viernes. 07.10.2022

Los altercados no sólo revelan el hastío por los profundos problemas sociales y económicos, sino la efectividad de la delincuencia organizada en Sudáfruica.

No echen la culpa a Jacob Zuma. No, seguro que muchos ciudadanos de etnia zulú han sufrido como un escarnio la entrada en prisión del expresidente, pero de ahí a incendiar centros comerciales hay un largo trecho. Quizás a la hora de explicar los disturbios en Sudáfrica habría que apuntar no al estrafalario dirigente, sino al comedido Corrado Gini. Este estadístico italiano elaboró un coeficiente para medir la desigualdad de ingresos en un país, útil herramienta para desvelar los abismos que existen en cada comunidad

Los medios de comunicación han aludido a las enormes diferencias de renta para explicar una ola de saqueos y destrucción que se ha cobrado más de 200 muertos en una semana. Pero hay más. La realidad austral es compleja y el estallido responde a problemas socioeconómicos, políticos y de orden público.

Problema estructural

El sistema estaba «en crisis desde hace más de una década», pero se ha agravado con la pandemia

La teoría de la conspiración es el argumento del Gobierno de Cyril Ramaphosa. La idea de un complot resulta conveniente para ocultar la impotencia de un régimen que no puede enfrentarse a retos de envergadura. No, no es Zuma. Es el covid. La pandemia se ha cebado con Sudáfrica, el país más afectado del continente por la enfermedad. Las medidas de confinamiento han golpeado brutalmente su economía, con una contracción superior al 50% en la segunda mitad del año 2020. Ahora bien, se trata de impacto coyuntural en un declive estructural. El modelo económico, basado en la explotación minera y la agricultura de exportación, se hallaba en crisis desde hace más de una década.

El desempleo y la miseria son el fruto de una crisis estructural que su elite dirigente niega.

Los disturbios y saqueos en Sudáfrica se agravan con más de 200 muertos
Comentarios