miércoles. 06.07.2022

Cincuenta senadores republicanos impiden a EE UU salir del terror del ‘lobby’ de las armas

El país se debate entre el culto a las pistolas y el hastío por la escalada de la violencia y los asesinatos de masas
                      Cruces en la plaza central de Uvalde en memoria de los 19 niños y dos profesores asesinadas. LUCÍA LEAL
Cruces en la plaza central de Uvalde en memoria de los 19 niños y dos profesores asesinadas. LUCÍA LEAL

La idea de diecinueve escolares y dos maestras atrapados indefensos en un aula de la escuela primaria de Uvalde (Texas) junto a su ejecutor, un joven de su propia comunidad algunos años mayor, con tiempo para cambiar los cartuchos de munición, impasible a los gritos de terror a su alrededor, resulta incomprensible. A los detalles escalofriantes de la tragedia le siguen el habitual desfile de vigilias, minutos de silencio y funerales, padres de víctimas de pasados tiroteos escolares traumatizados, periodistas y figuras públicas conmocionados, las declaraciones del presidente, el arduo debate sobre las armas, y el familiar intercambio público de acusaciones y excusas políticas.

La similitud de los tiroteos violentos en los centros escolares revela siempre un mismo factor recurrente: cómo llegan dos armas de asalto a las manos de un chico con los 18 recién cumplidos en un país donde comprar una simple cerveza solo es posible a partir de los 21 años. La respuesta a esta pregunta —el fácil acceso a las armas— no es un enigma, pero la imposibilidad de cambiar las leyes va más allá del constreñido espacio político. El apego a las armas es parte del cordón umbilical cultural e histórico que conecta la identidad nacional con su origen como Estado.

La sociedad civil, agotada emocionalmente, permanece rehén del poder político de los intereses de los fabricantes de armas. Un hartazgo social perfectamente plasmado en la absoluta franqueza del entrenador de los Warriors de la NBA, Steve Kerr, cuyo equipo jugaba en Texas el día del tiroteo, a unos kilómetros de la tragedia de Uvalde. Durante la rueda de prensa, Kerr se negó a hablar del partido y gritó exasperado con un puñetazo en la mesa: «¿Cuando vamos a hacer algo? ¡Es patético!».

En realidad, cincuenta miembros republicanos del Senado impiden implacablemente al país salir del terror doméstico que, más o menos cada semana, las armas en manos de individuos inestables infligen sobre la población. Desde hace dos años bloquean una legislación básica aprobada por la Cámara baja sobre la revisión de antecedentes penales para la compra de armas. Los responsables del bloqueo, en línea con el todopoderoso ‘lobby’ de las armas, la Asociación Nacional del Rifle (NRA), ofrecen con cada asesinato múltiple pésames y plegarias, pero la voluntad del 90% de los estadounidenses pasa por establecer controles como requisito básico para la adquisición de armas.

En respuesta a matanzas como la de Uvalde se aducen justificaciones como la presunta inestabilidad mental de los violentos o el derecho a la defensa personal como argumento para que cualquier postadolescente pueda portar una pistola. Y se ofrecen soluciones que solo añaden más armas, no menos: armar a los profesores, armar a todo el mundo, como quedó patente en la noche del viernes durante la apertura de la convención de la NRA en Houston con Donald Trump como principal ponente.

Estados Unidos se erige como el país con la mayor cantidad de armas per cápita del mundo. Las cifras hablan por sí mismas. Existen más de 400 millones de pistolas, rifles o fusiles de guerra en manos de la Policía, el Ejército y los civiles, que manejan la mayoría: 393 millones. Es decir, hay 120 armas de fuego por cada 100 ciudadanos, aunque esto es un promedio. Porque la realidad indica que la mitad de todas ellas (unos 200 millones) las tiene el 3% de la población, quienes cuentan con un verdadero arsenal en su propiedad. El perfil tipo de ciudadano armado estadounidense es el que tiene cinco pistolas o escopetas en su casa. Apenas el 22% de los propietarios solo dispone de un arma.

Con todo este armamento se producen 100.000 muertes al año en el país, incluidos homicidios, suicidios y accidentes. Después de la masacre de Uvalde, los expertos y los medios de comunicación debatían hoy si empieza a ser conveniente mostrar las imágenes de las víctimas; una exposición que contraviene la intimidad y la sensibilidad, pero que muchos consideran que fomentaría la concienciación contra las armas. Los forenses han debido utilizar las técnicas de ADN para identificar a bastantes de los 19 niños asesinados por Salvador Ramos en Uvalde debido a la destrucción producida por las balas en sus cuerpos. Dantesco.

La cuestión es que el culto a las armas, un derecho garantizado constitucionalmente, es una característica cultural y política única de Estados Unidos, profundamente imbuida en la identidad del país, que lo singulariza del resto del mundo. En la América armada, revólveres y rifles están por todas partes. De fácil acceso, se pueden adquirir en establecimientos populares como Walmart, mercadillos de fines de semana, por correo o en plataformas digitales. Y también en un mercado negro muy fructífero.

Muchas son adquiridas de forma legal por personas responsables, y otras caen en manos de postadolescentes, ciudadanos con antecedentes penales y, directamente, psicópatas con intenciones letales. Son éstos los que en numerosas ocasiones entran en un comercio, un bar o un supermercado y disparan indiscriminadamente contra quienes tienen delante.

Cincuenta senadores republicanos impiden a EE UU salir del terror del ‘lobby’ de las armas
Comentarios