ejecución por parte de los niveles inferiores de la Administración.

La ausencia de un esperado cambio de rumbo en su discurso no satisfizo las exigencias de la población, levantada en desobediencia cívica contra una estrategia sanitaria que desde hace más de dos años y medio asfixia la vida cotidiana en el país, tampoco las del peor rebrote desde el comienzo de la pandemia, que continúa avanzando de manera irremediable.

Con lo contagioso que es el la covid-19, la cuestión no es si te atrapará o no, sino cuándo y cómo. El único remedio es prepararse con una amplia vacunación y un refuerzo del sistema sanitario. Con más o menos éxito, eso es lo que han hecho todos los países para alcanzar la normalidad pero, eso sí, tras pagar un alto precio en vidas durante los últimos dos años y medio.

Eso es precisamente lo que no ha ocurrido en China desde que el estallido de la pandemia en Wuhan fue atajado en abril de 2020, cuando la ciudad fue reabierta tras 76 días de duro confinamiento. Ni China ha sufrido unas tasas de contagios ni mortalidad tan elevadas como el resto del mundo, pues oficialmente solo reconoce un total de 315.000 casos y 5.233 fallecidos, ni se ha preparado para la reapertura.

Ante el virus, su única protección ha sido el aislamiento. Sus fronteras, cerradas desde marzo de 2020, solo se abrieron en verano para los visados de negocios y estudios, pero con cuarentenas al llegar que han pasado de 21 a ocho días. De igual modo, dentro del país las autoridades lo han fiado todo a la prevención y no a la mitigación.

Junto a las pruebas, por todo el país se han construido gigantescos campos de aislamiento para encerrar a los infectados y a sus contactos en alienantes contenedores modulares. Con una capacidad estimada para 90.000 personas, el mayor de todos ellos se levanta en la sureña ciudad industrial de Cantón (Guangzhou), que sufre uno de los mayores brotes y donde las autoridades están habilitando hospitales de campaña con 250.000 camas.

China defiende su plan de covid-cero: dos años perdidos en pruebas y campos de aislamiento
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