sábado 18/9/21

El espionaje de Pegasus, un grano de arena en la relación París-Rabat

Muchas de esas escuchas afectaron a periodistas que Marruecos no ha dudado en utilizar
El presidente Emmanuel Macron en un acto con las Fuerzas Armadas. DANIEL COLE

El espionaje telefónico a políticos franceses, incluido el presidente, Emmanuel Macron, revelado por un consorcio de medios y atribuido a Marruecos, emerge como un grano de arena en la engrasada relación diplomática entre París y Rabat, aunque no parece que vaya a tener consecuencias de fondo.

La relación entre ambos países siempre ha sido «simple en la superficie y complicada en la sombra», explica este viernes a Efe la experta en cuestiones mediterráneas en el Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), Dorothée Schmid. Con dos puntos esenciales de tensión: el Sáhara Occidental y la relación con Argelia, con quien Marruecos mantiene una exacerbada competencia por ganarse los favores de Francia.

De puertas para afuera, el Gobierno de París ha elevado el tono para calificar de «muy graves» los hechos, que Francia está analizando para concretar si son ciertos, pero no se ha observado ningún movimiento diplomático de fondo. «La batalla está más en las opiniones públicas que en las cancillerías», explica Schmid, que asegura que Marruecos no está acostumbrado a que la prensa francesa publique escándalos sobre su país, porque sus servicios de información trabajan intensamente para evitarlo.

Muro de contención

En ese mismo sentido iría el hecho de que muchas de esas escuchas afectaron a periodistas y que Marruecos no ha dudado en utilizar todo su arsenal de seguridad para impedir la difusión de algunos reportajes en Francia.

En ese sentido, ver en los medios franceses el «caso Pegasus» constituye una grieta en ese muro de contención muy molesto para Rabat y que explica su reacción de llevar ante los tribunales franceses al consorcio de medios y a Amnistía Internacional.

Pero, al tiempo, las revelaciones de espionaje llegan en un momento en el Marruecos había comenzado a mover sus peones en la espera internacional, espoleado por el reconocimiento de Estados Unidos —bajo el mandato del anterior presidente, Donald Trump— de su soberanía sobre el Sáhara Occidental. «A partir de ese movimiento, Rabat se ha visto envalentonado y no duda en subir el tono, sobre todo con la Unión Europea», señala Schmid, que recuerda los recientes encontronazos con Alemania y con España, siempre con el caso de la excolonia española en el fondo.

En el caso de Francia, las cosas son más complejas, porque existe una fuerte vinculación histórica desde el final del protectorado galo en 1956 y porque las relaciones económicas, diplomáticas y culturales son extremadamente importantes. Francia es el primer inversor exterior en Marruecos, el segundo socio comercial, tras España, además del país que acoge la principal comunicad marroquí en Europa, por lo que mima la relación con ese país que, además, es un socio esencial.

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